47 El beso
El beso
FUYU
Los labios de Saya son suaves, agradables y saben a Coca-Cola.
Quizás por eso cierro los ojos y me permito sentirlos durante un instante.
Me dejo llevar y sigo el ritmo que ella está marcando.
Mi boca se abre con la suya y nuestras lenguas se enredan en una especie de coreografía fortuita.
Su respiración se hace más pesada y sus manos se enredan en mi pelo.
No me disgusta, pero tampoco me produce nada más.
Mi cuerpo no arde, mi estómago no vibra por la emoción del momento y mi corazón no brinca dentro de mi pecho…
No siento lo que se supone que debería sentir.
Para mí esto no es más que un ritual sin sentido que no me lleva a ninguna parte.
La sujeto por los hombros y me separo de ella con delicadeza y decepción al mismo tiempo. Decepción conmigo mismo.
—Mierda… —murmuro.
Su cara pasa de la confusión a la vergüenza y me aparta la mirada… Tiene el rostro ligeramente rojo y se cubre la boca con la mano.
—Lo siento… Creí que…
Niego con la cabeza.
—No, perdóname, yo… No estoy buscando nada romántico, yo…
—¿Romántico? —se ríe avergonzada—. No, si yo tampoco. Ha sido una tontería, no debí besarte, ni siquiera tenía esto en mente. Creo que me he dejado llevar por toda la emoción acumulada del día.
—¿De verdad?
—De verdad, no te preocupes. —Me sonríe con camaradería y me da un toque afectivo con el hombro—. Era una mala idea lo mires por donde lo mires. Valoro mucho nuestra amistad como para echarla a perder por un beso.
Sonrío aliviado de que lo entienda. Aun así, no sé por qué, tengo la necesidad de explicarme. Quizás porque este beso me ha traído de vuelta a Haru y a todo lo que estoy intentando olvidar.
—Es solo… —Suspiro para intentar llenar de oxígeno mis pulmones, porque por un momento siento que me falta—. Hay otra persona.
—¿Tienes pareja? —pregunta extrañada.
—No, pero estoy… —Otro suspiro—. Enamorado de alguien desde hace tiempo… Aunque estoy intentando no estarlo, pero no sé cómo hacerlo. —Resoplo.
La expresión de Saya cambia de la incomodidad a la ternura y se queda en silencio unos segundos. Luego me lanza su pregunta y me sorprende con ella.
—Es ese chico, ¿no? Tu amigo de la infancia. ¿Cómo se llamaba…? ¡Haru!
Oír su nombre en alto activa un remolino en mi estómago, como una lavadora que hace la colada con todas mis emociones y las mezcla de forma caótica e incontrolada.
Me empiezan a sudar las manos y el corazón acelera el tempo.
Es injusto que solo eso, solo su puñetero nombre, me altere más que el beso que acabo de darme con Saya.
Ella es increíble, pero no consigo sentir lo que debería, lo que siento con Haru.
Asiento.
—¿Cómo lo sabes?
—Bueno, la única vez que lo vimos te pusiste tenso. Te quedaste callado, más de lo normal, quiero decir, y luego te fuiste sin decir nada. Tenía la sospecha de que algo te había pasado con él. Aunque no pensé que fuera eso, la verdad.
—Ah, claro, tiene sentido. Siento haberme ido así de golpe. —Me disculpo con una pequeña reverencia.
—Tranquilo, lo entiendo. El primer amor es… complicado. —Suspira y se queda mirando al frente, al infinito, con la mente a kilómetros de aquí.
Yo suspiro también y me uno a contemplar esa nada frente a nosotros.
—Dices que estás intentando olvidarlo, ¿por qué?
—¿Quieres que te lo cuente? —La miro confuso.
Ella asiente.
—Claro, si no, no te hubiera preguntado.
Vuelvo a mirar al infinito al mismo tiempo que medito por un segundo si abrirme o no con ella.
No se me da bien expresarme y tiendo a guardarme todo lo que llevo dentro, pero, por alguna razón, con Saya las palabras salen de mi boca antes de que me dé tiempo a retenerlas.
Quizás sea porque no aguantan más sin ser liberadas, porque necesitan ser escuchadas.
—Es complicado de explicar, pero digamos que vine a Tokio por Haru. Lo seguí para confesarme, para decirle todo lo que sentía por él.
—¿Y te rechazó?
—No, nos besamos y decidimos empezar a salir.
—¿Y qué pasó? —Levanta una ceja.
—Pasó que le conté que mi único plan en esta vida era estar a su lado. Él se cabreó mucho conmigo porque había dejado mi vida en Rakuen por seguirlo a una ciudad que ni siquiera me interesaba conocer. —Saya asiente dando a entender que me escucha con los cinco sentidos.
—¿Y cortó contigo?
—Más o menos. Me dijo que me fuera, que hiciera mi vida, que buscara algo que hacer, un plan, un reto, un sueño… Que él me esperaría durante un año.
Saya suelta el aire por la nariz en lo que parece ser una risa irónica.
—Tú y yo nos parecemos todavía más de lo que creía, jardinero. Al menos, a ti te dijo que te esperaría.
Mi cara debe de reflejar mi confusión, porque ella sonríe de lado y continúa con su explicación.
—Yo también tengo a alguien. Bueno, tenía… a Hiro. Empezamos a salir en el instituto y desde entonces éramos inseparables.
—¿Y qué pasó?
—Pasó que el idiota me dejó, solo para que viniera a estudiar a Tokio.
—Me sorprendo con su revelación—. Él se quedó en Sapporo porque tenía que encargarse del negocio familiar.
Un estúpido restaurante que ni siquiera le gusta.
No quería ser un lastre para mí, así que cortó conmigo.
Y aquí estoy yo, besando a mi amigo con la estúpida esperanza de olvidarlo de una vez por todas.
Tardo unos segundos en asimilar todo lo que me cuenta, en unir las semejanzas, en analizarlo desde otra perspectiva en la que no estoy involucrado…
Empiezo a reírme por lo irónico de la situación.
Porque no somos más que dos desdichados buscando el olvido en los labios del otro y fracasando estrepitosamente en el intento.
Ella, lejos de enfadarse, se une a mi risa porque, una vez más, nos entendemos sin necesidad de palabras.
—Ojalá hubiera funcionado —suspiro mientras miro las estrellas, esperando encontrar la solución en el cielo nocturno de verano.
—Ojalá. —Me imita Saya—. Hacemos buena pareja…, creo.
Y nuestra risa vuelve a mezclarse con el canto de las cigarras.
—Tú aún tienes esperanzas. —Sus palabras me hacen buscar sus ojos.
—Está con otro, ¿no lo viste? El tal Toya ese. No pudo esperar ni siquiera el año que él mismo me pidió. Yo hubiese esperado una vida entera por él. Ese es el problema.
Ella se lleva la mano al corazón y hace una mueca de dolor con la cara.
—Ahora entiendo por qué tu música suena así.
—¿Así cómo?
—Como si se te metiera bajo la piel y te arañara el alma… —Suspira—. Pero no lo des tan pronto por perdido, puede que sea verdad y que ese chico solo sea un compañero de clase.
—Los vi abrazados en la calle.
—Y nosotros nos acabamos de besar y eso no quiere decir nada.
Mis cejas se alzan con el rayo de esperanza que me acaba de lanzar.
—No me hagas esto —suplico.
—¿El qué? —Frunce el ceño en un interrogante.
—No me des esperanza, no lo aguanto más… La esperanza duele muchísimo.
Ella parece entenderlo y me abraza con fuerza. Yo hago lo mismo y la arropo entre mis brazos, aferrándome a este cariño que tanto necesito.
—Eres muy bonito, Fuyu. Tranquilo, yo estaré aquí para ti.
Sus palabras me estrujan el corazón y se me humedecen los ojos. Aprieto más el abrazo mientras la atesoro con todo mi ser.
—Gracias —susurro—. Yo también cuidaré de ti.