53 Desconcierto
Desconcierto
FUYU
Cuando terminamos el concierto, el público aplaude y las novias nos invitan a tomar algo y a mezclarnos entre la gente. Mis compañeros están eufóricos y no rechazan la invitación. Yo, en cambio, solo tengo la mente puesta en un sitio: Haru.
Doy un trago a la cerveza que tengo en la mano mientras mis ojos lo buscan entre la gente.
No está por ninguna parte. Se ha pasado todo el concierto observándonos desde el fondo, llorando estático junto a ese árbol.
He intentado estar pendiente de la música y no de él, pero incluso así me he equivocado un par de veces por estar atento a sus movimientos.
En la penúltima canción, uno de los camareros del catering ha venido a buscarlo y se lo ha llevado, justo antes de que acabáramos los covers y pasáramos a un tema nuestro.
—Mira eso. —Saya me da un codazo para llamar mi atención y señala con la barbilla a Toya.
Está junto a un chico rubio, charlando y sonriendo de forma cercana.
—Todo apunta a que nos hemos confundido con él —dice antes de dar un trago.
Yo doy otro sorbo mientras intento entender el comportamiento de Toya.
¿Está coqueteando? En ese caso, existen dos posibilidades: que no sea el novio de Haru, como creía, o que sea el novio de Haru y aun así esté ligando con otro, cosa que me cabrea aún más.
Pero, en realidad, en el tiempo que llevo aquí no los he visto actuar como una pareja en ningún momento.
—¿Tú crees? —pregunto, sintiéndome esperanzado e idiota al mismo tiempo.
Entonces el chico rubio se acerca a Toya y le da un beso rápido en los labios. Saya me da otro codazo y me mira con la cara de satisfacción de quien acaba de demostrar que tenía razón.
—Tío, tío, tío. —Ryota se nos engancha por detrás. Nos rodea por los hombros a Saya y a mí y nos acerca a él—. ¿Habéis visto eso? ¿No se supone que era el novio de Haru?
—¿Qué está pasando? —Mayumi se une a nosotros con cara de confusión.
—El tal Toya, que o no es el novio de Haru o le está poniendo los cuernos. Acaba de besar al rubio. —Ryota señala con la barbilla en un gesto mucho menos disimulado que el de Saya.
Ella cruza la mirada conmigo y empieza a reírse entre dientes.
—¡No me jodas! —se sorprende Mayumi.
Y yo me veo obligado a rodearla con mi brazo y a girar con todos de manera que le demos la espalda a Toya.
—Shhh. —La chisto—. No seáis tan escandalosos.
—Fuyu, eso lo cambia todo.
—Claro. Tío, yo que tú iba a buscar a Haru ahora mismo y le comía la boca. Luego le dices: «No puedo esperar más, cásate conmigo, Ha-chan». —Ryota pone una voz grave que pretende ser la mía.
Le cambia por completo cuando Saya le da una colleja en la cabeza.
—¡Auch!
—No seas garrulo.
—No seas tú bruta —gruñe—. Solo lo estoy animando.
—¿Animando a que haga una idiotez, Rydiota?
—Mimimi.
Entonces veo de fondo a Haru cargado con un par de bolsas. Me escabullo de mis compañeros y voy hacia él con los silbidos de Ryota y el Ay, Dios de Saya de fondo.
Le cojo una de las bolsas sin decir nada. Pesa bastante porque está llena de refrescos.
—Ah, hola, gracias. —Me sonríe—. He tenido que salir a por más bebidas porque se estaban acabando. Esta gente bebe más rápido de lo que pensaba y, bueno, los del catering ya se han ido. Ahora me toca a mí encargarme de esto también.
—Lo estás haciendo muy bien. ¿Quieres que te ayude?
—No, no… Bueno, sí. Ayúdame de momento a meter esto en la nevera.
Entro con él en la casa y vamos hacia la cocina. Abre el frigorífico, en el que ya hay bebidas hasta la mitad, y empieza a completar los huecos vacíos con las nuevas.
—Me ha encantado el concierto, aunque me he perdido el final. ¡Qué rabia! Pero bueno, confío en que habrá más ocasiones en las que pueda verte tocar y, a ser posible, sin llorar como una magdalena. —Se ríe nervioso—. Mírate, estás hecho todo un músico profesional.
Cierra la nevera y me mira apoyado en ella en un gesto desenfadado.
—Espero que las haya, sí. —Me contagia su sonrisa—.
Tú también lo estás haciendo muy bien, Ha-chan.
Te he visto trabajar sin descanso, incluso ahora.
En vez de estar ahí fuera pasándotelo bien con los demás, estás aquí pendiente de que no falte de nada.
Es muy considerado por tu parte que hagas esto por tus amigas.
Hace un gesto con la mano para quitarle importancia.
—No es nada que no haya hecho antes. Si hay que ser camarero en la boda de tu amiga para que todo salga bien, se es camarero.
No sería la primera vez que sirvo copas, ya ves tú —bromea y coge un barreño grande de plástico y lo pone en la encimera junto a unas bolsas de hielo—.
Además, tengo que reconocer que Toya me ha ayudado mucho con la decoración y, bueno, prestándonos la casa de su abuela.
Empieza a llenar el barreño con el hielo y yo le ayudo a hacerlo.
—¿Esta casa es de Toya?
—Sí, bueno, de su abuela, pero sí.
—¿Por eso está en la boda?
—Ajá. Por eso y porque también es amigo de las chicas.
—Ya veo. Yo pensaba…
Deja de mirar el hielo y me mira a mí.
—¿Qué pensabas? —Ladea la cabeza como un cachorrito inocente.
—Nada, olvídalo. —Bajo la vista y empiezo a meter las bebidas que no han cabido en la nevera en el recipiente con hielo porque me siento muy estúpido ahora mismo.
Hasta que noto el toque de Haru en mi brazo para llamar mi atención.
—¿Qué pensabas, heladito de nata?
A pesar de que ha usado el apodo cariñoso conmigo, me mira con el ceño fruncido. Nos conocemos más que de sobra y sabe que le estoy ocultando información, por eso decido parar esta farsa y contarle la verdad.
—Pensaba que era tu acompañante.
—¿Mi acompañante?
Asiento.
—¿A la boda?
Asiento.
—¿Por qué iba…? —Entonces abre mucho los ojos y me golpea con el trapo con el que se estaba secando las manos—. ¡Por la Diosa, Fuyu!
—¿Qué?
—Pensabas que estaba saliendo con él. ¿No es cierto?
—Es lo que parecía.
Me vuelve a dar con el trapo.
—¿Eso es lo que confías en mí? Te dije que te iba a esperar y te sigo esperando. —Hincha los mofletes y se cruza de brazos.
—Ha-chan, ¿qué quieres que piense? Tú no esperas, tú…
—Pues ahora sí. A ti, sí —me interrumpe—. Te dije un año y eso es lo que estoy haciendo: esperando. Te esperaría toda la eternidad si me lo pidieras, ¿te queda claro?
Asiento y agacho la mirada mientras jugueteo con la pulsera de cuero de mi muñeca.
—También me dijiste que besara a otras personas. Pensaba que tú estabas haciendo lo mismo. —Mis ojos cobardes siguen fijos en mi pulsera.
—Yo ya he besado a todo el que tenía que besar. No me hace falta besar a nadie más que a ti.
Sus palabras me provocan una ola de calor en el cuerpo que nace en mi estómago y llega hasta mi cara. Levanto la mirada y me contengo para no acortar la distancia que nos separa y besarlo, como ha dicho antes Ryota.
Haru me mira con las mejillas sonrosadas. Sus brazos siguen cruzados y su ceño fruncido. Y yo quiero besar su entrecejo hasta que vuelva a sonreír. Pero me contengo de nuevo. Primero tiene que saber que me va bien, que he hecho todo lo que me pidió y que sigo queriéndolo.
—Sabes, los chicos del grupo… Saya…
—¡No quiero saberlo! —Me corta. Baja la mirada rápidamente y se pone a meter más bebidas dentro del hielo—. Bueno, sí, quiero saberlo. Quiero saberlo todo, pero no ahora. Sino cuando se cumpla el año del trato, ¿vale? Aún te quedan dos estaciones por delante.
Suspiro y aprieto el puño porque no quiero esperar más. Dos estaciones es mucho tiempo. Quiero acabar con todo esto porque ya no tiene sentido.
Aun así, suspiro resignado y le paso las latas de cerveza que quedan en la encimera.
—Vale, esperaré.