31 Con el corazón roto
Con el corazón roto
HARU
El beso de despedida de Fuyu me deja con las piernas temblando.
Cuando se va, cierro la puerta, apoyo mi espalda en ella y me siento en el suelo.
El silencio del apartamento me golpea. Todo huele a él, a esa mezcla de jabón y naturaleza.
Me llevo la mano a los labios en un vago intento de sostener el calor de su beso.
Luego me encojo sobre mí mismo y me pongo a llorar porque parece ser que todavía no he llorado lo suficiente hoy.
Me pregunto si alguna vez se me acabarán las lágrimas o seguiré siendo un llorón toda mi vida.
Me duele separarme de Fuyu. Sus besos y su confesión me han hecho muy feliz. Muchísimo, y ojalá pudiera dejarme llevar y empezar una relación con él, pero no sería lo correcto.
No quiero que viva para mí, quiero que tenga su propia vida a pesar de mi persona; es lo sano…
, aunque encuentre otra que le guste más por el camino.
El sollozo me sale de la boca solo de pensar siquiera en la posibilidad de perderlo, de perder mi oportunidad de estar con él.
Pero el mejor camino no siempre es el más recto, aunque parezca lo más obvio.
Cuando escuché que su único plan era estar conmigo, me vinieron a la cabeza las palabras de Akihiko-senpai y todo eso que me dijo del pájaro y la jaula de oro.
Soy su maldita jaula y no quiero eso, quiero ser el viento que le ayude a volar.
Si sigo con esto, vivirá solo para mí. Se conformará con cualquier trabajo y se dedicará cien por cien a hacerme la vida más bonita y fácil mientras se olvida de la suya.
Y no quiero eso para él, lo quiero demasiado como para atarlo a mí de esa manera.
Me quedo mirando la puerta del baño mientras me viene a la cabeza todo lo que ha ocurrido ahí dentro hoy… No debería haberle dejado ir tan lejos, debería haberle escuchado antes… Mierda… Pero ha sido tan bonito y especial…
Me levanto y busco mi teléfono: quiero llamarlo y decirle que vuelva, que me he equivocado, que podemos intentarlo, pero no lo hago.
Ignoro la tentación y, en lugar de eso, llamo a mi mejor amiga, a la mujer más buena y sabia que conozco, que resulta que también es mi cuñada.
Necesito escuchar su opinión madura y que me diga que no me he equivocado en todo esto.
Me seco los restos de lágrimas que me quedan, suspiro un par de veces para tranquilizarme y la llamo. El móvil suena uno, dos, tres tonos y contesta una voz demasiado familiar para mí que no es la de ella.
—¿Qué pasa, florecilla? ¿Te ha gustado la sorpresa? —dice Natsu despreocupado, y a mí toda la tristeza se me convierte en cabreo.
—¡¿Qué sorpresa?! ¡Maldito idiota, te chivaste! Te dije que no le dijeras nada a Fuyu, confié en ti y, aun así, se lo dijiste. ¡Hicimos una promesa de meñique! ¡La promesa de meñique es sagrada! Podrías haberme consultado antes, ¿sabes? Pero no, tuviste que actuar por ti mismo y joderlo todo.
—Eh, eh, eh, eh… Quieto ahí, florecilla. No te sulfures, que yo no he hecho nada malo.
—¿Dónde está Jacquie? Ponme con ella.
—¿Qué ha pasado? ¿No ha salido bien? Pero si era imposible que no saliera bien. Estáis los dos colados el uno por el otro; Fuyu estaba más mustio que una ensalada al sol. Hice lo que tenía que hacer, no me eches la culpa de vuestros malos rollos.
—Pásame con Jacquie, no quiero hablar contigo ahora mismo —refunfuño, porque soy consciente de que me estoy pasando, de que estoy pagando mi cabreo con él, pero es lo que me viene bien ahora mismo.
—¿Para qué? Está en el baño, no puede ponerse —lo dice con ese tono de tocapelotas que usa para fastidiar.
—¡Mentira! Natsu, déjame hablar con mi amiga, maldito gato idiota. Yo la vi antes que tú; no la acapares.
—No, cuéntamelo a mí también, conejo estú…
—¿Quién es? —Escucho la voz de mi amiga de fondo.
—¡Jacquie! —grito su nombre para que pueda oírme a través del teléfono, aunque no lo tenga ella.
—¿Es Haru? —Escucho el manotazo que le da a Natsu y cómo le quita el móvil—. ¿Qué pasa, cielo?
—Jacquieeeee… —Absorbo los mocos que amenazan con salir de mi nariz; mierda, otra vez estoy llorando—. He estado con Fuyu y…
—¿Y qué?, ¿qué ha pasado? —pregunta preocupada.
—Hemos cortado.
—¿Que habéis cortado? ¿Pero habéis siquiera empezado?
—Sí, o sea, no… Me lo pidió después de confesarnos.
Me besó en la floristería como nunca me han besado y yo sentí muchas cosas.
Sentí que tenía fuegos artificiales en el pecho explotando por la emoción.
Sentí que estaba en el lugar correcto por primera vez en mi vida, que no hay otros labios para mí que no sean los de Fuyu y que quiero pasar toda la eternidad con él.
Quería abrazarlo, comérmelo a besos, fundirme en su cuerpo…
Es tan dulce… —Suspiro con pesar—. Pero, a la vez, me sentía tan culpable…
Me consoló y me dijo que todo estaba bien, que daba igual si éramos yosei o humanos mientras estuviésemos juntos, pero luego le pregunté qué planes tenía, qué quería hacer ahora que tenía el mundo a sus pies. ¿Y sabes lo que me dijo?
—¿Qué te dijo?
Hago una pausa para limpiarme la nariz.
—Que su único plan era estar conmigo. ¡Aaah, Jacquie…! ¡¿Te lo puedes creer?!
—Tío, pero si eso es superromántico, ¿qué tiene de malo? —pregunta Natsu—. No me lo esperaba de tempanito.
—¡Nat! —lo riñe Jacquie—. Lo siento, Haru, me hizo poner el manos libres, también está preocupado por ti —se disculpa.
Y yo sorbo los mocos porque ya me da igual que se entere mientras tenga a mi amiga al otro lado del teléfono. Total, se lo iba a contar tarde o temprano también.
—Da igual… Pero no es bonito que no tenga más planes que yo, eso no es sano, ¿no crees?
—Mami, ¿qué le pasa al tío Haru? ¿Está llorando? —La voz de Derek se cuela también por el móvil y me hace sonreír un poco porque son un show de familia—. ¿No ha funcionado la madera de novio que le dimos al tío Fuyu? Podemos enviarle una al tío Haru también.
Me río entre lágrimas por las palabras de Derek, ese crío es tan lindo…
—Derek, vuelve a tu cuarto, cielo, es hora de dormir y esta conversación es de mayores. Espera un momento, Haru. —Escucho ruido de fondo, como si se estuviese moviendo, y luego la voz de Jacquie más cercana—. Ya, ya estoy sola, sigue contándome.
Y le cuento todo lo que ha pasado; me desahogo con ella durante largos minutos y espero a que su veredicto me alivie el corazón.
—Te entiendo, Haru, creo que has tomado la decisión más madura, a pesar de ser la más difícil. Tienes todo mi apoyo, cielo.
Jacquie me dice justo las palabras que necesito oír, pero no me alivian nada; mi decisión sigue doliendo.
Quizás hubiera sido más fácil que me hubiera dicho que no tengo razón para poder ir tras Fuyu…
Madurar duele, ser responsable no mola nada.
Pero ahora estoy seguro de que, al menos, he hecho lo correcto.
—Gracias, Jacquie.
—Creo que de verdad acabaréis juntos, porque estáis hechos el uno para el otro; solo que quizás no sea el momento todavía.
—Ojalá sea así.
—¿Estás mejor? ¿Quieres que vaya este finde a verte?
Su bondad me vuelve a encoger el corazón.
—No, no te preocupes, de verdad, con haber podido hablar contigo me basta. Muchas gracias, Jacquie. Gracias por estar ahí.
—No tienes que darlas, tonto.
—¿Puedes pedirle a Natsu y a Aki que estén pendientes de Fuyu?
—Claro, aunque creo que no hace falta que se lo diga; los dos llevan todo el invierno preocupados por vosotros. Nat se hace el duro y el pasota, y le gusta picaros a todos, pero luego es el primero que está ahí para sus hermanos.
Me hace reír porque es verdad.
—Ay, le he hablado fatal; le pides perdón en mi nombre.
Se ríe con cariño.
—Claro.
—Bueno, te dejo, gracias una vez más.
—Hasta luego, cielo, llámame con lo que sea.
Y cuelgo.
El vacío de la habitación me golpea. Tengo que salir de aquí, despejarme o seguiré llorando eternamente.