27 Juntos
Juntos
FUYU
—Quiero enseñarte mil cosas, pero creo que primero tenemos que hablar, ¿no te parece?
—dice Haru cuando ya llevamos unos minutos andando en silencio y yo asiento sin soltar su mano—.
Perdona si estoy raro, pero sigo un poco en shock con todo esto.
No esperaba que vinieras a verme a Tokio, no esperaba que te convirtieras en humano ni mucho menos que me besaras de esa manera…
Pfff, aún me tiemblan las piernas, no sé ni cómo me mantengo en pie.
—Se ríe inquieto mientras se lleva la mano que tiene libre al corazón—.
Guau, ha sido… Ay, Dios, otra vez estoy hablando demasiado, perdón…
Estoy un poco nervioso, ¿sabes? —Desvía la mirada hacia el camino y yo le doy un apretón en la mano para llamar de nuevo su atención.
—No pasa nada. Aunque no lo creas, he echado de menos oírte divagar en voz alta como una cotorra —bromeo para relajar el ambiente.
Él infla los mofletes para fingir que le ha molestado mi comentario, pero lo conozco tan bien como para saber que nada más lejos de la realidad, así que seguimos caminando sin rumbo fijo.
—… Yo también estoy un poco nervioso —digo tras unos segundos de silencio.
Haru me mira de soslayo y sonríe. Entonces mi estómago gruñe porque de repente me ha entrado toda el hambre que no he tenido estos días y su sonrisa se convierte en un rayo de sol que ilumina su rostro, como si se le hubiera encendido una bombillita en la cabeza.
—¿Te parece bien si vamos a comer algo? Hay un restaurante por aquí cerca donde sirven un ramen que te va a encantar. Ay, qué bien, ahora podré disfrutar de la comida contigo en vivo y en directo y no a través de la pantalla del móvil.
—Me parece perfecto, vamos a donde quieras. —No puedo evitar sonreír contagiado por su entusiasmo; de hecho, empiezo a notar dolor en las mejillas y me encanta.
El restaurante es acogedor, con un estilo de decoración sencillo y un hilo musical agradable.
No hay muchos clientes, cosa que agradezco, solo algunas personas solitarias comiendo en la barra.
Saludamos al entrar, sigo a Haru hasta el fondo y nos sentamos uno frente al otro en una de las mesas.
La camarera no tarda en llegar, nos deja las cartas y nos sirve agua.
—Hay poca variedad, pero todo lo que he probado está muy rico —dice Haru cuando se va la chica.
Abro la carta y me abrumo inmediatamente.
—¿Poca cantidad?… Me sobran como diez platos por lo menos.
—¿Qué exagerado eres? No son tantos. Bueno, si lo comparas con el puesto de la señora Yoshida en Rakuen sí que son muchos, pero, si lo haces con otros restaurantes en los que he estado, esto no es nada.
Vuelvo a mirar la carta, pero las letras empiezan a desdibujarse en mi cabeza.
Hay demasiadas opciones, demasiados nombres que no conozco, demasiadas combinaciones posibles que no quiero estudiar ni barajar ahora mismo.
Haru parece moverse con soltura por aquel pequeño universo de platos, pero yo solo me siento perdido en él.
—¿Qué vas a pedir? —le pregunto al levantar la vista de la carta.
—Estaba pensando en probar el miso picante. Aunque también tienen uno con ajo negro que está increíble, pero ese ya lo he probado, quiero algo nuevo. ¿Y tú? ¿Lo sabes ya?
—Sí, el shoyu ramen con chashu.
—Pero si es lo que siempre pides en Rakuen. —Abre la boca con decepción, aunque su expresión no tarda mucho en cambiar a una sonrisa cálida.
—Es el que me gusta, ¿para qué cambiar? —Me encojo de hombros.
—Vaaale. —Sonríe y levanta el brazo para llamar a la camarera.
Cuando viene, le dice los dos platos que queremos y agrega uno más con carne de ternera rebozada.
Lo miro extrañado porque él no come carne, no le sienta bien. No hace falta que ponga mis pensamientos en palabras porque Haru, una vez más, parece que me lee la mente.
—Para que no te vayas de aquí sin probar algo nuevo, heladito de nata.
—Se rasca la nariz y me regala una sonrisa traviesa, y yo meneo la cabeza divertido.
Haru sigue siendo el mismo de siempre, a pesar de que ha cambiado su naturaleza de yosei por la de humano y de que llevaba unos tres meses sin verlo.
Apoyo la cabeza en mi mano y simplemente lo observo sin decir nada. La luz entra por la ventana e ilumina su pelo de una forma preciosa, sus ojos siguen teniendo el mismo brillo de siempre y su sonrisa sigue calmando mi alma como una taza de té caliente en invierno.
—¿Qué? —pregunta sonriendo.
—¿Qué de qué?
—¿Qué miras?
—A ti, no tengo nada mejor que mirar que a ti. Siempre.
—Fuyu… —me regaña, aunque su risa le quita importancia a la reprimenda y termina escondiendo la cara entre las manos—. Pues mira a tu alrededor, que estás en un sitio nuevo y te lo estás perdiendo.
—Prefiero mirarte a ti, gracias —bromeo y le quito la mano con la que se cubre medio rostro.
—Para ya. —Se ríe y me da un toque en el brazo.
—¿Que pare qué?
—De lo que quiera que estés haciendo… Me estás confundiendo y tenemos que hablar.
Voy a contestarle, pero la chica nos interrumpe para servirnos nuestros platos. Los deja frente a nosotros. Todo tiene una pinta increíble y huele de maravilla.
Separo los palillos y miro a Haru.
—Pues habla, se te da mejor que a mí.
Chasquea la lengua y me da una patada suave por debajo de la mesa.
—Tonto —masculla mientras yo pruebo mi comida con toda su atención puesta en mí—. ¿Cómo está? —pregunta con ilusión.
—Bueno.
—¿Ves? Sabía que te iba a gustar. Ahora prueba este a ver qué tal —dice mientras me acerca el plato extra que pidió para mí.
Chasqueo la lengua para fingir molestia, pero me comería el plato entero solo por ver esa expresión de expectación y felicidad. Así que cojo el bol y pruebo el ramen que ha pedido para mí. Su sabor es nuevo, pero está igualmente delicioso.
—¿Y? —pregunta impaciente—. ¿Qué tal?
—Está muy bueno.
—¡¿Ves?! ¡¿Ves?!… Si es que te pierdes muchas cosas por cabezón.
—Cualquier comida está deliciosa en tu compañía —suelto sin pensar y las mejillas de Haru se colorean de un precioso tono rosado.
—Para —vuelve a decir mientras me señala con el dedo.
—¿Que pare qué? —insisto porque no sé a qué se refiere.
—De decir cosas bonitas, porque vas a acabar conmigo de un ataque al corazón. Ya está bien. Hablemos. No me distraigas más. —Da una palmada más fuerte de la cuenta en la mesa y se encoge sobre sí mismo al ver cómo todo el mundo lo mira—. Lo siento —se disculpa con el resto.
—Yo no te distraigo, eres tú el que te distraes solo… Y, que yo sepa, ya estamos hablando.
—¡Sí, pero no de lo importante!… Y si sigues diciendo esas cosas, tendré más ganas de besarte y tocarte, y ya no podremos hablar. Así que ni besos, ni contacto, ni cosas bonitas. —Levanta el dedo para dar énfasis a su petición, y yo asiento.
—Vale, pues di todo lo que tengas que decir.
Dejo los palillos a un lado de la mesa y lo observo con atención mientras ignoro el enredo de nervios de mi estómago. Se me vuelve a quitar el hambre de repente.
Haru echa una mirada discreta a su alrededor y luego la fija en sus manos, juguetea con una servilleta y habla en un tono más bajo.
—Me fui de Rakuen porque me estaba enamorando de ti y creí que podía evitarlo si intentaba tener algo serio con Riley. Lo siento, soy así de tonto, pero es que…
Su nombre todavía me escuece como un puñado de sal en una herida abierta.
—Lo sé —digo, y como un poco de carne de mi ramen que me sabe más amarga que el bocado anterior.
—¿Cómo lo sabes?
—Me lo dijo Natsu y, además, antes también lo has dicho tú.
—¿Que he dicho qué?
—Que estás enamorado de mí.
—¿Yo he dicho eso? —Se tapa la boca con las manos como si aquella confesión se le hubiera escapado sin querer.
Asiento con una sonrisa.
—Por eso te besé en la floristería, porque yo también siento lo mismo, Ha-chan.
—Él me mira con atención, sin tocar su comida, y yo suelto todo de forma clara y rápida porque quiero que lo entienda y acabar con esto de una vez—.
No podía seguir en Rakuen, no sin ti. Seguir siendo el yosei del invierno no tenía sentido para mí si tú no seguías siendo el de la primavera.
Su labio inferior empieza a temblar y lo aprieta con el superior para que deje de hacerlo; sus ojos se ponen vidriosos y derraman un par de lágrimas.
—¿Por qué lloras?
—Porque estás diciendo cosas bonitas que me hacen sentir bien y mal al mismo tiempo.
—Perdón, no sé decirlo de otra manera.