No hay invierno sin primavera (Paradise island 3) 52 La boda
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52 La boda

La boda

HARU

He fracasado.

Pero no en mi labor como organizador de esta boda, no. Esa parte está siendo todo un éxito, he de reconocer que se me da estupendamente esto de montar eventos. En lo que he fracasado estrepitosamente es en lo de no llorar.

Me prometí a mí mismo que esta vez no iba a pasarme toda la ceremonia llorando y aquí estoy, abriendo el segundo paquete de pañuelos.

Al menos sé mantenerme callado y mi llanto no está eclipsando el protagonismo de las chicas.

Pero es que es todo taaan bonito y romántico.

Y yo, como no podía ser de otra manera, estoy observando el enlace desde la primera fila y deseando que Akihiko-senpai, que es quien oficia la ceremonia, termine de hablar de una vez, porque mi corazón está desbordado ahora mismo y no le cabe ni una pizca más de sentimiento.

Por la Diosa, qué mal y bien lo estoy pasando al mismo tiempo. ¿Es eso posible? Es como una angustia bonita que se me instala en el pecho y tengo que sacarla a base de lágrimas.

Las palabras de Akihiko-senpai son preciosas y, una vez más, aprecio la sabiduría que hay en ellas.

Habla de amar de forma pura, sin hacer distinciones de género, y recalca que, aunque la sociedad japonesa todavía no concibe el matrimonio igualitario, con este enlace las chicas estarán casadas ante los ojos de los dioses y de todas aquellas personas que las quieren y las respetan.

Habla del cariño, la protección y el cuidado dentro de la pareja y la familia, y les desea a Haruka y Natsuki toda la felicidad del mundo antes de dar paso al beso que lo cierra todo.

Las chicas no nos hacen esperar. Se besan con efusividad sin perder la sonrisa y todos aplaudimos y vitoreamos a su alrededor. Están tan guapas y hacen tan buena pareja...

Qué triste me parece que, ante la ley japonesa, dos personas del mismo género no puedan casarse oficialmente a pesar de amarse como lo hacen Haruka y Natsuki.

Suspiro mientras me seco las últimas lágrimas y me pregunto si algún día Fuyu y yo nos casaremos y si, cuando ocurra, el país ya habrá evolucionado para poder hacerlo de forma oficial. Aunque yo me conformaría con una boda extraoficial, como la de hoy. Con eso me basta.

Me casaría en Rakuen, en la casa del río de Aki. Jacquie sería mi madrina y los anillos los podrían llevar Derek y Linda. Aunque, al paso que vamos, puede que ya sean muy mayores para eso y no quieran... Lo ideal sería que Jacquie y Natsu tuvieran otro hijo…

¡Ay, qué alegría un minisobrino de ellos dos que nos lleve los anillos al altar!

Aunque ahora mismo no sé qué es más improbable, que Jacquie se quede embarazada o que Fuyu y yo nos casemos.

Es que los vi cuando abrí la puerta para recibir al grupo...

Fuyu y Saya estaban dándose la mano. Fue solo un momento, pero no se me escapó ese pequeño y doloroso detalle.

Que puede que no signifique nada, pero hablamos de mi heladito de nata; él no es muy de contacto físico y lo sabemos…

Pero no tengo derecho a quejarme, para eso es este tiempo que nos estamos tomando.

Mierda, ahora tengo ganas de llorar por otro motivo.

—Tierra llamando a Haru.

Toya me saca de mis fantasías y menos mal, porque estaba a punto de meterme en mi bola de autodestrucción.

—Dime. —Sonrío.

—¿Estás bien? Tu cara acaba de pasar por todas las emociones existentes en menos de medio minuto.

—Sí, sí. Un poco emocionado, no es nada. —Agito la mano para quitarle importancia.

—Vale, pues ¿vamos avisando a los del catering?

—Ah, sí, vamos.

La fiesta sigue su curso y yo, como no puede ser de otra forma, me centro en que todo salga a la perfección.

Y, por suerte, así es. Cenamos en agradable compañía, rodeados de risas y conversaciones amenas. Los rostros de los invitados se ven felices, quizás contagiados por la alegría que emanan las protagonistas de este día.

Y cuando la comida se acaba y pasamos al cava, le toca el turno a NO/NAME, que es el acontecimiento que más esperaba de toda la noche.

Porque que se casen mis amigas es algo superespecial, pero ver a Fuyu por primera vez tocando en el escenario con su nuevo grupo...

Eso son ya palabras mayores. Lo siento, chicas, pero mi heladito de nata siempre ocupará el primer puesto en mi corazón, no me lo tengáis en cuenta.

Los componentes del grupo se han cambiado y suben al escenario todos llevando un haori⁠i negro sobre la ropa de antes. Cada uno se coloca su instrumento mientras los invitados los observan y empiezan a levantarse y a caminar por el jardín.

Estoy más nervioso que nunca y no puedo apartar los ojos de Fuyu, pero no me coloco en primera fila, sino un poco más alejado, apoyado en el tronco de un árbol mientras sostengo una copa en la mano. Me da a mí que voy a llorar otra vez y no quiero perturbar a mi heladito de nata.

Madre mía, qué guapo es y qué bien le queda la guitarra.

Lo siento, Saya, pero tendrás que aguantar que toda mi atención sea para él, porque no lo pienso disimular. Aunque quisiera hacerlo, no podría.

—Buenas noches, somos NO/NAME —dice Mayumi con voz enérgica y micrófono en mano—.

¡Solo queremos felicitar a la pareja! Natsuki y Haruka, felicidades por vuestro compromiso.

Os deseamos que seáis felices para siempre.

—Levanta una copa de cava para brindar por ellas y se la bebe de un trago—.

Al resto de invitados quiero decirles que tengan paciencia con nosotros, es nuestro primer concierto.

Espero que lo disfrutéis y lo paséis bien. Y dicho esto... Vamos allá.

Deja la copa en el suelo, agarra el micro con las dos manos, mira a Fuyu y asiente.

Entonces empieza a sonar el punteo de su guitarra.

Un escalofrío me recorre de pies a cabeza y los vellos se me ponen todos de punta al reconocer la famosa canción.

«Wherever you are», una de las canciones preferidas de las chicas, de One Ok Rock.

Una balada rockera de esas que hacen que se te encoja el corazón y que no puede venir mejor para este día.

La melodía es lenta y conmovedora y, a pesar de que ahora mismo solo suena la guitarra, es suficiente para llenar el escenario.

Miro a mi alrededor. Las chicas bailan abrazadas en la improvisada pista de baile y, poco a poco, se van uniendo los invitados.

La voz de Mayumi entra suave, casi susurrando, y acompaña la melodía de Fuyu.

Un par de lágrimas recorren mi rostro (lo sabía) mientras muevo los labios por inercia cantando sin voz la letra de la canción.

Una letra que puede ser la más bonita, o la más dolorosa si te encuentras en mi patética situación.

Una situación en la que empatizo con cada una de sus palabras, con cada «te quiero», sin saber si alguna vez volverán a estar dirigidas a mí.

Después del primer estribillo, entra la batería y luego el bajo y NO/NAME, por fin, se muestra al completo. Suenan increíblemente bien y tienen muchísima complicidad en el escenario. Aunque igual no soy la persona más objetiva en este momento.

Aun así, me da igual. Me empapo de la sutil sonrisa relajada de Fuyu y no me puede gustar más lo que veo, lo que oigo...

Lo estás logrando, Fuyu. Me siento orgullosísimo de ti.