No hay invierno sin primavera (Paradise island 3) 16 Recorriendo mundo
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16 Recorriendo mundo

Recorriendo mundo

HARU

Han pasado un par de meses desde Navidad y yo sigo recorriendo el mundo con la esperanza de encontrar aquello que busco y que no tengo ni idea de qué es.

Estoy conociendo a mucha gente maja, haciendo amigos nuevos, empapándome de culturas diferentes y nuevos colores, sabores, olores y sonidos.

Pero, a pesar de eso, no puedo estar cien por cien feliz porque noto que no estoy completo.

Me falta el pedazo de corazón que dejé en Paradise Island.

Me falta Fuyu. Por eso intento llenar mis días de cosas bonitas y estimulantes para no pensar en él y conseguir olvidar de una vez este cuelgue dañino por mi seudohermano que tanta pupita me está haciendo.

Pero pocas veces sirve, porque cada cosa nueva que descubro se la quiero mostrar a Fuyu antes que a nadie.

En este momento, me encuentro haciendo un tour por Europa, junto a un par de chicas universitarias que conocí en Nueva York. Son amigas desde el instituto y son superdivertidas. Llevamos más de un mes viajando y hemos estado en Francia, Reino Unido y ahora toca Irlanda.

Amanda y Willa me han acogido como uno más del grupo, aunque yo no paro de shipearlas.

Creo que Amanda está secretamente enamorada de Willa y que a Willa le mola Amanda, pero no se atreve a decir nada por no romper su amistad.

No sé si acierto en mis deducciones o si me estoy dejando llevar por mi situación.

Quizás puede ser que, inconscientemente, quiero unir a toda costa a dos amigas de la infancia para que, al menos ellas, vivan el amor de cuento con el que sueño yo.

En fin, seguiré observando entre las sombras y, si hay que darles un empujón, seré el primero para que a ellas no les pase lo que a mí y pierdan su oportunidad de ser pareja para siempre.

—Haru, vamos a por otra ronda. ¿Quieres que te traigamos algo? —Amanda levanta su pinta de Guinness vacía y me la enseña.

Estas chicas beben a un ritmo de competición.

—No, gracias, estoy servido. —Sonrío y le enseño mi botella de agua. Porque sí, desde que desperté la mañana de Navidad con evidencias de haberme montado un trío con un par de desconocidos, no he vuelto a tomar ni gota de alcohol.

No más locuras de las que arrepentirme, gracias, estoy servido también de eso.

Las chicas se van a la barra y yo aprovecho para sacar el móvil y grabar el vídeo de hoy, que mandaré a Fuyu y subiré a mis redes sociales. Hago un recorrido general del The Temple Bar, el pub donde me encuentro.

Por lo visto, es el pub más famoso de Dublín por su fachada roja, el whisky y la cerveza que sirven, la música en directo y el ambiente irlandés en general.

De hecho, ahora mismo, hay un chico en el escenario que toca la guitarra y canta espectacular.

Me quedo admirando su música mientras sigo grabando con mi móvil para hacerle llegar a Fuyu este pedacito de Irlanda que estoy seguro de que le encantará.

Ojalá estuviera aquí conmigo para disfrutar de la música en directo.

—Toca bien, ¿verdad? —Un tipo a mi derecha interrumpe el hilo de mis pensamientos y me devuelve a la realidad.

Me guardo el móvil y le contesto:

—Sí, es todo un artista. —Sonrío.

Me sorprenden un poco sus pintas: es altísimo, atractivo y tiene una melena platino muy bonita. Aunque claro, para mí, que apenas paso del metro sesenta, cualquiera es alto, pero este chico lo es de verdad.

—A mí me tiene enamorado. —Sonríe y le da un sorbo a su Guinness—. Literalmente, es mi chico. —Señala al escenario mientras ríe y, automáticamente, me cae bien.

Abro los ojos con sorpresa, cuando asimilo lo que ha dicho. Vuelvo a mirar al músico y luego a él y, de repente, me parecen una pareja preciosa. ¿Por qué no paro de encontrarme parejitas gais por todas partes?

—Ay, qué envidia —me sale sin pensar, y me corrijo antes de que piense que me quiero ligar a su novio—. Hacéis una pareja muy bonita.

—Gracias. Soy Cass, ¿tú eres?

—Haru —me apresuro a contestar y estrecho la mano que me tiende. Es cálida y reconfortante.

Cass me sonríe con muy buen rollo… Espero que solo sea un chico amable y no vaya con segundas ni con «terceras», porque con un trío del que apenas me acuerdo ya tengo bastante. No necesito más traumas, gracias.

—¿No eres de aquí, no, Haru?

—No, qué va, soy de Rakuen o, bueno, de Paradise Island, lo que te suene más.

—¿De Japón?

—Sí, exacto. Estoy haciendo un tour por Europa con un par de amigas.

Las busco con la mirada para señalarlas y las veo abrazadas entre la multitud, morreándose como si no existiera nada más que los labios de la otra. Abro la boca con sorpresa y me quedo mirándolas en la distancia, están justo detrás de Cass.

—¡¿Pero será posible?! Si es que lo sabía. —Me cruzó de brazos.

Cass se gira y ve el panorama.

—¿Son esas tus amigas?

Me río meneando la cabeza y vuelvo la vista hacia él.

—Exacto, esas son. Voy topándome con parejas supermonas por cada sitio que voy —refunfuño—.

Y no me malinterpretes, me alegro muchísimo, pero me da un poco de envidia cochina, lo reconozco.

Yo también quiero eso. Pero la vida no me lo pone fácil.

—Frunzo el ceño y le doy un trago a mi botella de agua, aunque desearía que fuera una de esas Guinness como la que lleva mi extraño compañero peliblanco en la mano.

—Vaya, lo siento por ti, pero no te preocupes, estoy seguro de que encontrarás a tu Kenny tarde o temprano. —Mira al escenario con una sonrisa para darme a entender el nombre de su persona especial.

—El caso es que ya encontré a mi Kenny. Bueno, no se llama Kenny, tú ya me entiendes.

—Hago un gesto con la mano para aclarar el tema—.

Pero me di cuenta tarde, me di cuenta cuando ya la había cagado a lo grande.

¿Te lo puedes creer? Llevo la vida buscando el amor y todo este tiempo lo tenía delante.

Estaba ahí, frente a mis ojos, acompañándome en los buenos y malos momentos y no me di cuenta.

Estaba ciego. Ciego y tonto. Así que aléjate de mí, Cass, no vaya a ser que sea contagioso y se te pegue algo de mi estupidez —bromeo.

—Los árboles no te dejaron ver el bosque.

Miro a Cass con los ojos muy abiertos porque es justo eso.

—¡Exacto! Estaba tan concentrado mirando todos los árboles gais de Paradise Island que no reparé en el que tenía al lado…

Aunque no creo que Fuyu sea gay… Fuyu es más…

No sé, ¿asexual? Nunca ha tenido pareja ni ha mostrado interés por nadie.

Así que te puedes imaginar la esperanza que tengo…

Aunque una vez nos besamos y fue ahí cuando me di cuenta del percal…

Bueno, en realidad, no me di cuenta del todo.

Fue como: ¡Boom! ¿Qué es esto que siento en mi estómago que me hace estar tan nervioso?

¿Es hambre? ¿Es ansiedad? No, Haru, no. No es hambre, son mariposas.

Malditas mariposas prohibidas que ha despertado tu estúpido y sensual hermano invernal con ese beso.

Así que huye, Haru, huye. Vete lejos y no regreses.

Y en eso estoy, en lo de huir… —Me río, nervioso y con vergüenza, cuando me doy cuenta de lo que he soltado por mi boca.

La cara de mi acompañante es un poema.

—Un momento, ¿el chico que te gusta es tu hermano?

—Bueno…, hermano hermano no exactamente…

Es complicado, digamos que es más como un amigo de la infancia, un seudohermano…

—Observo la cara de Cass, que intenta asimilar todo lo que le he contado—.

Ya te avisé de que te fueras de mi lado, no me hago responsable de los posibles daños psicológicos.

Soy muy intenso —bromeo de nuevo para que la situación no se vuelva incómoda.

Cass se ríe, porque ¿qué va a hacer con semejante elemento que ha encontrado?

—Vale, creo que te sigo… más o menos. Pero, entonces, si no sois hermanos, ¿dónde está el problema? No es ningún pecado enamorarte de tu mejor amigo.

—Es complicado.

—¿Y si pruebas a decirle lo que sientes?

—Imposible.

—Pocas cosas son imposibles en esta vida, Haru.

—Sonríe y vuelve a mirar al escenario con cariño—.

Te sorprenderías de todo lo que podemos conseguir…

Solo necesitas tener un poquito más de fe en ti mismo, en lo que sientes aquí dentro—.

Me toca el pecho con el índice—. Y atreverte a ir a por ello, sin miedo.

Valdrá la pena, te lo prometo. Pero si sigues huyendo, nunca sabrás lo bonito que te espera a la vuelta de la esquina.

Y tiene razón… Me quedo en silencio con sus palabras haciendo eco en mi mente mientras escucho la música irlandesa que toca Kenny. Miro a mis amigas, que siguen con su rollo… Literalmente… Sí, creo que es hora de dar el tour por terminado. Vuelvo a Japón.