50 Los preparativos
Los preparativos
HARU
Estamos a poco más de tres semanas de la boda y hoy hemos venido al sitio donde se celebrará para tomar medidas nuevamente y asegurarnos de que quepa todo.
Afortunadamente, el lugar de la ceremonia nos lo ha cedido mi amigo Toya, porque sí, seguimos siendo buenos amigos después de todo y me salvó la vida cuando me dijo que la casa antigua de su abuela, con un magnífico jardín, estaba disponible para nosotros.
Y gratis, que es lo mejor. Además de eso, me está ayudando muchísimo con los preparativos; se nota que disfruta de esto tanto como yo.
Por eso estamos aquí hoy, con metro y libreta en mano.
—De verdad que no sé cómo agradecerte este favorazo. Siempre estaré en deuda contigo, Toya.
Hace un gesto con la cabeza para restarle importancia a mis palabras y apunta una de las medidas del jardín en el cuaderno.
—Me presentaste a Ben, ya con eso la deuda está más que saldada.
—Ay, ¿cómo os está yendo?
Ben es un chico extranjero muy mono y majo que está estudiando japonés en Tokio. Venía muy a menudo a la floristería, me interesé un poco por su vida, vi que congeniaría bien con Toya y los presenté. Al parecer, no me equivoqué; están saliendo juntos y superfelices.
—Nos va bien. —Toya me mira con una sonrisa en los ojos—. Cada vez que quedamos, me regala una flor. Es monísimo.
—Lo sé, se las vendo yo y le doy siempre la más bonita —bromeo.
—Gracias. —Me guiña un ojo—. ¿Y a ti qué tal te va con Fuyu? ¿Hay avances?
La pregunta me remueve todo por dentro y trae de vuelta a mi amiga la ansiedad.
—Aaah… —suspiro con pesar—. Pues seguimos en stand by.
Es lo que toca. Pero el otro día lo vi. Está supercambiado, ¿sabes?
Se ha dejado el pelo largo, se ha agujereado las orejas y tiene un rollo que me vuelve loquísimo.
Aunque ya de antes me volvía loquísimo, pero ahora más.
No sé si es porque lo echo muchísimo de menos, pero lo veo más guapo que nunca. Aunque… —Vuelvo a suspirar embajonado.
—¿Aunque qué? —se interesa mientras seguimos midiendo más partes del jardín.
—Está también más distante que nunca, cosa que es normal después de todo lo que hemos pasado. Yo mismo le pedí que nada de contacto físico ni palabras bonitas, pero no es solo eso. Yo creo que hay alguien más, que hay una chica.
—¿Una chica? —Levanta una ceja extrañado.
—Sí, cuando lo vi, iba con dos componentes de su grupo y sentí como que tenía un rollo raro con ella.
Pero raro en plan bien, en plan complicidad…
No sé, a Fuyu le cuesta sentirse cómodo con la gente y con ella se lo veía relajado, había cercanía…
No me voy a quejar porque eso también se lo pedí.
Le pedí que experimentara sin miedo, pero me aterra que conozca a gente más interesante y se dé cuenta de que no soy para tanto.
—Eh, no digas eso. Tú no eres menos que nadie. Eres brillante y estupendo. Cualquiera se podría enamorar de ti, y lo digo yo, que estuve a esto de hacerlo. —Hace un gesto con los dedos que me hace sonreír.
—Qué va, soy torpe y un charlatán; no me callo ni debajo del agua y cuando estoy nervioso es peor.
Meto la pata y digo cosas que no debería.
Me apresuro por todo y actúo sin tener en cuenta las consecuencias.
Soy un enamoradizo tonto y caprichoso y un…
—Me callo cuando Toya me golpea con la libreta en la cabeza.
—¡Para!
—¡Auch! —Me froto la coronilla.
—Eres terrible contigo mismo. Para de pensar así.
—Vale, tienes razón. Lo siento.
—Claro que la tengo. Repite conmigo: «soy maravilloso».
—Soy maravilloso.
—Y Fuyu volverá conmigo.
—Y Fuyu volverá conmigo.
Me paso un tiempo repitiendo todos los halagos que Toya me regala, aunque no me los creo.
Entiendo lo que quiere decir mi amigo, de verdad que sí, pero ahora mismo tengo la autoestima por los suelos.
La posibilidad de que Fuyu se enamore de otra persona ha estado ahí desde el primer momento en que lo dejé marchar, lo sé.
Pero ahora lo veo más cercano y el miedo a perderlo para siempre me hace verlo todo negro.
Aun así, disimulo y sonrío mientras sigo trabajando con Toya, aunque lo que de verdad me apetece es llorar a moco tendido.
Minutos después, me suena el móvil y sonrío, esta vez de verdad, cuando veo que es una videollamada grupal de Natsu.
Charlar con mis hermanos siempre viene bien.
Lo siento como un bálsamo para mi corazoncito herido.
Me disculpo con Toya, descuelgo y veo a Nat, el techo del Carpe Diem y a Fuyu con cara de no saber qué está pasando.
—¡Hola! —saludo con emoción; ver a Fuyu ha sido un plus de alegría.
Aki se asoma en la parte de la pantalla del Carpe Diem y saluda también.
—Vamos al grano —interrumpe Natsu—. He estado siendo paciente todo este tiempo, pero, ya que no decís nada, me he visto obligado a preguntar. Vosotros dos —señala a la pantalla, supongo que a Fuyu y a mí—, ¿no vais a venir en vacaciones de verano a Rakuen o qué?
—Os echa de menos. —Se vuelve a asomar Aki, cambia el ángulo de la cámara y se ve cómo prepara un batido de frutas en mi bar—. Haced el favor de venir, ahora solo me da el coñazo a mí. Lo tengo que aguantar por tres.
—Calla, puto ciervo, que sin mí tus mañanas serían un muermo en el Carpe Diem.
—Es verdad, al menos tú tienes el detalle de venir a gorronear todos los días. —Aki se acerca mucho a la cámara y vocaliza un ayuda silencioso.
Me río; a esto es a lo que me refería. Solo oír sus piques me da la vida.
—Aaay, yo también os echo mucho de menos, de verdad. Y ojalá pudiera escaparme este verano, pero no puedo. Estoy superliado con las clases, el trabajo y, sobre todo, organizando la boda de mis amigas. No hay forma de que pueda ir.
—¿Ni siquiera para mi cumpleaños? Ya te vale —se queja Natsu y Aki se ríe.
—Es que la boda es a finales de agosto, tu cumpleaños ya habrá pasado. Pero te mandaré un regalo.
Natsu se cruza de brazos y resopla por la nariz.
—¿Y para septiembre? —insiste.
—Para septiembre volveré a tener clases y tendré que trabajar más horas en la floristería, porque Haruka estará de luna de miel.
—Qué pronto nos has cambiado por las yosei de Tokio, mamonazo. ¿Y tú, tempanito? ¿Tampoco vienes?
Fuyu niega con la cabeza.
—No puedo, tengo que ensayar con el grupo para la boda de las amigas de Haru.
La noticia me coge por sorpresa y mi grito de emoción corta las palabras de Natsu.
—¡¿Vais a aceptar al final?!
—Sí, iba a mandarte un mensaje luego. —Sonríe, sutil, pero lo hace.
Doy un grito agudo de felicidad acompañado de unos cuantos saltitos.
No sé qué me emociona más en este momento: haber solucionado el problema musical de la boda, poder ver un concierto privado de Fuyu con su banda o simplemente la sonrisa de Fuyu.
Bueno sí, sí lo sé: Fuyu. Fuyu es lo que me hace más ilusión que nada.
—¿Qué pasa? —me pregunta Toya desde la otra parte del jardín; se ve que mis gritos le han dado curiosidad.
—Nada, que ya tenemos músicos para la boda. —Me hace un gesto enseñándome el pulgar arriba y sigue a lo suyo.
—Tío, en un mes os da tiempo a ensayar. Pásate un finde —insiste Natsu.
—Es que también tengo que ensayar para otra cosa… Nos han cogido un tema para el opening de un anime y quizá nos pidan más canciones.
—¡¿QUÉ?! —decimos los tres al unísono.
—Pero eso es increíble, Fuyu, me alegro mucho por ti —dice Aki.
—Qué pasada, ¿qué anime es?
—Uno que se estrenará el año que viene.
—Qué guay, estoy deseando oír la canción. Seguro que es preciosa, heladito de nata.
Y, a pesar de mi cumplido, esta vez Fuyu no sonríe ni un poquito, solo asiente.
No como ha hecho con Aki o Natsu. La punzada que siento en el corazón me hace bajar la mirada, pero escucho una voz femenina y, por un segundo, sonrío y levanto la cabeza esperando encontrarme a Jacquie junto a Natsu, pero, en vez de eso, vuelvo a ver a la chica morena de fondo, detrás de Fuyu.
—Jardinero, ¿vienes o no?
¿Cómo que «jardinero»? ¿Por qué lo llama así? Como si fuera una especie de broma entre ellos. Una broma que no entiendo y me duele horrores no hacerlo.
—Sí, sí, ya voy —le dice a Saya y luego vuelve a hablarnos a nosotros—. Tengo que irme a clase, ya hablamos.
—¿Quién es esa? ¿Y por qué te llama jardinero? —Gracias, Nat.
—Es Saya, la bajista de mi grupo. Ya os lo contaré otro día, adiós.
Y cuelga.
Natsu, Aki y yo nos quedamos mirándonos. Ellos extrañados y yo con una sonrisa falsa ocupándome toda la cara.
—No pongas esa cara, florecilla, seguro que solo es la bajista —me consuela Natsu, al que no engaño con mi expresión.
—Sí, no te preocupes —agrega Aki, al que tampoco engaño.
—Sí, ya, si no me preocupo, estoy perfectamente. De verdad. No os preocupéis vosotros. Os tengo que dejar, hablamos otro día. Nat, dale un abrazo grande a Jacquie de mi parte. Os quiero, chauuuu.
Y cuelgo.
Cuelgo sintiéndome como el culo.
Pero sonrío, me seco las lágrimas antes de que salgan de mis ojos y busco a Toya.
—Dime, ¿qué falta?