No hay invierno sin primavera (Paradise island 3) 28 La primavera trae cosas buenas
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28 La primavera trae cosas buenas

La primavera trae cosas buenas

HARU

Las palabras de Fuyu me hacen sentir tanto que me duele el pecho. Por un lado, siento alegría y alivio cuando me confiesa su amor, pero, por otro, me siento triste y culpable, porque cambié su vida sin que él quisiera hacerlo. Hice las cosas fatal y, por mi culpa, Fuyu lo está pagando.

—No, yo lo siento. —Alargo la mano y agarro la suya por encima de la mesa, porque necesito tocarlo, aunque sea un poco—.

Cuando me di cuenta de que sentía cosas por ti, me dio miedo, porque, ya sabes…

, siempre nos hemos llamado hermanos y, no sé, era raro, creía que había algo mal conmigo. ¿A ti no te incomoda eso?

Fuyu desvía la mirada hacia nuestras manos y me acaricia con el pulgar. Su voz suena clara y con convicción, como siempre.

—Yo ya soy raro de por sí… No sé, para mí siempre has sido familia, pero no como Aki o Natsu. Tú eres mucho más, Ha-chan…, tú siempre has sido mi todo, la persona que más quiero, lo que más me gusta del mundo…

Se me encoge el corazón al escucharlo y aprieto más la mano en mi agarre, como si tuviera que sostenerme a algo para no tocar el cielo.

—Tú tampoco eres como Natsu o Aki para mí —me apresuro a decir—. Tú siempre has sido especial, pero no me daba cuenta porque mi mente no concebía esa posibilidad y estaba demasiado distraído buscando fuera lo que tenía al lado.

Vuelve a clavar su mirada clara en mis ojos con expresión seria, pero no de enfado, sino más bien de concentración, de estar tomándose esto super en serio, y sonrío porque me provoca ternura.

—Entonces, ¿quieres ser mi pareja? Me refiero a en plan romántico.

Mi sonrisa se ensancha y asiento. No hay nada que quiera más en esta vida. Pero, aun así, lo pico un poco, porque me encanta su inocencia camuflada de seriedad, su pureza.

—¿Tu novio dices?

—Eso. —Asiente sin cambiar la expresión—. ¿Quieres ser mi novio?

—Claro que quiero.

Fuyu relaja el ceño, suspira con alivio y me regala la sonrisa más bonita que he visto jamás. Me limpio con la mano libre el par de lágrimas que derramo de nuevo.

—Entonces, ¿puedo besarte ya?

—No. —Me río—. Luego, aquí no están bien vistas las muestras de afecto en público.

La gente en Rakuen tiene una mezcla de culturas variada y es más abierta que en Tokio en estos temas.

En parte por eso te he traído aquí y no a casa, para tener una excusa para no comerte a besos nada más entrar y poder mantener una conversación civilizada.

—Cierra los ojos suspira con profundidad como si intentara mantener la calma antes de abrirlos de nuevo—.

Primero quiero saberlo todo. ¿Cómo fue despedirse de tu animal espiritual?

¿Te dolió? ¿Desde cuándo se supone que te gusto?

¿Eso quiere decir que también eres gay? —Me obligo a callarme porque tengo mil preguntas más rondando por mi mente y no quiero abrumarlo.

—Pues no sé si soy gay. —Se encoge de hombros—. Solo sé que me gustas tú, desde siempre, supongo. Y decirle adiós al lobo fue duro y doloroso, pero no más que cuando dejé de sentirte a ti como yosei.

Le vuelvo a dar un apretón en la mano mientras noto la punzada de culpabilidad en el pecho. Imaginarlo despidiéndose de su lobo interior me pone muy triste, porque sé lo importante que era para él nuestro animal espiritual, nuestra conexión con la naturaleza y entre nosotros.

—Lo siento, intenté convertirme de nuevo en espíritu estacional, ¿sabes?

Para volver a Rakuen contigo y que todo fuera como antes, pero la Diosa no apareció, ni siquiera le pude exponer mis razones para convencerla.

Pensaba que, como quería cambiar por amor, me concedería el deseo, pero no fue así.

Siento que tú hayas tenido que convertirte en humano por mi culpa.

—Deja de pedir disculpas, Haru. Pretender comprender a los Dioses es una pérdida de tiempo, son superiores a nosotros, tendríamos que ser como ellos para entender sus decisiones; por eso prefiero pensar que, si Yamanba-sama nos convirtió en humanos a todos, fue porque era nuestro destino.

Me sobreviene un sollozo y dejo caer la frente en la mesa. Fuyu me acaricia la cabeza con cariño.

—No llores más, está todo bien. Volvemos a estar juntos, ¿qué más da si es siendo yosei o humanos? Ahora podemos hacer un montón de cosas nuevas. Puedo acompañarte a todos esos sitios donde quieres ir y vivir todas esas experiencias contigo sin tener que verlas a través de una pantalla.

Levanto la cabeza y le sonrío, porque tiene razón: ahora podemos hacer un montón de cosas juntos y un montón de planes.

—Ay sí, eso me hace mucha ilusión. Yo también te acompañaré a ti a donde quieras como un buen novio.

Fuyu sonríe y me contagia la sonrisa. Tengo un millón de ganas de saltar la mesa y sentarme a su lado para besar sin descanso esa boca tan bonita que tiene.

Empiezo a arrepentirme de lo del restaurante, pero, por otro lado, también lo estoy disfrutando.

Es mi primera cita con él. Así que decido ignorar esa punzada de culpabilidad en mi pecho y camuflarla con la felicidad que me produce tenerlo en frente.

Tengo que disfrutar de su compañía después del gran esfuerzo que ha hecho. Por él. Por los dos.

—Me encanta —digo y suelto su mano para coger los palillos.

—Si aún no has probado la comida, ¿cómo sabes que te encanta? —Se ríe.

—No me refería a eso —digo antes de llevarme el ramen a la boca—. Aunque sí, esto también me encanta. —Cojo un poco más de ramen con los palillos y lo acerco, junto al bol, a la boca de Fuyu para que también lo pruebe.

—¿Entonces a qué te refieres? —pregunta y come lo que le estoy ofreciendo. Asiente para indicarme que tengo razón en cuanto a la comida.

—Me refería a la fecha. Me encanta que nuestro aniversario como pareja vaya a ser el primer día de primavera.

Fuyu traga la comida y sonríe enseñando su perfecta dentadura.

—Me gusta eso. La primavera siempre trae cosas buenas.