No hay invierno sin primavera (Paradise island 3) 56 El ensayo
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56 El ensayo

El ensayo

HARU

Mi idea para festejar el día de Rakuen está saliendo a pedir de boca.

Nada más terminar de hablar con Jacquie, llamé personalmente al alcalde de Paradise Island.

Nos conocemos de toda la vida, así que se puede decir que tengo enchufe.

Le conté mi idea y me dio carta blanca para que me pusiera a organizar el evento.

Lo oí muy emocionado. Incluso me dijo que volviera a la isla, que me contrataría como Director de Eventos Municipales.

Ni siquiera sé si existe ese cargo; creo que lo dijo mitad en broma, mitad en serio, por si colaba.

Y bueno, si alguna vez vuelvo a Rakuen definitivamente, me lo plantearé.

Ahora mismo no está entre mis prioridades a corto plazo.

Lo primero para mí es terminar mis estudios y arreglar mi relación con Fuyu.

Pero desvaríos aparte, también he conseguido que el proyecto de la celebración del día de Rakuen me cuente como ejercicio para la escuela, así que tendré más tiempo para dedicarme a ello sin sentir que estoy desatendiendo mis estudios.

En resumen, ya está todo encaminado, pero falta un pequeño detalle no tan pequeño: el concierto.

Y por eso estoy aquí de nuevo, a las puertas de la escuela Acorde, para proponerles a los chicos de NO/NAME que toquen en mi queridísima Paradise Island.

Respiro con profundidad mientras muevo los hombros para relajarme porque últimamente a mi dolor de estómago se han unido un par de contracturas musculares la mar de molestas.

Pero es que esto es muy importante porque ellos son mi plan A, B y C y me da miedo que rechacen mi propuesta y tener que buscar un plan D.

Y me jodería tener que buscar un plan D, la verdad.

No me motiva nada. Pero no le doy más vueltas, cuanto antes les pregunte, antes acabará la incertidumbre.

Saco mi móvil del bolsillo y llamo a Fuyu.

Según me dijo Natsuki, solo tienen clases por la mañana; las tardes las dedican a ensayar y estudiar.

Y es por la tarde, así que espero pillarlos aquí.

—¿Ha-chan? —La voz grave de Fuyu me burbujea en la barriga y me hace cosquillitas en el culo.

—¡Ho-hola! ¿Estás en la escuela? —me trabo de puros nervios.

—Sí, estoy aquí, ¿por...? ¿Ocu...?

—¡Estoy en la puerta!

Silencio.

Un segundo, dos segundos, tres segundos.

—Ah, ¿en la puerta de mi escuela?

Respiro.

—Sí. —Asiento con la cabeza a pesar de que no me ve. Noto mi cara ardiendo—. ¿Puedes venir, por favor? Me gustaría comentarte algo.

—¿Ha-chan? —Una voz que no pega con esa forma de llamarme me hace voltearme confuso, pero sonrío cuando veo a Ryota tras de mí con algunas latas de bebidas en las manos.

—¡Hola!

—¿Haru? —Fuyu me reclama tras el teléfono.

—Ah, perdón, me he encontrado con Ryota.

—¿Es Fuyu? —pregunta el batería y yo asiento—. Sé dónde está, te llevo con él. Fuyu, yo me ocupo —le dice por último en voz alta a mi teléfono.

Cuelgo y vuelvo a guardar el móvil en el bolsillo.

—¿Te ayudo? —me ofrezco al ver cómo carga con todas las bebidas.

—No te preocupes, siempre me toca a mí ir a por provisiones. Suelo coger el palito más corto, empiezo a pensar que lo tienen amañado.

Aun así, saco una bolsa de mi totebag y meto todo dentro.

—Estás en todo —se ríe—. Vamos, ven conmigo, estamos ensayando.

Lo sigo por los pasillos de la escuela mientras escucho sus muchas teorías de cómo le hacen trampa sus compañeros de grupo.

La verdad es que no le presto demasiada atención.

Me distraigo fijándome en todo mientras me imagino, con una sonrisa en los labios, a Fuyu haciendo vida en este ambiente bohemio.

Se me hace raro, pero a la vez me cuadra mucho con él.

Es como si, poco a poco, fuera encontrando pequeñas piezas de un puzle que forman una imagen más amplia de Fuyu de la que tenía.

Tras unos minutos, llegamos a una sala insonorizada.

Lo sé porque en cuanto Ryota abre la puerta la música se derrama por el pasillo y me envuelve por completo.

Allí dentro están los tres componentes del grupo que faltan, con sus instrumentos colgados al hombro.

Dejan de tocar en cuanto nos ven y mis ojos enseguida buscan a Fuyu.

Me da un microinfarto cuando me sonríe de lado.

¿Esa sonrisa es nueva?

¡Esa sonrisa es nueva! Confirmo.

Es una sonrisa segura, con vibes de hola, guapo, que me encanta. Se la devuelvo y lo saludo agitando la mano como si me faltara riego en el cerebro. Las chicas me dan la bienvenida y yo me apresuro a quitar la cara de bobo que debo de tener y les devuelvo el saludo.

—Ufff, aquí huele ya a humanidad. Le habéis estado dando caña mientras yo iba a por las bebidas, ¿no? —bromea Ryota mientras va lanzando una lata a cada uno.

—Calla, Rydiota, aquí el único apestoso eres tú —contesta Saya.

—Tía, me tienes manía, a Fuyu no le dices esas cosas —refunfuña y yo siento una pequeña punzada en el corazoncito.

—Fuyu se lava.

—¡Y YO TAMBIÉN! —contesta el batería histérico y ella se ríe porque claramente lo hacía para molestarlo.

Por un momento, me contagian y acabo riendo yo también. Me gusta el buen rollo que tienen.

—¿Vienes a vernos tocar, Haru? —me pregunta Mayumi.

—¿Puedo veros tocar? —me emociono porque de repente esa posibilidad se acaba de convertir en la ilusión de mi vida. No lo había barajado, pero me encanta.

—Puedes quedarte el tiempo que quieras, aunque quizás te aburras, repetimos muchas veces los mismos temas. Pero tú no venías para eso, ¿no? —dice Fuyu. Abre el refresco que le ha dado Ryota y da un trago.

Hoy lleva el pelo recogido en una coleta baja y se le salen algunos mechoncitos que le enmarcan esos ojos del color del cielo que me vuelven loco.

—Cierto, venía a proponeros una cosa, chicos.

Les cuento mi idea mientras todos me escuchan con atención y beben de sus latas. No sé en qué momento también acabo yo con una en la mano, pero, antes de que le dé un sorbo, Fuyu me la quita de las manos y me pasa otra. Lo miro extrañado.

—Es energética.

Si es que es para comérselo, un sorbo de ese mejunje y hubiera estado en vela tres días. Mi heladito de nata sigue pendiente de mí y eso me calienta el corazón con un poco de esperanza.

—Esta vez se os pagaría por tocar y el alojamiento es gratis. Os quedaréis en uno de los bungalós que hay a pie de playa. Suelen estar vacíos en noviembre.

—Pero si ni siquiera has oído ningún tema nuestro —responde Mayumi.

—¿Tenéis temas propios? —me emociono aún más.

Saya se ríe entre dientes, como si hubiera preguntado una tontería.

—Claro que tenemos temas propios —aclara la líder.

—Pues mejor me lo pones. Yo con covers me conformaba, pero algo original será mucho mejor.

—Iremos —confirma Ryota.

—No tomes una decisión de forma unilateral —protesta Mayumi.

—Tía, no te hagas la difícil, es una oportunidad para todos. Vacaciones pagadas en el paraíso, y encima nos dejan tocar en público, ¿qué más tenemos que pensar?

Mayumi se ríe y se rasca el cogote.

—Vaaale, quería hacerme un poco la interesante y no parecer desesperada. Tenemos que ir dando ya vibras de profesionales.

Me río aliviado por las palabras de la líder. Por un momento he pensado que no iban a aceptar.

—Bah, es Ha-chan, con él no tenemos que aparentar nada. —Ryota hace un gesto con la mano para quitarle importancia. Me sorprende la familiaridad con la que me trata. No se me escapa la mirada asesina que le echa Fuyu y no entiendo el motivo, la verdad.

¿Será que él no está conforme con esto? Abro la boca para preguntarle, pero Saya me interrumpe.

—Haru, dame tu correo electrónico, te mandaré la maqueta.

Toda mi atención pasa a ella. Y por un momento se me olvida que es mi rival en el amor y paso a adorarla directamente.

—¿En serio?

—Claro, así podrás cantar nuestras canciones en el concierto. —Me guiña un ojo y le sonrío con gratitud.

—No hace falta. —Fuyu apaga toda mi alegría de un plumazo. ¿Acaso no quiere que yo escuche sus canciones?—. Ya se la envío yo. —Me mira y sonríe con calma.

Su sonrisa para mí es como un bálsamo calmante, fabricado con la mejor hierba especial de Aki. Aun así, me tengo que controlar para no saltarle encima y llenarle la cara de besos.

—Genial, pues tenemos un trato. —Mayu estira la mano y me la ofrece y yo le doy un apretón tan grande como mi sonrisa—. Y ahora siéntate y disfruta de nuestra música, Ha-chan. Eres nuestro primer invitado, siéntete orgulloso.

Y así me siento, orgulloso y tremendamente afortunado por poder presenciar un trocito más de la vida de Fuyu.