No hay invierno sin primavera (Paradise island 3) 54 Algo que hacer
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54 Algo que hacer

Algo que hacer

HARU

El otoño ha llegado antes de que me diera cuenta, pero avanza lento.

Bueno, vale, solo es el primer día, pero quiero que pasen rápido las dos estaciones que faltan y que vuelva a ser primavera de nuevo, porque no puedo más con esta espera interminable.

Ya, ya sé que me hice el chulo y le pedí a Fuyu que no me contara nada hasta que pasara el año acordado.

Pero es que me iba a hablar de Saya y no estoy preparado para escuchar que tiene algo con ella.

Porque lo tiene, eso es así. Tengo ojos en la cara, sé cuándo hay complicidad entre dos personas. Y entre Fuyu y Saya la hay, fin.

¡Ay, por la Diosa, qué lentos se me van a pasar estos seis meses! Ojalá pudiera acelerar el tiempo como en los vídeos de YouTube, que le das a ×2... Aunque yo le daría a ×1000… O también me vale con dormirme y despertarme el uno de marzo, el primer día de primavera en el calendario yosei.

Creo que estoy a punto de morirme de impaciencia. ¿Es eso posible?

Giro en mi futón como una croqueta mientras pataleo y gruño de desesperación. Para colmo, hoy no abre la floristería ni tampoco hay clases. No tengo una boda que preparar ni nada que estudiar. No puedo quedar con las chicas porque están de luna de miel. Y…

Grito aterrado cuando oigo el tono de mi teléfono móvil.

—¡Por la Diosa, qué puto susto!

Me levanto con la mano en el pecho para calmar el microinfarto que me acaba de dar y voy hasta la cocina para contestar a la llamada.

El nombre que veo en la pantalla me saca una sonrisa y descuelgo con ilusión.

—¡Jacquie!

Oigo su risa a través del altavoz del manos libres. Vuelvo a la cama y me tiro en ella.

—Hola, bonito. ¿Qué tal todo? ¿Cómo fue la boda?

Y solo con oír esas palabras empiezo a llorar como un desgraciado.

—Haru, ¿qué pasa? ¿Estás bien?

Asiento con la cabeza como si ella pudiera verme.

Obviamente no puede, pero es que el nudo que tengo en la garganta no me deja hablar.

Ni siquiera sé por qué lloro, pero su tono lleno de afecto y cariño me ha hecho entrar en este estado de niño llorón.

Me siento ahora mismo como mantequilla derritiéndose al sol.

Mantequilla que se muere por un abrazo y mimos de consuelo.

—¡Es que Fuyu pensaba que estaba saliendo con Toya!

Ahí está el motivo de mis lágrimas. Lo que estaba intentando ignorar desde ayer porque es demasiado doloroso como para analizar todo lo que significa.

—¿Cómo? ¿Qué ha pasado, cielo? Vamos, respira, tómate tu tiempo y me lo cuentas.

Y eso hago. Cierro los ojos y respiro con tranquilidad mientras cuento hasta diez despacio.

—¿Jacquie? —busco de nuevo su voz.

—Sí, estoy aquí, ¿qué pasa?

Entonces le cuento todo. Que la boda fue maravillosa, que todo estaba precioso y que salió como tenía que salir. Le cuento lo de Fuyu y el concierto, lo guapo que estaba y lo que ha avanzado, y luego nuestra conversación en la cocina cuando me dijo aquellas palabras.

—Me dolió mucho que no confiara en mí, que fuera capaz de pensar que yo estaba con otro cuando le dije expresamente que lo iba a esperar. Que solo quiero estar con él, que es el amor de mi vida…

—Cariño…

Me sorbo los mocos mientras escucho a Jacquie.

—No te lo tomes a mal. Para Fuyu, todo esto es nuevo. Siempre te ha observado desde la distancia, yendo y viniendo con uno y otro. Es posible que no se termine de creer que hablas en serio. Además, cuando empezasteis a salir, cortaste enseguida.

—Corté porque…

—Que sí, que sí, que tenías tus razones totalmente válidas. Pero párate a pensar por un momento lo confuso que tuvo que ser para él.

—¡Ay, si es que soy horrible! ¡Normal que no me quiera!

Me parece oír la risa discreta de Jacquie al otro lado del teléfono. Encima se ríe la muy cabrona.

—¡No te rías!

—No me río. Pero es que estás dramatizando. Fuyu te quiere muchísimo. ¿Por qué dices que no?

—Porque creo que está saliendo con la bajista de su grupo. Lo vi, estaban cogidos de la mano.

—Bueno, tú y yo también nos cogemos de la mano a veces.

—Pero no es lo mismo, Fuyu no es cariñoso.

—Bueno, pero ahora se supone que tiene amigos nuevos, ¿no? Quizás con ellos haya empezado a soltarse más.

Me quedo masticando las palabras de Jacquie. Quizás tiene razón y estoy dramatizando un poco todo.

—Ay, Jacquie, me estoy volviendo loco. Encima es que no le puedo reprochar nada. Se supone que es parte del trato. Se supone que tiene que experimentar para encontrarse a sí mismo. Para no elegirme porque soy lo único que conoce. Pero es taaaan difícil.

—Lo sé, cielo, pero ten paciencia. Hasta ahora lo estás haciendo muy bien. Estás demostrando lo mucho que te importa y que lo quieres. Y estoy segura de que él volverá a ti y acabaréis estando juntos. Ya verás.

—Vale... —Me seco con el pañuelo las últimas lágrimas, agradecido por sus palabras de consuelo—.

Te haré caso, al menos para no acabar tarumba.

Últimamente me duele mucho el estómago y todo me sienta mal.

Es como que me arde y es insoportable. ¿Me estaré muriendo?

Ay, Jacquie, dime que esto es normal. Aún no estoy habituado a este cuerpo endeble de humano.

—No te vas a morir. Lo que tienes es acidez de estómago, probablemente causada por el estrés. Estás muy tenso, Haru.

—Es que esta espera va a acabar conmigo.

Creo que también se me está cayendo más el pelo.

Ay, ¿y si me quedo calvo y dejo de gustarle a Fuyu?

¿Y si ya he dejado de gustarle a Fuyu? —Me siento con la espalda pegada a la pared, la respiración se me acelera y meto la cabeza entre mis rodillas—.

Jacquie, no me quiero quedar calvo. ¡No quiero!

—Tranquilízate, no te vas a quedar calvo. Probablemente también sea del estrés. No te preocupes, a los humanos se nos cae el pelo, es normal. De todas formas, te voy a recetar algo para aliviar los síntomas. De momento, ve a la farmacia y compra valeriana. Te vendrá bien.

—Vale.

Me levanto un poco más tranquilo y voy hasta la cocina a prepararme una infusión relajante.

—Oye, cielo.

—¿Sí?

—¿Por qué no vienes unos días a la isla? Te hace falta desconectar, a la vista está.

—No puedo… —Voy hasta el calendario que tengo pegado en la nevera con el fin de buscar algún día libre en el que me pueda escapar porque tiene razón, me hace falta una dosis de Paradise Island en vena—. Quizás para el Día de Rakuen pueda ir a veros. Aunque aún queda.

—Pues sería estupendo porque te vamos a echar de menos más que nunca. Rakuen no puede vestirse de gala si no estás tú aquí. A saber cómo adorna Aki el Carpe Diem. Pondrá unas guirnaldas y se acabó —bromea.

—Ay, me encanta el Día de Rakuen. —Me emociono al imaginarme de nuevo allí.

Y es que, el día de Rakuen es una celebración tan nuestra que todo vale.

El pueblo sale a la calle con táperes llenos de comida casera y se comparte con los vecinos para hacer homenaje al intercambio de culturas.

Es tan guay. Y por la noche se encienden farolillos de papel y se pide un deseo—. Yo ya sé qué voy a pedir este año.

Jacquie se ríe al otro lado del teléfono.

—¿Qué vas a pedir?

Me río antes de verbalizar lo que estoy pensando mientras me echo el agua hirviendo en la taza.

—Voy a pedir un nuevo sobrino o sobrina, tuyo y de Natsu. —Muevo la infusión con la cuchara, creando un tintineo maquiavélico.

—Ni se te ocurra pedir eso. Yo no quiero otro hijo. Tengo casi cuarenta y un años, no estoy para bebés ahora. Además, ¿para qué quieres tú otro sobrino?

Me río maliciosamente para ponerla aún más nerviosa.

—¡Haru! Como pidas ese deseo, pediré que te quedes calvo. Tú sabrás lo que haces.

—¡Vale, vale, no lo pediré! ¡Jo, qué lista eres, maldita!

Ahora la que se ríe maliciosamente es ella.

—Es que pega otro bebé en la familia, ¿no crees?

—Pero si a ti los críos ni te van ni te vienen, ¿Que me estás contando? Si quieres un bebé, tenlo tú —bromea.

—Ay no, es que quiero que me lleve los anillos en mi boda con Fuyu, porque, para cuando eso ocurra, Derek y Linda serán mayores.

—Cielo, estás fatal, ¿eh…?

—Lo sé —murmuro con la boca pequeña—. Pero, ¿me quieres aun así?

—Te quiero con lo tuyo.

Los dos empezamos a reírnos como bobos. Hablar con ella me da la vida.

—Ay, Jacquie… Tengo que buscarme una nueva distracción, algo que hacer… Algún evento que montar y que me tenga absorbido antes de que acabe loco o vaya a buscar a Fuyu y le suplique que vuelva conmigo.

—Cielo, no sé… Aquí siempre estabas montando fiestas y haciendo cosas diferentes en el Carpe Diem. Te animaría a montar algo gordo para el Día de Rakuen, pero estás allí y…

—¡Ay, sí! Sería genial… En realidad, no importa, creo que podría gestionarlo desde aquí y quizás me sirva como proyecto para la escuela… Ay, podría montar un baile o un concurso de comida casera o, mejor, un concierto.

La emoción me llega de sopetón, como una tormenta en un día de verano. Y cuanto más lo pienso, más me gusta la idea.

Necesito hacer esto muy fuertemente ahora mismo.