No hay invierno sin primavera (Paradise island 3) 59 Anticipación
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Anticipación

FUYU

Despierto con el graznido de las gaviotas la mañana del día de Rakuen.

Un sonido familiar para mí, a pesar de que ya no puedo entender lo que dicen como cuando era un espíritu estacional.

Es temprano. No demasiado, pero suficiente cuando te has acostado a las tres de la mañana por estar de barbacoa de otoño con tus hermanos y amigos.

Anoche, por primera vez, colisionaron mis dos mundos, Tokio y Rakuen en un mismo escenario, y me encantó la extraña mezcla que salió de ello.

Por primera vez, me sentí más yo que nunca y eso me hizo estar cómodo.

Durante mucho tiempo, pensé que solo encajaba en un lugar, en Rakuen, al lado de ellos, al lado de Haru.

Después creí que quizás ese lugar estaba en Tokio, con la música y NO/NAME.

Pero ahora entiendo que no se trata de elegir.

Se trata de seguir avanzando y llevar conmigo todo aquello que me hace feliz.

Giro en la cama e intento dormir un poco más porque esta noche es importante y quiero estar al cien por cien, pero mi cabeza está demasiado activa como para volver a caer en los brazos de Morfeo.

Ryota, que duerme en una cama individual a mi lado, vuelve a hablar en sueños por enésima vez y, de nuevo, vuelvo a no tener ni idea de qué dice… Debería haber elegido compartir habitación con Saya en vez de con este mamarracho hiperactivo. Pero me sacrifiqué por el bien de las chicas.

Me vuelvo a girar y, una vez más, mi amigo vuelve a parlotear algo sobre una piña.

Se acabó, esto es una pérdida de tiempo.

Alargo la mano hasta la mesilla de noche y miro la hora en mi móvil. Las ocho de la mañana. Hora perfecta para salir de la cama.

Y eso hago: me levanto, me visto y salgo de la habitación. El bungaló está en silencio, solo se oye el piar de los pájaros y las olas del mar. Dejo a mis compañeros durmiendo y pongo rumbo a mi cafetería de confianza.

Mientras camino hacia allí, me voy fijando en lo bonito que está el pueblo; una vez más, la marca de Haru se nota por todas partes. Sin duda, está hecho para esto; y eso me hace sonreír, porque lo siento cerca, lo siento por todas partes.

Cuando entro al Carpe Diem me sorprende ver allí a Aki porque pensaba que delegaría su turno por la fiesta de anoche, pero me sorprende aún más ver a Natsu sentado en la barra frente a él.

—Buenos días —saludo.

—Buenos días, tempanito. Anda, siéntate aquí. —Da un par de palmadas en el taburete a su lado. Tiene una extraña sonrisa en la cara y unas ojeras que no le había visto ni en su época más dura de discotequero.

Acepto la invitación y me siento a su lado.

—¿Qué hacéis aquí? Creía que estaríais durmiendo.

—Buah, imposible, tío. No he pegado ojo en toda la noche y al final he tirado para acá, necesitaba hablar con alguien —explica Natsu y miro a Aki esperando su respuesta.

—Yo sí podía dormir. De hecho, estaba durmiendo plácidamente junto al amor de mi vida, pero este gato porculero me ha desvelado. —Sonríe de lado—. ¿Lo mismo de siempre? —me pregunta por el desayuno.

—Sí, por favor.

Aki se va a prepararme los huevos revueltos con beicon que siempre pido.

—Pues ya somos tres, yo tampoco podía dormir… Demasiadas cosas en la cabeza. ¿Y a ti qué te pasa? —le pregunto a mi veraniego hermano.

—Se supone que no puedo decirlo, aún es pronto. —Se muerde la sonrisa y empieza a balancearse en el taburete.

La risa de Aki llama mi atención.

—Vamos, díselo ya, lo estás deseando —lo anima y yo vuelvo a mirar a Natsu con curiosidad.

—Bueno, va, te lo digo, pero es un secreto de hermanos, ¿eh? No puedes decir nada.

—Vale. —Asiento y enredo el meñique con el de él en un gesto de promesa.

Entonces se acerca a mí y me dice muy bajito:

—Jacquie está embarazada.

—Joder… —Es lo único que me sale porque no me lo esperaba en absoluto y me cuesta asimilar la noticia.

Aki se ríe mientras me pone delante el plato con mi desayuno.

—¿Solo dices eso?

—Es que es muy fuerte, Nat, ¿qué quieres que diga?

Me quedo mirando el plato, perplejo, tratando de digerir la noticia. Es increíble cómo hemos evolucionado tanto todos en tan poco tiempo. Pero lo que más me sorprende es que, por primera vez, no me siento atrás, siento que voy a la par que ellos. Que también estoy creciendo.

Sonrío y miro a Natsu.

—¿Puedo contárselo a Haru?

—Ya lo sabe, se enteró antes que yo —refunfuña y Aki se vuelve a reír.

—Tiene sentido. —Asiento—. Enhorabuena, Natsu. —Alzo la mano para tocarle la espalda y esta vez no me quedo en un amago, como hacía antes, esta vez hago contacto real y le doy un apretón en el hombro.

Aki nos mira con esa sonrisa que le hace achinar los ojos.

—Creo que convertirnos en humanos fue la mejor decisión que podíamos tomar. Estábamos estancados, la eternidad nos estaba matando. Pero esto… Fíjate, yo tengo una familia, Nat va ser padre por segunda vez y Fuyu no solo tiene un grupo de música, también tiene amigos.

—Y que lo digas, tío. No cambio mi situación actual ni por mil años más de vida solitaria.

Y, aunque no me guste, tengo que darles la razón.

—Estoy de acuerdo. —Los dos me miran sorprendidos—. Me cuesta reconocerlo, pero admito que mi vida también ha mejorado desde que soy humano. Al principio lo pasé mal, pero luego todo cobró sentido. Solo me falta una cosa, pero intentaré solucionarlo esta noche.

—¿Haru? —preguntan al unísono.

Asiento.

—Haru.