36 Talento
Talento
FUYU
Me tiemblan las manos cuando cojo el shamisen y me siento frente a los señores Sasaki, los directores de la escuela de música.
¿Por qué estoy nervioso? Normalmente, tocar frente a la gente nunca me ha afectado de esta manera…
Claro que tampoco he tenido esta clase de público; siempre han sido mis hermanos y mis amigos, de fondo, en un segundo plano, mientras ellos seguían con sus cosas.
Quizás sea porque no me prestaban atención o, al menos, no tanta como ahora, donde todo mi futuro próximo depende de cómo toque el instrumento que tengo en mis manos.
¿Y si no tengo talento?
La verdad es que nunca me ha importado eso.
Nunca he pensado si era capaz o no de tocar una melodía correctamente.
Para mí, la música siempre ha sido algo natural, algo que hago porque lo necesito, como comer, dormir o hablar con Haru.
Entonces, no me debería importar lo que piensen unos extraños de ella, ¿no?
Me siento en la silla frente a los profesores e inspiro con profundidad para tranquilizarme. Toco las cuerdas una a una para comprobar si está afinado. No lo está del todo, así que me pongo a afinarlo. Cuando ya está listo, inspiro de nuevo y comienzo a tocar.
Cierro los ojos con fuerza cuando fallo la primera nota. Me sudan las manos y me cuesta pulsar las cuerdas. Me salgo del ritmo y todo comienza a ser una sucesión de notas caóticas que intentan formar una melodía que no llega ni al nivel de una canción de patio de colegio.
Mierda.
Dejo de tocar un segundo y me seco las manos en los pantalones.
—Lo siento —me disculpo, y espero que me digan que me vaya, que este sitio no es para mí.
—No te preocupes. Son cosas del directo —bromea el señor Sasaki.
—Dime una cosa, Fuyu-san —continúa su mujer en un tono de voz calmado y cálido que me hace mirarla con expectación—. Normalmente, ¿para qué tocas?
—¿Cómo? —pregunto, confuso.
Su marido sonríe con complicidad y baja la cabeza a su cuaderno de notas.
—Sí, ¿cuál es la razón que te impulsa a coger un instrumento y crear música?
Inmediatamente pienso en ese primer día, cuando Haru me llevó a las clases de shamisen del señor Amasaki, y noto un calor en el pecho al recordar su sonrisa. En un principio, mi motivación fue que Haru pudiera bailar libremente, pero poco después se convirtió en una necesidad para mí.
—Me calma… La música es mi forma de soltar lo que llevo aquí. —Me pongo la mano con la que sujeto el bachii en el centro del pecho, y parece que le gusta mi respuesta, porque sonríe.
—¿Y qué llevas ahora, Fuyu?
—¿Qué?
—¿Qué llevas ahora aquí dentro? —Se toca el pecho imitando mi movimiento—. Concéntrate en eso y cuéntanoslo.
Asiento y cierro los ojos. Inspiro de nuevo para tranquilizarme mientras me concentro en pequeñas cosas: el peso del shamisen en mis manos, los rayos de sol que se filtran por la ventana y calientan mi piel, el canto de los pájaros que me llegan lejanos a través del cristal…
Por un momento, me olvido de dónde estoy y empiezo a tocar como si estuviese solo en la cabaña.
Las primeras notas son las que más me cuestan.
Suenan lentas, tristes como un lamento hecho melodía, son las que se encargan de abrir esta pesada puerta que tengo en el pecho.
Poco a poco, se van uniendo más notas y el ritmo cambia, ahora es más enérgico y agresivo.
La tristeza se difumina poco a poco y da paso a la rabia.
Ya no es un lamento, ahora es una batalla, esa en la que estoy inmerso desde que Haru se fue de Rakuen.
No me detengo y dejo salir toda esa ira, esa frustración, todo ese dolor e incomprensión que llevo dentro.
Mis manos emiten los sonidos que mi boca no puede.
Grito con ellas. La compuerta de mi pecho ahora está abierta de par en par y las notas salen a borbotones de ellas porque no puedo pararlas.
La melodía es frenética y enérgica. Se acelera con prisa buscando ese alivio, ese algo, esa descarga que siento cuando la canción llega su punto álgido.
Una pausa.
Un silencio que necesito para respirar y llenar mis pulmones al máximo.
Y de nuevo, más notas, pero ahora son más tranquilas, más ordenas.
Hay paz y se siente como esa calma que llega cuando pasa una tormenta de invierno.
Sigo tocando, cada vez más lento, más tenue, hasta que la melodía se apaga y se funde en un silencio reparador.
Mi pecho vuelve a cerrarse, pero ahora, más liviano y ligero.
Escucho un murmullo y solo entonces recuerdo dónde estoy.
Abro los ojos.
No sé cuánto tiempo ha pasado, si lo he hecho bien o no. No sé leer las expresiones de los directores frente a mí. La señora Sasaki empieza a aplaudir y el señor Sasaki se seca las lágrimas con la palma de la mano y hace lo mismo.
En mi interior, siento como una ola… Una ola que va desde mis pies hasta mi estómago. Algo que no sé qué es, pero me reconforta.
—Madre mía, chico, tienes algo especial —dice el señor Sasaki.
—Ha sido precioso, Fuyu —continúa su mujer.
—Entonces, ¿lo he conseguido? ¿Me puedo matricular en la escuela?
—Pues claro, la plaza es tuya.
Cuando salgo del edificio, lo hago con una sutil sonrisa en los labios y el pecho caliente.
Estoy aliviado por estar un poco menos perdido que esta mañana, por tener una siguiente cruz en el mapa y por poder aferrarme a una nueva rutina.
Me quedo un rato de pie, parado en la calle, como un pasmarote, mientras asimilo todo.
Ya tengo un lugar al que mudarme y me harán falta mis cosas lo antes posible.
Saco el móvil del bolsillo, impulsado por la impaciencia, y creo un chat de grupo para poder comunicarme a la vez con mis hermanos.
Ya hay muchos grupos en los que estoy, pero en todos está Haru, y no es con él con quien quiero hablar en este momento…
Bueno, sí, en realidad es precisamente con el que más ganas tengo de hablar, pero no puedo hacerlo por eso de dejarle espacio.
Así que nombro al grupo «Mudanza» y meto a Aki y a Natsu en él.
Fuyu
Hola
Natsu
¿Tempanito ha creado un grupo? ¿Quién se ha muerto?
Ya está el idiota de Natsu como siempre. Prefiero ignorarlo que caer en sus provocaciones.
Fuyu
Es que necesito vuestra ayuda y así es más rápido hablar con los dos a la vez.
Aki
Claro, ¿qué necesitas? ¿Estás bien?
Natsu
Ten cuidado, Fuyu, que, como te descuides, Aki te manda un tráiler de táperes a Tokio para que comas calentito.
Aki
Ahora mismo los estaba preparando.
Natsu
puto ciervo.
Fuyu
Aki, no necesito que me mandes comida, como bien en Tokio.
Aki
Era broma, Fuyu
Fuyu
Ah
Natsu
Tío, normal que se lo crea, es totalmente creíble
Fuyu
Solo necesito que me mandéis mis cosas, las que dejé empaquetadas en la cabaña.
Aki
¿Ya has encontrado casa?
Fuyu
Sí, me mudo.
Natsu
¿Dónde?
Fuyu
A una escuela de música. Empiezo las clases en abril y hay dormitorios para los estudiantes.
Natsu
¡La hostia! Planazo, tío . Aki, el niño se nos hace mayor.
Fuyu
Y tú, ¿cuándo te vas a hacer mayor, estúpido?
Aki
Ahí te ha dado, Nat.
Natsu
jaja (risa falsa carente de toda gracia, obviamente)
Aki
Fuyu
Fuyu
¿Qué?
Aki
Pásanos la dirección y mañana te enviaremos tus cosas. Estoy orgulloso de ti.
Escribo la dirección de la escuela y me guardo el móvil mientras saboreo estas últimas palabras de Aki. Creo que es la primera vez que me dice eso, y la verdad es que sienta muy bien.