No hay invierno sin primavera (Paradise island 3) 55 Al fin lo entiendo
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55 Al fin lo entiendo

Al fin lo entiendo

FUYU

Me despierto tarde la mañana después de la boda. Es domingo y no tengo mucho que hacer más allá de quedarme en la cama mirando el techo mientras le doy vueltas a lo que pasó anoche.

Me siento aliviado y estúpido a partes iguales. Aliviado por saber que Haru no está con Toya, que me sigue esperando, y estúpido por haber dudado de él y haber sufrido una vez más por unos pensamientos pesimistas y corrosivos tan propios de mí.

Pero ahora que miro en retrospectiva, veo los cabos sueltos unirse con una facilidad asombrosa. Y todo tiene sentido. Parece que el destino haya estado jugando con nosotros y completando las piezas del puzle poco a poco.

Ahora lo entiendo. Entiendo todo lo que me pidió Haru. Entiendo por qué quería que hiciera amigos, por qué me dijo que buscara un sueño, un reto, algo que hacer aparte de estar a su lado. Ahora comprendo que era por mi bien.

He hecho cada una de las cosas que me pidió y, de alguna forma que no sé explicar, me siento más completo… A pesar de que me falta él. Es contradictorio, pero es así.

Y lo sigo queriendo más que nada, pero ahora siento que he encontrado mi lugar en el mundo.

Encajo en otro sitio aparte de a su lado.

Y lo estoy disfrutando. Me gusta crear música, me gusta estar con mis nuevos amigos, me gusta NO/NAME y el sentimiento de grupo, de remar todos para el mismo sitio en pos de un mismo objetivo.

Y lo más curioso es que si no hubiese pensado que Haru estaba con Toya, que ya no había esperanza para nosotros, no habría valido nada de esto. Porque lo hubiera seguido haciendo por él y no por mí.

Ahora me siento libre. La presión que tenía en el pecho ha desaparecido al entender todo esto. Y, por primera vez en mucho tiempo, me siento en paz.

Tengo ganas de contárselo todo a Haru, de decirle que tenía razón, que lo comprendo todo, que ya no tenemos que estar separados… Ayer quise hacerlo, pero no quiso escucharme, no hasta que pase el año acordado.

Me levanto de la cama guiado por esta emoción que me brota desde el pecho y cojo la guitarra acústica que descansa en su funda.

La saco, me siento en la cama y dejo que la melodía brote de mis manos.

Pero esta vez no me basta con la música, no, esta vez necesito palabras.

No las retengo más y las dejo salir libres de mi boca.

Es casi la hora de comer cuando toco la puerta de la habitación de Saya. Ella abre despeinada, aún con el pijama puesto, las gafas de leer y un libro grueso en la mano.

Me río al verla.

—¿Resaca postboda? —bromeo.

—Resaca postboda. Si no traes comida, vuelve a tu habitación y déjame seguir vagueando tranquila. Los protas están a punto de echar su enésimo polvo —bromea cínica meneando el libro en la mano—. Sí, placer culpable. —Se encoge de hombros.

—No traigo comida, pero traigo una canción nueva. —Levanto el móvil en mi mano.

Ella abre los ojos y el cansancio abandona su rostro de golpe.

—¿Tuya?

Asiento.

—Vamos, pasa.

Entro en su habitación. Ya no es un espacio ajeno para mí, al revés, la costumbre lo ha convertido en algo familiar. Al ver la silla llena de ropa, me dejo caer en la cama deshecha. Saya se sienta a mi lado y cruza las piernas sobre el colchón.

—¿A qué esperas? Dale a play.

—Vale, pero es solo una maqueta, hay que pulirla. Y quiero agregarle el shamisen, ahora mismo solo es la guitarra y poco más.

—Jardinero… —Me mira con reproche y hace un gesto con la barbilla señalando el teléfono móvil en mi mano.

Y yo le doy a reproducir con dedos temblorosos y los nervios enredados en mi estómago.

Saya hace un gesto de sorpresa cuando escucha mi voz, pero sigue oyendo la canción en silencio y eso me reconforta.

Es gratificante poder compartir esto con alguien, que una persona sea testigo de las cosas importantes de tu vida, que se lo tome en serio y que te acompañe en este camino como lo está haciendo ahora mismo ella.

Esto es otra cosa buena que me llevo de mi separación con Haru.

Levanta la mirada y me sonríe cuando mi teléfono se queda mudo.

—¿Qué te parece?

—Me parece que es un desperdicio que estés siempre tan callado. Tienes mucho qué decir, Fuyu, y me encanta que lo hagas.