40 Nuestro sonido
Nuestro sonido
FUYU
Es sábado por la mañana y, como siempre, me despierto temprano para atender los jardines.
Sé que no es necesario que esté en pie tan temprano en fin de semana, pero mi cuerpo ya está acostumbrado y quedarme en la cama dándole vueltas a todo no es una opción.
Así que me concentro en quitar las malas hierbas del huerto mientras paso revista al día de ayer.
Al parecer, a Ryota y a Mayumi les gustó la grabación que les mandó Saya y están muy ilusionados con la idea de convertirla en nuestro primer tema. La verdad es que es gratificante escuchar eso de mis compañeros y también estoy un poco nervioso y ansioso por ver qué sale de esa melodía.
—¡Eh, jardinero! —La voz de Saya me hace levantar la vista y dirigirla hacia ella.
Está apoyada en la barandilla que hay frente a los dormitorios de la segunda planta. Lleva el pelo alborotado, una camiseta grande de pijama negra y el móvil en la mano. Ella es la única de los de mi grupo que también se hospeda aquí, porque es de Sapporo y la escuela le queda demasiado lejos.
Me pongo de pie esperando que me diga qué quiere.
—Mayu le ha puesto voz a la canción. Me ha enviado un audio.
—¿Ya? —me sorprendo.
—Sí, te espero para oírla juntos.
Y antes de que termine la frase, estoy subiendo las escaleras hacia el dormitorio de Saya.
Ella se ríe al ver mis ansias y entra a su habitación. Yo me quito los zapatos en la puerta y la sigo al interior.
Su cuarto es como el mío, solo que adornado con algunos posters de grupos musicales que no logro reconocer.
—Siéntate. —Me ofrece su silla de escritorio y tapa la cama deshecha de mala manera y se sienta encima de la colcha—.
Perdona el desorden, pero me acabo de levantar.
Solo iba a ir al baño, he visto el mensaje de Mayu y se me ha ido todo el sueño.
—Sonríe—. Esa loca se ha quedado despierta toda la noche para acabarla.
—Venga, ponla ya.
Sonríe, coge el móvil, lo acerca a mí y reproduce la canción mientras lo sostiene en su mano. Yo me inclino hacia delante apoyando los codos en las rodillas, con la equivocada idea de que así puedo oír mejor. Ella imita mi gesto de forma que nuestras cabezas quedan a poca distancia.
Entonces la melodía empieza a sonar con nuestra grabación cutre, que ya he oído más de una vez, y la voz aterciopelada de Mayumi entra suave como una caricia intencionada.
Saya y yo cruzamos miradas por un segundo y luego volvemos a mirar el móvil.
Entonces la melodía cambia y se vuelve más acelerada y Mayumi empieza a rapear de una manera asombrosa.
Enlaza palabras unas con otras con una velocidad y estilo admirables.
Le da fuerza a su voz rompiéndola en algunas ocasiones.
Saya y yo nos volvemos a mirar y esta vez no apartamos la vista.
Ella abre la boca y frunce un poco el ceño en una expresión de sorpresa un poco divertida. Y seguimos oyéndola, cambiando de registro cuando la melodía lo requiere. La letra habla de libertad, de querer escapar de lo establecido, de lucha interior.
—¡Wooo! —exclama Saya cuando termina la canción—. ¡Es brutal! No sabía que Mayu podía rapear así. Tiene muchísimo flow.
—Yo tampoco lo sabía, pero me gusta. —Sonrío mientras me dejo caer en el respaldo de la silla—. Ponla otra vez.
Saya asiente y volvemos a escuchar la canción tantas veces que perdemos la cuenta.
—Cuanto más la oigo, más me gusta. Creo que con la batería de Ryota, la guitarra de Mayumi y algunos arreglos podría quedar muy bien —comento mientras pienso en las cosas que cambiaría de la melodía.
Saya asiente de acuerdo conmigo.
—Mayu dice que se pasará la mañana durmiendo, pero que por la tarde vendrá por aquí para que ensayemos. «Rydiota» fijo que aún está dormido y no se ha enterado de nada.
Me río entre dientes con el mote ingenioso que usa Saya para nuestro batería.
—Seguro que se presenta aquí en cuanto la oiga —preveo.
—¿Tú crees?... Como haya quedado con la novia, no sé yo…
—Cierto. —Para mi sorpresa, las palabras de Saya me causan una punzada de desilusión. De repente, tengo muchas ganas de tocar con mis compañeros y no me gustaría tener que esperar hasta el lunes—. Yo creo que, aun así, vendrá.
Se encoge de hombros.
—Ya veremos. ¿Tú vendrías si hubieras quedado con tu pareja?
Haru me viene a la cabeza en cuanto Saya me hace la pregunta y barajo la situación. Él me acompañaría hasta el estudio e intentaría quedarse para oírnos ensayar. Estoy seguro.
—Sí —respondo con firmeza y Saya se encoge de hombros.
—Vale. ¿Nos vamos a desayunar al centro? Así hacemos tiempo mientras estos se despiertan.
Lo medito por un segundo, no me hace especial ilusión meterme en el barullo del centro un sábado por la mañana, pero es mil veces mejor que quedarme en mi habitación esperando que llegue el momento del ensayo.
—Vale, me parece bien. —Me levanto con intención de irme.
—Ok, pues voy a cambiarme y nos vemos abajo.
Asiento y salgo de la habitación.
El resto de la mañana la paso con ella recorriendo las calles de Chofu. Comemos, visitamos algunas tiendas y hablamos de música. Me resulta fácil estar con Saya, tiene un ritmo tranquilo, parecido al mío y, para mi sorpresa, tenemos bastantes temas de los que hablar.
—Gracias por recomendarme todos esos grupos. Tengo muchas ganas de oírlos.
—Nada, para eso están los amigos. Además, luego podré comentarlos contigo es un win win, los dos ganamos. —Se encoge de hombros y a mí me deja con el eco de esa palabra en la cabeza.
«Amigos». ¿Es Saya mi primera amiga en Tokio?
¿La primera amiga que he hecho por mí mismo?
Quizás era a esto a lo que se refería Haru.
A tener a alguien con quien quedar aparte de él, a hablar de cosas que no hablo con él…
Mierda, ahora solo tengo ganas de llevar a Saya a la floristería y presentársela a Haru como un niño pequeño orgulloso de haber hecho su primera amistad.
El teléfono móvil de Saya suena y me saca de mis pensamientos. Mira quién la llama y descuelga, la cara de Ryota aparece en la pantalla.
—¡Ey, Ryo! —Saya se acerca a mí para que la cámara del móvil capte nuestros dos rostros.
—¡Tíos, tíos! ¿Dónde estáis? ¡Qué guapada la canción! Me pican las manos, quiero coger las baquetas y darle ritmo pero ya.
Sonrío al escuchar la emoción en la voz de Ryota.
—Estamos volviendo a la escuela, fuimos a dar una vuelta para hacer tiempo. ¿Vas a venir? ¿No estás con Yuki?
—Luego quedaré con ella, primero el ensayo. Lo entenderá, tengo la mejor novia del mundo. ¿Nos vemos en la sala de ensayo en media hora?
—Mayu no vendrá hasta la tarde, está sobando —informa Saya.
—Qué más da, ya se unirá, yo voy para allá, nos vemos.
Cuelga de la misma forma apresurada con la que llamó.
—Te lo dije —le recuerdo a Saya.
—Está bien, puede que no sea tan idiota después de todo. Pero el mote se le queda.
Me río y nos marchamos juntos para la escuela.
La experiencia de tocar la canción en directo los cuatro juntos resulta ser algo totalmente gratificante y absorbente.
Ryota enseguida se acopla a la melodía y la enriquece con su ritmo enérgico y Mayumi consigue ponerme los vellos de punta con cada palabra porque transmite mucho con su voz.
Aún nos queda bastante que ensayar y pulir.
Pero podría acostumbrarme. Podría acostumbrarme a estar entre estas cuatro paredes con estas tres personas, creando y compartiendo algo.
Es más, creo que no quiero dejar de hacerlo.
—Chicos… —Mayumi toca el último acorde en su guitarra y mira a cada uno de nosotros, todavía con la respiración agitada—. Creo que lo hemos encontrado. Hemos encontrado nuestro sonido.
Ryota levanta las baquetas como si hubiera ganado una medalla de oro. Saya sonríe de lado.
Y yo, por primera vez desde que llegué a Tokio, siento que formo parte de algo.