9 La cita
La cita
HARU
Esta mañana me he despedido de Natsu, Jacquie y Derek. Ellos vuelven a Paradise Island a seguir con sus vidas y, después de asegurarse de que estaré bien, me han dejado aquí «solo» para seguir con la mía, en esta nueva etapa que tengo ganas de exprimir al máximo.
Hoy me he propuesto no llorar más, dejar el drama y abrazar la vida tal como viene, sin lamentarme por mis errores o lo que podría haber hecho mejor.
Cuando me he despedido de Natsu y Jacquie, les he hecho prometer que no contarán nada ni a Aki ni, sobre todo, a Fuyu.
No quiero preocuparlos y, siendo realista, cuesta un poco admitir que te has precipitado en algo tan importante como cambiar tu naturaleza.
De todas formas, como he dicho antes, ya he decidido que voy a estar bien, así que, después de todo, no es como si les estuviera mintiendo.
De momento, voy a la cafetería donde he quedado con Riley. No tengo nada en mente, solo me dejaré guiar por mi corazón, como me ha sugerido Jacquie, sin forzar las cosas, sin crearme expectativas.
El sitio es muy chulo, es moderno y a la vez bohemio.
Tiene una decoración con muchas plantas, madera natural y colores claros.
Hay gente en la terraza, algunos descalzos y vistiendo bañador como si hubieran llegado directamente de la playa.
Busco a Riley entre ellos y, al no verlo, decido sentarme en la terraza, a la sombra de una sombrilla blanca, en una mesa redonda de metal con sillas de madera.
Me pongo a ojear la carta de bebidas y enseguida me llama la atención una de color rosa con el nombre Beetroot latte.
En general, no me suelen gustar los lattes porque casi todos llevan café y no es de mi agrado.
Es amargo y, además, me pone muy nervioso.
Al contrario que a Fuyu: a él le encanta y se puede tomar tres, que siempre emana la misma calma.
Sonrío con tristeza al no poder compartir este momento con él.
Seguro que estaría de acuerdo conmigo en que este latte lleva mi nombre.
Me pongo a leer la descripción y no tiene ni un gramo de café; es una bebida hecha a base de remolacha y leche vegetal.
¿Hola? ¿Puede ser más perfecta? La necesito ya.
Levanto la mano para llamar a la camarera y me pido mi Beetroot latte con una sonrisa.
En un par de minutos, tengo delante una taza de cristal del seudocafé rosa con espumita blanca y especias por encima: pura fantasía.
Le doy las gracias a la chica que me lo sirve y contengo un gritito de alegría mientras saco el móvil para capturar la imagen.
Me dedico a hacerle unas cuantas fotos aesthetic y, sin pararme a pensarlo mucho; bueno, sin pararme a pensarlo nada, abro el chat de Fuyu y le mando una de ellas con un texto debajo.
Encontré mi «café» latte perfecto
Y cierro el chat antes de comprobar si le ha llegado o si me responde. No sé qué estará haciendo ahora él ni si estará muy molesto conmigo, pero quiero que todo vuelva a la normalidad entre nosotros y esta es la excusa perfecta.
Miro mi bebida y, antes de probarla, decido grabar mi reacción con el móvil y le hablo a la cámara imaginándome que es Fuyu y que está aquí conmigo, observándome con esa sonrisa tenue que muchos no consiguen ver.
El sabor del Beetroot latte no me decepciona.
Es dulce, suave y especiado. Una maravilla, y así se lo hago saber a la cámara.
Le doy un sorbo más y pienso que tengo que enterarme de cómo se prepara para incluirlo en la carta del Carpe Diem.
Seguro que a Aki también le gusta. Levanto la cabeza para buscar a la camarera, pero en lugar de ella me encuentro de lleno con Riley, que viene hacia mí con una sonrisa despreocupada, el pelo revuelto y ese aire cool que se gasta.
—¡Hola, precioso! —Me agarra del mentón con una mano y me da un beso que no veo venir, que sabe a sal y que estropea el sabor dulce de mi Beetroot latte.
El contacto de nuestros labios no dura mucho.
En seguida me separo de él y le ofrezco una sonrisa de cortesía, porque no sé muy bien cómo actuar.
O sea, no me esperaba que me saludase así, no después de haberme dejado tirado.
Pensaba que no estaba interesado en mí, así que me quedo un poco bloqueado.
—¿Qué tal? —Se sienta frente a mí con toda la naturalidad del mundo, sin deshacerse de esa maldita sonrisa de guaperas que antes me volvía loco y que ahora, por alguna razón que no logro entender, ya no lo hace.
Le sonrío, de nuevo con nerviosismo, porque me sale automático cuando no sé qué hacer, y apago la cámara de mi móvil, que aún seguía grabando.
No hay duda de que viene de la playa. Aún lleva el bañador, una camisa de lino y el pelo húmedo.
Está guapo, como siempre, aunque ya no siento lo que sentía al verlo…
o al menos lo que imaginé que iba a sentir.
Aun así, intento disfrutar del momento y ofrecerle mi mejor versión.
—Estoy estupendamente, ¿y tú? —respondo antes de dar otro sorbo a mi maravillosa bebida rosa.
Riley estira el brazo sobre la mesa y me agarra de la mano una vez que vuelvo a poner la taza en el plato.
—Perdona por no haber quedado contigo antes, pero es que me cogiste por sorpresa y ya tenía planes que no podía posponer.
—Ya, no te preocupes, he estado con mi hermano y su familia todo este tiempo. Lo hemos pasado genial. —Le hago un gesto para restarle importancia—. Y me paso de intenso a veces.
Asiente.
—Lo sé. —Se ríe—. ¿Y hasta cuándo te quedas?
No sé cómo tomarme su pregunta… ¿Ya quiere que me vaya? No, Haru, no seas mal pensado. Estará preguntando para hacer planes, simple y llanamente.
—Pues no lo sé. No compré billete de vuelta.
Estoy dejándome llevar por el destino. Pero tranquilo, que no pienso ser una carga para ti, no es que tenga intención de instalarme en tu casa ni nada de eso.
De hecho, estoy genial en el hotel. He conocido a una chica supermaja, con la que quedaré luego o quizá mañana, ya veremos.
No es como que te tengas que hacer cargo de mí.
Ay, ya me estoy repitiendo… —Dios mío, que alguien me calle—.
Que eso, que ya me ha quedado claro que no estás buscando ningún tipo de relación seria ni nada. Yo tampoco, solo... No sé...
—Haru, Haru. —Me da un apretón en la mano y se ríe.
—No me dejes hablar más, por favor —bromeo, me muerdo el labio y escondo la cabeza entre mis manos mientras él se sigue riendo.
—Vale, vamos a centrarnos en hoy. Mañana vuelvo a tener planes. Nos vamos a surfear a otra playa, pero te puedes venir si quieres, no creo que a los chicos les importe.
Asiento, aunque no estoy muy seguro de que me motive mucho ese plan.
—¿Qué te apetece ahora? ¿Damos una vuelta y te enseño un poco esto o prefieres ser tú el que me haga un tour por tu habitación de hotel? —Se lleva mi mano a la boca y me la besa sin apartar esos preciosos ojos de mí.
Y, por alguna razón, me lo pienso. Cosa que el antiguo Haru no haría, y aceptaría la segunda opción sin dudar, porque, si me gusta el chico, ¿por qué rechazar el polvo?
Pero al nuevo Haru no le apetece ahora mismo una sesión de sexo sin compromiso con el guaperas de turno.
¿Por qué? No lo sé, pero no tengo ganas.
—Pues ahora mismo lo que quiero es terminarme esta delicia tranquilamente mientras charlamos, pero después podemos dar una vuelta por los alrededores, si quieres.
Veo en su rostro que no se esperaba esa respuesta (normal, chico, yo tampoco me lo esperaba), pero lo disimula bien.
Acepta y llama a la camarera para que le sirva un zumo de frutas.
Charlamos un rato mientras tomamos nuestras bebidas.
Es fácil hablar con Riley, siempre tiene una anécdota que contar o algo nuevo que quiere hacer, así que disfruto de su compañía.
Luego paseamos por Gilbert Street y me entretengo mirando las tiendas: algunas con artesanía local, otras con ropa de surf, varias librerías pequeñas…
Son una belleza, y en cada una veo algo que se me antoja comprar para la familia.
La verdad es que ya estuve aquí con Natsu y Jacquie, pero tenía la cabeza en otra parte y no me permití disfrutar de la experiencia.
Pero ahora lo hago y lleno una bolsa de souvenirs, de los que Riley no para de burlarse y hacer chistes.
Cuando terminamos con las tiendas, paramos en una heladería. Yo me decanto por un helado de color celeste pálido superoriginal. No sé a qué sabrá, pero es bonito como los ojos de alguien que yo me sé y en el que no debería estar pensando. Y Riley se pide uno verde.
—¿De qué te lo has pedido? —pregunto, porque el de Riley también me recuerda a Fuyu y a su sabor de helado preferido. Así que disimulo dándole un lametón al mío, mientras rezo internamente para que no sea de té matcha.
—Pistacho —contesta y, por alguna razón, me tranquiliza su respuesta.
—¿Y el tuyo?
—Pues no lo sé. Se llama blue nosequé, pero ni idea de a qué sabe, está rico. —Me encojo de hombros mientras me llevo el cucurucho a la boca.
Entonces Riley se acerca a mí y, antes de que me dé cuenta, me besa de nuevo. Pero no como antes, esta vez es más sensual. Atrapa mis labios con los suyos y saborea el helado directamente de ellos.
—Piña. —Sonríe seductor—. Sabe a piña.
En otra ocasión, me habría puesto supertontorrón con ese gesto, pero ahora estoy como...
No sé, bloqueado y confuso. ¿Qué diablos me está pasando?
Un chico guapísimo me besa así y yo solo puedo pensar que, por favor, su helado fuera realmente de pistacho y no de té matcha.
Y no es porque no me guste ese sabor, que también, sino porque es de otros labios de los que quiero saborearlo.
Ay, Dios, me estoy obsesionando y ya ni con Riley me puedo distraer.
¡Riley funcionaba! Funcionó todo este verano, ¿por qué ahora no?
—Venga, vamos. Aún estamos a tiempo de llegar al mirador y ver el atardecer. —Hace un gesto con la cabeza y empieza a andar.
Y yo me quedo ahí, parado, mirando cómo se aleja y sin saber qué hacer ni qué decir.
—¡Riley! —lo llamo.
Él se para y me mira con el entrecejo fruncido en un interrogante.
—¿Qué pasa?
—Creo que prefiero volver al hotel.
Le cambia la cara y sonríe con picardía.
—Ah, vale, pues vamos.
—No, no es eso. Prefiero volver solo.
Vuelve a fruncir el ceño.
—... Entiendo.
—No es por ti. Es que estoy raro. Llevo meses creyendo que quería una cosa y ahora resulta que no, que no quiero esa cosa, que quiero otra.
Y estoy jodido porque he movido todas las piezas para que la primera cosa funcionara y he mandado a la mierda mi oportunidad con esa otra cosa.
Ay, dios, qué lío estoy haciendo. —Me echo el pelo para atrás con la mano que me queda libre en un intento de aclararme—.
En fin, la cuestión es que no me apetece liarme contigo en este momento, y puede ser que tampoco en los próximos días.
Así que creo que es mejor que te lo diga, me vaya por mi cuenta y deje de hacerte perder el tiempo.
Riley se me queda mirando fijamente mientras le doy toda esta explicación atropellada que no me ha pedido.
—Vamos, que te gusta otro —sentencia y parece que le da totalmente igual que así sea.
—¿Ves? Por eso me caes bien. A pesar de todo, me entiendes.
Él acorta la distancia entre nosotros con una sonrisa.
—Vale, precioso, haz lo que quieras. —Sonríe—. A mí no tienes que darme explicaciones. Ya lo sabes. Esto entre tú y yo siempre fue algo esporádico; y si en alguna ocasión te hice creer lo contrario, pues lo siento.
—Tranqui, no fue culpa tuya. Es que me emociono con facilidad, ya sabes… —bromeo con un movimiento de la mano y decido obviar que un poco de culpa sí que tuvo por hacerme sentir especial.
Riley sonríe con dulzura.
—¿Nos despedimos aquí entonces?
Asiento.
—Bye, precioso. Si cambias de opinión, llámame. —Me besa la mejilla, me guiña un ojo y se va.
Yo comienzo a andar de camino al hotel. Tiro lo que me queda de helado porque se me ha cerrado el estómago y hago lo que llevo queriendo hacer toda la tarde.
Saco el móvil, abro el chat con Fuyu y lo miro. Su respuesta me saca una sonrisa.