No le entregues el lápiz Prólogo
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No le entregues el lápiz

No le entregues el lápiz

Por Karla Negron Flores

© inepub.com

Prólogo

Mi hija tenía un mes de nacida cuando mi cuerpo decidió que ya no podía mantenerme despierta.

No recuerdo el momento exacto en que pasó.Sé lo que me contaron.

Mis ojos estaban abiertos, pero yo no estaba ahí. Mi cuerpo estaba rígido. No respondía. En algún momento alguien tuvo que poner glucosa directamente en mis venas porque mi cerebro ya no tenía suficiente para mantenerme consciente.

Yo acababa de convertirme en mamá.Y pude haber muerto.

Eso suena dramático hasta que tienes diabetes tipo 1. Entonces simplemente suena posible.

Hay algo extraño en convertirte en responsable de mantener vivo a otro ser humano cuando llevas años haciendo un trabajo bastante complicado intentando mantenerte viva tú.

Las personas dicen que cuando tienes un bebé nunca vuelves a dormir igual.

Yo ya sabía lo que era dormir a medias.Dormir esperando una alarma.Dormir preguntándome si mi azúcar estaba bajando.

Despertarme sudando, confundida, con el corazón acelerado.Buscar jugo medio dormida.Mirar una flecha en una pantalla y decidir si puedo cerrar los ojos otra vez.

Pero ahora había una bebé.Mi bebé.

Una persona diminuta que no sabía que su mamá tenía un órgano que había dejado de hacer su trabajo muchos años antes. Ella no sabía qué era insulina. No sabía qué significaban las alarmas. No sabía por qué algunas veces mami necesitaba sentarse en el piso y comer algo inmediatamente.

Ella solamente sabía que yo era mami.Y las mamás, cuando uno es pequeño, parecen inmortales.Yo estaba aprendiendo que no lo era.

La diabetes tipo 1 me ha acompañado durante tantos años que algunas veces olvido lo absurdo que es lo que hacemos.

Las personas comen.Yo calculo.Las personas hacen ejercicio.Yo calculo.Las personas duermen.Yo calculo.

Las personas se enferman, se estresan, tienen su periodo, se enamoran, tienen sexo, trabajan, conducen, viajan, quedan embarazadas, tienen hijos.

Yo hago todas esas cosas.Y calculo.

Porque mi cuerpo dejó de producir una hormona que la mayoría de las personas nunca tendrá que pensar conscientemente en toda su vida.

No existe vacaciones de eso.No existe “hoy no tengo cabeza para diabetes”. Bueno, sí existe.Lo decimos.Lo sentimos.A veces incluso lo hacemos.Pero la diabetes nunca acepta la solicitud.

Ese día, un mes después de haber dado a luz, mi hija necesitaba una mamá.Y la mamá necesitaba glucosa.Esta es la historia de las dos.