No hay invierno sin primavera (Paradise island 3) 33 Resaca emocional
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33 Resaca emocional

Resaca emocional

HARU

Vuelvo a mirar el móvil por si Fuyu me ha contestado al mensaje que le escribí anoche, pero no hay suerte. El chat sigue vacío.

Está enfadado conmigo… Normal. Al menos sé que ha dormido bajo techo porque Natsu me informó de que había encontrado un hotel en Asakusa.

Suspiro con pesar por enésima vez en el día y me siento detrás del mostrador, me dejo caer en el taburete como si pesara una tonelada.

Estoy en la floristería haciendo el turno de la mañana.

Todo está precioso y huele de maravilla, pero ni todas las flores del mundo podrían animarme hoy.

Y pensar que ayer estaba besándome con el amor de mi vida entre esos cubos de margaritas y que hoy, en cambio, estoy lamentándome por haberlo perdido…

—¡Uy, qué cara! —La voz de Natsuki me hace levantar la vista del móvil y fijarla en ella.

Acaba de entrar junto a Haruka, porque tienen que hacerme el relevo. Intento sonreír para que no se preocupen, pero fracaso estrepitosamente porque Haruka me mira con las cejas fruncidas y se acerca al mostrador. Me agarra la barbilla con una mano y me observa fijamente.

—Esto es mal de amores —sentencia.

—¿Qué va a ser mal de amores? Es cara de cansancio porque habrá tenido una noche la mar de entretenida con su amor de la infancia. ¿Verdad, Haru-kun?

Intento contestarle a Natsuki, pero me tiembla tanto el labio que no puedo hablar. El corazón me duele mucho, contraigo todo el rostro y comienzo a llorar aún con la mano de Haruka sujetando mi cara.

—¡Ya está! Ya la has liado, Natsuki, lo has hecho llorar —la riñe Haruka mientras da la vuelta al mostrador y me acoge entre sus brazos.

Yo agradezco el consuelo, me abrazo a ella y me refugio en el hueco de su cuello.

—Pero si yo no he hecho nada —se defiende la rubia.

—Pues claro que has hecho, te he dicho que tenía mal de amores y tú le has recordado esa noche maravillosa que, obviamente, no ha tenido.

—¿Y yo cómo iba a saber eso?

—¿Pues no has leído el ambiente?

—Ya estás otra vez con que no sé leer el ambiente…

—¡Es que no sabes!

—¿Y tú? ¡No pierdas el tiempo riñéndome y consuela a tu amigo!

Haruka me aprieta más fuerte y frota mi espalda de arriba abajo.

—Ya, ya, bonito, estamos contigo. Desahógate, y cuéntanos que ha pasado.

Después de la frase de Haruka, siento la mano de Natsuki acariciar mi pelo.

La verdad es que agradezco el consuelo, pero decido separarme de ellas porque, si no, no pararé de llorar en todo el día y no quiero eso.

Me enjugo las lágrimas con las mangas de mi sudadera, aunque, en realidad, no es mi sudadera, es la de Fuyu.

Se la dejó ayer colgada en la percha del baño y me la puse porque es calentita y aún conserva su olor.

Sacudo la cabeza hacia los lados para deshacerme de las imágenes de anoche y dejar de llorar de una maldita vez.

—Es mal de amores, como dice Haruka-chan —digo en un murmullo sin levantar la mirada del suelo.

—Pero ¿qué ha pasado? Si ayer estabais aquí que os comíais el uno al otro.

—Ya… —Levanto la mirada y miro a Natsuki—. Pero hay un problema que no tuve en cuenta: soy malo para Fuyu.

—¿Cómo vas a ser malo para Fuyu? Tú no podrías ser malo para nadie ni esforzándote. ¿Te ha dicho él eso? —gruñe Haruka, protectora, y yo le bajo el puño que acaba de levantar.

—No, no, él no ha dicho nada. Él es la persona más buena que hay en el mundo. He sido yo el que ha tomado distancia.

Las dos se quedan calladas, observándome durante unos segundos.

—Tienes razón, petalito… No sé leer el ambiente.

Me río un poco entre dientes porque estas chicas son divertidas hasta cuando no quieren serlo.

—Es que es complicado y confuso, pero todo tiene sentido —aclaro y les cuento lo que pasó ayer sin pararme mucho en los detalles porque, una vez más, no quiero recrearme en los buenos momentos para no flaquear en mi decisión, y ellas escuchan atentas toda la historia—.

Así que aquí estoy como el estúpido desgraciado que soy, mirando el móvil por si decide regresar y oliendo su sudadera para no sentirme a mil millones de kilómetros de distancia de él.

—Qué manera de complicarse la vida… —concluye Natsuki y Haruka la reprende con la mirada—. ¿Qué? No me mires así, petalito. Si tengo razón. Por eso no me gustan los mangas shojo⁠i, porque siempre pasan este tipo de cosas.

—Haru lo está protegiendo, es totalmente comprensible.

—¿Comprensible? Lo lógico es que, cuando ambas personas se aman, estén juntas. Fin. ¿Para qué perder el tiempo?

—No es todo tan fácil, Natsuki.

—Lo nuestro fue fácil.

—Lo nuestro sí, pero no siempre es así.

Empiezo a reírme y ambas paran de hablar y fijan la mirada en mí con expresión extrañada.

—Perdón, es que me encanta cuando os olvidáis de mí y os ponéis a discutir entre vosotras como si no estuviera. Al principio me molestaba un poco, pero ahora entiendo que es parte de vuestra química y me parece hasta bonito —explico.

—Perdón, es que esta mujer me distrae —dice Haruka y Natsuki aparta la mirada con las mejillas coloreadas mientras se esfuerza por no sonreír—. A ver, Haru, me parece bien que quieras darle su espacio a Fuyu, pero si lo vas a hacer, hazlo de verdad. Nada de ir a medias.

—Lo estoy haciendo de verdad —me defiendo.

—No, estás intentando controlar la situación desde lejos. Y escribiéndole mensajes para ver cómo está.

—Es que quiero saber cómo está.

—Pues no hagas eso, dame el móvil.

Se lo doy porque me da miedo decirle que no ahora mismo, al final va a ser verdad que es Aries…

—Desbloquea. —Vuelvo a hacer lo que me pide mientras miro sobre su hombro la pantalla.

Cambia el nombre de Fuyu de la agenda por «No lo molestes, pesado» y me lo devuelve con la risa ahogada de Natsuki de fondo.

—Pe-pero… —La miro con la boca abierta.

—Ahora la sudadera. —Apremia con gestos de la mano—. Venga, quítatela.

—¿Para qué? Tengo que devolvérsela. —Me abrazo a mí mismo con temor.

—Ve a otra con ese cuento. No se la pensabas devolver, no mientas. Venga, dame la sudadera, hazle caso a tu jefa o me obligarás a despedirte.

—¿Qué…? ¿Pero…? —Miro a Natsuki suplicando ayuda con los ojos.

—Hazle caso, Haru-kun. No quieres verla enfadada —me aconseja.

Y yo resoplo, frustrado, y acabo quitándome la prenda y dándosela a Haruka. Me abrazo a mí mismo porque me quedo helado de repente.

—Es por tu bien. —Le da la prenda a Natsuki y ella se quita su sudadera oversize violeta, me la da a mí y se pone la de Fuyu.

La miro con lágrimas en los ojos mientras me pongo la prenda.

—No me la pierdas, que me encanta —me dice.

—Te la traigo cuando la lave. No pierdas tú la de Fuyu, que a mí también me encanta.

—No la perderé, pero ya es mía. Al menos hasta que termines con tu plan de estar separados. Te la devolveré cuando estéis juntos de nuevo. Porque seguro que lo estaréis, por mucho que os apetezca complicarlo todo.

—Gracias, chicas —susurro con la voz cortada porque, aunque ahora mismo esté muy triste, sé que lo están haciendo por mi bien.

Haruka vuelve a abrazarme.

—Todo saldrá bien, Haru-chan. Ya lo verás.

Y, mientras la abrazo, me aferro a sus palabras y deseo de todo corazón que tenga razón. Está en lo cierto, si quiero que Fuyu haga su vida por sí mismo, no puedo estar pendiente de él en la distancia. Solo espero que vuelva a mí cuando ya esté listo y no se distancie para siempre.