No hay invierno sin primavera (Paradise island 3) 21 La intervención
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21 La intervención

La intervención

FUYU

Cuando llego a la cabaña después de hacer mi ronda por el bosque, me encuentro a Natsu y Aki allí.

Ambos están sentados en el sofá y se levantan cuando me ven.

Tras ellos, pegado a la pared, hay un gran letrero que pone «intervención», como en esa serie estúpida que le gustaba a Natsu y que nos hizo ver a todos.

Sinceramente, no sé de qué va esto, pero creo que no quiero saberlo.

Me doy la vuelta como si no los hubiera visto, con la esperanza de salir de la cabaña indemne, pero el estúpido de Natsu me tira tal cojinazo que me hace chocarme contra la puerta.

No lo he visto, pero sé que es él antes de escuchar su voz.

—Quieto ahí, tempanito.

La risa de Aki llena la habitación y yo me vuelvo hacia ambos y les muestro los colmillos, enfadado y harto de aguantarlos.

—No sé qué tramáis con toda esta tontería, pero no me gusta.

—Te gustará, hazme caso. —Aki me coge del brazo y me lleva hasta el sofá.

Me empuja para que me siente en él y yo me resigno y termino por obedecerlo con tal de acabar con esto rápidamente.

—Tempanito, tenemos que decirte algo importante, así que quédate quieto y escúchanos —dice Natsu mientras se sienta a mi lado.

—No quiero escuchar vuestras milongas. Estoy bien, solo necesito tiempo. Es solo un poco de lluvia, dejadme en paz.

—Un poco, dice… —Natsu mira a Aki con cara de indignado y acepta la taza de té que este le ofrece.

Luego, mi otoñal hermano llena otra para mí, se sirve una él y se sienta sobre la mesa auxiliar frente a nosotros.

—No hemos venido a hablar de la lluvia, Fuyu. Tranquilo, no vamos a presionarte. —Aki da un sorbo a su bebida caliente.

Natsu lo imita y dice:

—¿Le has puesto tu alijo especial?

—Solo algunas hierbas relajantes que nos vendrán bien a los tres.

Me quedo sujetando la taza con ambas manos apoyadas en mis piernas. No tengo la más mínima intención de tomar ni un poco. Lo último que necesito es que me droguen mientras me sueltan la chapa de hermanos protectores y pesados.

—Entonces, ¿de qué habéis venido a hablar?

—De Haru —sentencia Natsu. De repente tiene toda mi atención.

—¿Qué pasa con él? ¿Está bien?

—Está perfectamente, tranquilízate —me calma Aki con su peculiar tono conciliador.

—«Perfectamente» mis cojones. No está perfectamente, Aki, no mientas. La florecilla está destrozado.

Noto como si me estrujasen el estómago con esas palabras, y las mías salen solas.

—¡Decidme ya qué le pasa a Haru!

—Que tiene mal de amores. Está como una flor mustia, porque te echa de menos, porque está pilladísimo de ti, tonto del culo. Desde lo del beso.

Aprieto los dientes y los puños y respiro con sonoridad para no darle un puñetazo en toda la cara al gilipollas de Natsu. No es momento de hacer bromas, y mucho menos con ese tema.

—Eres imbécil —le gruño—. No me toques las narices con tus bromitas sin gracia. ¿Cómo sabes lo del beso?

—Me lo dijo Haru. —Chasquea la lengua y mira a Aki pidiendo refuerzos.

—Fuyu, escucha… —Pone su mano sobre mi rodilla—. Natsu no está de broma. Lo que dice es cierto. Haru siente algo especial por ti. Algo que se aleja del amor fraternal.

Miro a Aki con sorpresa e incredulidad al mismo tiempo. En mi interior, un amasijo de nervios lucha por desenredarse. Me cuesta creerles y, es más, no sé si quiero. No quiero tener esperanzas. Pero no puedo evitar fiarme de Aki, él no me engañaría; no es su estilo. Luego miro a Natsu y asiente.

—No te estamos tomando el pelo, tonto del culo.

—¡Deja de decirme tonto del culo! ¡Tonto del culo tú! —le gruño—. Explícate bien, porque no entiendo una mierda.

—Pues que Haru no se fue de Rakuen por Riley, sino por ti. Me lo contó cuando coincidimos en Australia.

—¿Por mí? Pero ¿yo qué le he hecho? —Miro a uno y a otro sin entender nada.

La cabeza me va a explotar y en el pecho se me concentran una cantidad de sentimientos mezclados que no me dejan respirar con normalidad.

Miedo, esperanza, angustia, alegría… ¿Qué está pasando?

Me llevo la mano al corazón para controlar esta amalgama indescifrable.

—Nada, joder. Se fue porque se sentía mal, porque le molaba su hermano. Le dio miedo y mal rollo y puso tierra de por medio.

—Natsu… —lo riñe Aki—. Lo que Nat quiere decir es que creemos que Haru está enamorado de ti, pero no supo gestionar la situación y huyó de Rakuen por miedo.

—¿Miedo? ¿Miedo a qué? ¿A mí?

—No, a ti no, Fuyu. —Me explica Aki—. Miedo a caer en un amor imposible. Pero ahora sabemos que no es así.

Pongo la taza sobre la mesa y me levanto del sofá. Empiezo a caminar dando vueltas por el salón como un animal enjaulado mientras asimilo todo lo que me están diciendo mis hermanos. Ellos se callan; me dejan el espacio que necesito para poner en orden mis pensamientos.

—¿Estáis seguros de eso? —les pregunto.

—Hombre, seguro seguro… Como a un noventa por ciento —dice Natsu.

Me llevo las manos a la cabeza y continúo con mi caminar errático.

—¿Y por qué no me lo habéis dicho antes?

—Porque Natsu le guardaba el secreto a Haru y yo te lo guardaba a ti.

—Maldición… —mascullo, no me termino de creer lo que está pasando. Si tan solo hubiera hablado conmigo antes de irse…

Pero, a pesar del caos que hay en mi cabeza, noto cómo la semilla de la esperanza renace dentro de mi ser y crece tanto que siento el pecho hinchado y la cabeza me da vueltas. Si hubiera probado el té de Aki, pensaría que estoy drogado.

—Vamos, siéntate. —Aki me vuelve a agarrar del brazo y me lleva hacia el sofá.

Yo le hago caso y agarro un cojín sobre mi regazo, porque necesito aferrarme a algo para no salir volando.

—¿Qué vas a hacer con esta información? ¿Vas a ir tras él?

—Nat, no le metas presión. Tendrá que pensarlo bien y sopesar sus opciones.

—A la mierda, que se convierta en humano y se vaya a por Haru. Están hechos el uno para el otro, si no hay más que verlos. Aquí no hace nada más que pudrirse de tristeza y aguarnos el día a todos. Literalmente.

Las voces de mis hermanos me llegan lejanas, como si fueran ruido de fondo al que no presto atención.

—Pero no es una decisión para tomar a la ligera, Nat. Ya sabes que es mejor convertirse en humano por uno mismo, no por influencia de alguien más.

Haru…

—Bah, Fuyu, no le hagas caso al dramas este. Ser humano mola, ya verás, tampoco pierdes tanto.

Me quiere…

—No es cierto, pierdes muchas cosas. Pierdes la conexión con la isla, la inmortalidad…

A mí.

—¡Pero ¿y lo que ganas a cambio?! No tiene mucho que pensar: o morirse del asco siendo yosei o vivir con el amor de su vida siendo humano.

Haru me quiere a mí.

—Bueno, sí, en eso tienes razón. No voy a ser yo quien te la quite.

—Haru me quiere a mí —susurro y les doy voz a mis pensamientos.

Mis hermanos dejan de discutir y me miran.

—Así es, Fuyu, te corresponde.

—Hasta las trancas está. Hazme caso, lo intenta disimular, pero no cuela.

Y por primera vez en días, sonrío, porque eso lo cambia todo. Afuera amaina la lluvia y se sincroniza con mi estado de ánimo. Tengo que terminar con esto.

Tengo que ir a ver a Yamanba.