No hay invierno sin primavera (Paradise island 3) 25 Al fin llegó
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25 Al fin llegó

Al fin llegó

HARU

Hoy es el primer día de primavera y me toca abrir la floristería, porque Haruka necesita descansar y estar en su forma yosei sin tener que preocuparse de que algún cliente la descubra.

Me siento raro porque es mi primera primavera siendo humano, la primera en la que no me tengo que ocupar de mi estación y la primera en la que estoy lejos de Fuyu.

Intento no estar deprimido y poner en práctica las palabras de Akihiko-senpai: tener paciencia y confiar en que estoy donde tengo que estar.

Pero los días especiales como hoy resultan más difíciles.

Por suerte, tengo todas estas plantas a mi alrededor, que me mantienen ocupado y me hacen sentir útil.

Sobre todo, cuando la gente sonríe y compran los ramos que preparo.

Hacia media mañana, cuando he terminado de regar las plantas y preparar las flores, decido hacer una videollamada a Fuyu, para contarle mi vida…

Y porque lo echo de menos. Tengo muchas ganas de decirle que en abril empezaré a estudiar Producción de Eventos y Espectáculos y que estoy muy emocionado por ello.

Pero cuando marco su número, no me lo coge.

Insisto un par de veces, pero no hay suerte.

Así que me quedo con las ganas de oír su voz, ver su cara y sentir su sonrisa en el corazón.

Decido, en su lugar, llamar a Natsu, que no es lo mismo, pero por lo menos me hará reír y me pondrá al día de todo, como el buen cotilla que es.

—Ey, florecilla, ¿qué tal? ¿Cómo va ese primer día de primavera siendo humano? ¿Alguna sorpresa?

—Hola, Nat… Pues es… raro, no te voy a mentir, pero bueno, intento tomármelo con filosofía.

Hoy he vendido un montón de ramos. También es porque he colgado carteles anunciando la llegada de la primavera y hemos hecho descuentos.

La idea fue mía, pero a Haruka le pareció estupendo y me ha dejado poner todo esto bonito.

La verdad es que es supermaja y confía mucho en mí.

Yo creo que te caerían bien. Sobre todo Natsuki.

—Me da curiosidad conocer a otros yosei, no te voy a decir que no. ¿Tienen el mismo animal espiritual que nosotros?

—Pues no, aunque solo sé el de Haruka, pero no es un conejo.

—¿Y qué es?

—Una cabra.

—¡Hostia! —Se empieza a reír, muy en su línea, y me hace sonreír a mí también, porque la risa de Natsu tiene ese efecto: se te pega aunque no quieras.

—¿Por qué te ríes?

—Porque es gracioso, ¿por qué va a ser?… La de motes chungos que me hubiera inventado yo con eso… Espera, tengo otra llamada, te tengo que colgar, florecilla. Luego hablamos y me cuentas lo de la sorpresa.

—¿Qué sorpre…? —El sonido del teléfono me indica que ha colgado.

Refunfuño y dejo el móvil a un lado. Supongo que con sorpresa se referirá a lo que quería enviarme Fuyu…

Me siento de nuevo tras el mostrador y comienzo a leer el manga BL que me he comprado. Pensándolo bien, me gustaba más llevar el bar que la floristería. Esto es bonito, pero en el Carpe Diem siempre había alguien con quien hablar, y ahora mismo es lo que me hace falta, porque tengo la mente a mil.

No paro de darle vueltas a todo lo que dijo Akihiko: que si jaulas de oro, que si alzar el vuelo, que si lo de la croqueta…

Bueno, lo de la croqueta lo dije yo, pero da igual, es lo mismo.

El caso es que estoy hecho un lío. Entiendo todo lo que el senpai me explicó y tiene toda la razón del mundo, pero me desespero fuertemente.

No me puedo quedar quieto y esperar que las cosas se arreglen solas.

Necesito ideas y soluciones… En fin, quizás mi sino sea quedarme eternamente solo, no tener pareja nunca y enfocar mi vida en hacer las mejores fiestas y bodas de la historia.

Me pongo a dar vueltas por la tienda observando las flores y pensando en qué ramo me haría si fuera a casarme…

Margaritas, margaritas seguro. Cojo unas cuantas, y empiezo a formar un ramo con ellas…

Y ahora le añadiría un poco de limonium, para dar textura, y, por supuesto, algo rosa, porque el rosa no puede faltar en mi vida…

A ver… Echo un vistazo alrededor en busca de la flor perfecta y lo veo, ahí, de pie junto a la puerta, observándome.

No es hasta que escucho su voz que me doy cuenta de que no es un espejismo.

—Hola, Ha-chan.

Ay no, no, no, no, no. Las flores se resbalan de mis manos y caen al suelo.

Me llevo las palmas a la cara para sostener el sollozo que me sale.

Mi cuerpo cede y me pongo en cuclillas, me hago una bolita en el suelo mientras abrazo mis piernas y escondo la cara entre las rodillas.

Escucho los pasos de Fuyu acercarse a mí.

Lo siento, lo huelo, lo escucho… Está aquí, está aquí y todo por mi culpa.

Se agacha junto a mí y me acaricia la espalda.

—Haru, ¿qué pasa? ¿Estás bien?

¿Que si estoy bien? Ahora mismo siento tantas cosas diferentes que me va a explotar el pecho. No puedo respirar, no me llega el aire. Lo estoy asustando; para colmo, lo estoy asustando, y no quiero eso.

Lo miro, me abrazo a su cuello y le digo en un susurro entrecortado las dos únicas palabras que puedo decir:

—Lo siento. —Y entonces lo suelto, suelto todo el aire que estaba conteniendo en un sollozo que lo asusta aún más.

Me abraza como solo él sabe. Me arropa, me protege, contiene mi dolor, me da calor y me calma. Y siento que el viaje ha terminado, que por fin estoy en casa.

Ahora sí, ahora es primavera.