No hay invierno sin primavera (Paradise island 3) 23 Una decisión importante
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23 Una decisión importante

Una decisión importante

FUYU

Hace un par de días que Natsu y Aki me dieron la noticia. Haru me corresponde, me quiere más allá del amor fraternal, me quiere como una pareja. O eso dicen mis hermanos… No lo sabré al cien por cien hasta que no hable con él cara a cara, porque para estas cosas sobran todos los teléfonos.

Esta no es una decisión que tomo a la ligera.

Lo he pensado mucho, he hecho una lista de pros y contras y han ganado los pros por goleada.

Quizás sea porque no soy objetivo del todo y mis ganas de estar con él nublan esta realidad en la que me encuentro.

Si ya me empezaba a cuestionar si seguir siendo el único yosei de la isla antes, ahora que me he enterado de los sentimientos de Haru…

No tiene sentido continuar sin él, no tiene sentido seguir con el invierno si no hay una primavera arropada por su abrazo, por su olor, su voz, su alegría... Por eso me he tomado estos días para dejarlo todo bien atado y no partir de Rakuen a lo loco como hizo él, como hizo Aki…

He comprado los billetes necesarios para llegar a Tokio, le he sonsacado a Haru su dirección actual, tanto del apartamento como de la floristería, con el pretexto de que le iba a mandar un presente.

He hablado con los del ayuntamiento para dimitir de mi trabajo como guardabosques; Natsu me sustituirá por el momento hasta que encuentren a alguien que ocupe el puesto.

Y he preparado la mochila con todo lo imprescindible para viajar ligero.

Lo demás lo he empacado para que mis hermanos me lo envíen una vez me instale con Haru.

Lo tengo todo controlado. Al menos, todo lo que puedo controlar. Porque todavía falta algo, falta la reacción de Haru al escuchar todo lo que tengo que decirle.

Ahora mismo estoy caminando montaña arriba, en dirección al templo de Yamanba. Estoy nervioso, no lo puedo evitar, por todas esas cosas que escapan a mi control y que pueden salir mal.

Como, por ejemplo, que la Diosa no aparezca; que lo haga y no acepte mi petición; que acepte mi petición, pero que, aun así, Haru no quiera estar conmigo…

Creo que esa sería la peor: llegar a Tokio y encontrarlo en los brazos de otro, que se le haya pasado el supuesto enamoramiento del que hablan mis hermanos, como se le pasa el interés por cualquier afición nueva…

No sé qué haría en esa situación. Solo de pensarlo siento que me falta el aire, como si me costara más subir esta cima que tantas veces he recorrido.

Porque no hay nada más cruel que crearte esperanzas y que te las pisoteen sin piedad.

Pero no, tengo una corazonada, lo siento muy dentro de mí. Haru me quiere, lo sé, porque sigo sintiendo esa conexión con él incluso después de haber dejado de ser yosei.

El camino se vuelve cada vez más empinado, lleno de musgo y escarcha que se derrite y resbala por las piedras.

El invierno se está acabando. Para mí y para este bosque que ha sido mi hogar por tantos años.

Se apaga poco a poco, como una vela que se consume lentamente; puedo sentirlo en cada bocanada de aire que respiro.

Las nubes, se están abriendo, dando paso a sutiles rayos de sol que se cuelan por los huecos y me tocan la piel con una caricia de despedida. La brisa sopla fresca contra mi cuello y tiemblo al sentirla. No es por frío, sino porque sé que, cuando llegue al templo, ya no habrá vuelta atrás.

Echaré de menos esto, echaré de menos a mi lobo interior, y se me pasa por la cabeza que quizás el invierno esté tratando de aferrarse a mí como yo lo estoy haciendo con Haru…

Sé que esto no lo hubiera hecho nunca sin este empujón indirecto suyo, pero es que es él quien alimenta mi valentía. Siempre ha sido así. Mi brújula, mi mapa, mi faro… Sin él no sé quién soy; sin él no quiero ser…

El templo de Yamanba me recibe como tantas otras veces. En silencio, sereno y lleno de vida y paz. Vislumbro el árbol de la Diosa con esas enormes raíces retorcidas que asoman entre la tierra.

Son firmes, antiguas, como venas que sostienen la montaña y la isla entera.

El sendero se ilumina ante mí con un rayo de sol fortuito que parece indicarme el camino. No me hago de rogar más: recorro la distancia que me separa del árbol y apoyo la palma en la rugosa corteza. La noto cálida, a pesar del frío, llena de magia. Cierro los ojos y respiro con profundidad.

La voz se me escapa en un susurro.

—Yamanba-sama, tengo algo que pedirte.

La energía empieza a cambiar a mi alrededor. Noto la presencia de la Diosa.

Ya está, voy a hacerlo. No hay vuelta atrás.