No hay invierno sin primavera (Paradise island 3) 43 Amigo de la infancia
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43 Amigo de la infancia

Amigo de la infancia

FUYU

El encuentro con Haru tambalea mi mundo y agrieta los nuevos cimientos que he estado construyendo lejos de él.

No esperaba verlo aquí, en el Jackson Hole, y mucho menos acompañado de un chico. Un chico al que le ha cogido la mano sobre la mesa. Un chico al que ha invitado a comer…

Quizá sea verdad lo que dice y no sea más que un compañero de clase, pero verlo cenando con otro y no conmigo me remueve por dentro algo desagradable que creía enterrado.

Como cuando me dejó solo para irse detrás de Riley.

Aprieto los dedos alrededor de la jarra de cerveza, aunque no llego a beber. La conversación sigue a mi alrededor, pero las voces de Mayumi, Ryota y Saya me llegan amortiguadas, como si estuvieran en la habitación de al lado.

Amigo de la infancia.

¿Eso somos ahora? ¿Solo eso?

Solo su amigo de la infancia…

¿Pero qué iba a decir si no? ¿Qué somos hermanos? ¿Familia? ¿Pareja dándose un tiempo?

Yo mismo no sabía qué decir, porque explicar lo que es Haru para mí, explicar lo que somos el uno para el otro requiere más tiempo del que nadie está dispuesto a escuchar.

Amigo de la infancia no está mal. Es una categoría sencilla, cómoda, aunque dolorosa.

Un año. Solo me tengo que acostumbrar a ella por un año. Ya luego será mucho más que eso. ¿No?

Trago saliva y bajo la mirada al plato casi intacto que tengo delante. De pronto, el olor a hamburguesa, cerveza y patatas fritas me revuelve las tripas. Tengo la certeza de que si diera un bocado ahora mismo, acabaría vomitando todo.

—Eh, Fuyu. ¿Estás bien? —La voz discreta de Saya me llega como un susurro junto a un roce de su mano en mi brazo.

La miro y vuelvo al presente. Vuelvo a esta cafetería con mis tres compañeros sentados a la mesa, charlando y pasando un buen rato. Mayu y Ryo siguen con su conversación, pero Saya, a mi lado, me mira con expresión preocupada.

—Sí, estoy bien, solo… tengo que salir un momento. Disculpadme.

Me levanto antes de darle tiempo a contestar y salgo del restaurante porque necesito hablar con él. Tengo que hablar con Haru y aclarar esta situación antes de que la bola de pensamientos me consuma por completo.

Mis pies se mueven rápido, mi pulso se acelera y ni siquiera siento el frío cuando salgo a la calle.

«Ojalá no se haya ido todavía», repite una y otra vez mi cerebro mientras mis ojos buscan como locos las puntas rosadas de su pelo y su sonrisa llena de vida.

Y lo encuentro.

Pero no hay sonrisa, o al menos no la veo, porque tiene la cara escondida en el hombro de su compañero. Lo está abrazando y Toya le acaricia la espalda a Haru con suavidad.

Los cimientos de mi interior terminan de resquebrajarse y mi corazón vuelve al estado de derribo de hace unos meses.

Me doy la vuelta antes de que me vean y comienzo a andar sin rumbo por las calles de Chofu.

Me olvido del Jackson Hole y de mis compañeros.

Solo ando hacia ninguna parte mientras rumio el dolor y la decepción.

La visión se me humedece y las manos me duelen de apretar los puños.

Creía que iba a esperarme. Era en lo que habíamos quedado.

Yo me esforzaba por hacer una vida lejos de él y él me esperaba durante un año.

Fue Haru quien lo dijo, fue él el que insistió.

Me he estado esforzando por cumplir su petición…

Y ¿para qué? Él parece haberse olvidado de su promesa a la primera de cambio.

Se acabó.

Se acabó la promesa. Se acabó girar alrededor de su mundo. Se acabó construir una vida nueva solo para poder enseñársela el año que viene.

Si tengo que vivir, viviré.

Pero no por Haru.

Ya no.