No hay invierno sin primavera (Paradise island 3) 7 Decisiones
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HARU

—Riley me ha mandado un mensaje para quedar mañana. ¿Qué hago? —le pregunto a Jacquie cuando levanto la cabeza del móvil.

Está sentada junto a mí, en su toalla. Estamos en la playa pasando el rato mientras Natsu y Derek hacen surf.

Ya la he puesto al día de mi situación sentimental, que viene siendo plenamente confusa y ni pajolera idea de cómo mejorarla.

Se lo conté todo cuando la vi, incluso lo del beso con Fuyu.

La verdad es que hablarlo con Natsu en primer lugar me hizo darme cuenta de que no tengo por qué avergonzarme de ello.

Que no tiene nada de malo y, en ese aspecto, me he quitado un gran peso de encima.

Solo en ese aspecto; por lo demás, sigo sintiéndome como el culo.

—No seré yo quien te diga qué hacer, y menos ante una situación amorosa. —Me sonríe de esa forma dulce que tiene Jacquie de hacerlo y que me reconforta, a pesar de que no me da una solución, que es lo que le estoy pidiendo.

—Ya, pero quiero tu opinión, maldita, mójate.

—Es que no quiero influenciarte con lo que yo piense.

Cuando alguien ha opinado de mis relaciones y les he hecho caso, todo ha ido a peor.

Así que mi consejo es que hagas lo que te dicte el corazón.

Si te nace quedar con Riley, queda con él; si prefieres mandarlo a la mierda, también tienes todo mi apoyo.

La miro achinando los ojos, mientras intento descifrar qué hay detrás de sus palabras, cuál es el subtexto, el mensaje entre líneas.

—Entonces, ¿lo mando a la mierda?

Se ríe.

—Ay, Haru, no es eso lo que te estoy diciendo. —Desvía la mirada hacia el horizonte sin quitar la sonrisa de su boca.

—¿Entonces qué? Chica, háblame claro, porque no estoy para adivinanzas ahora mismo.

Estoy hecho un lío, un maldito lío. —Escondo la cara entre mis manos un par de segundos antes de explotar de nuevo—.

¡Me gusta Fuyu! Vale, lo admito. Me gusta.

Ya está, que se entere el mundo: me pone mi seudohermano yosei.

Pero me he dado cuenta tarde, porque soy algo así como la persona más idiota del universo.

Entonces no hay nada que hacer. Ese barco ya zarpó.

Bye bye. Se fue. Perdí la oportunidad. A otra cosa, mariposa. Lo acepto, la cagué a lo grande.

—No seas tan duro contigo mismo. No eres idiota.

—¿Cómo que no? ¡Soy tonto, Jacquie, tonto!

Más tonto que una gallina descerebrada —Ella se ríe con la comparación mientras niega—.

Sé que, incluso si hubiera aceptado lo que sentía por Fuyu antes de convertirme en humano, no habría cambiado nada.

Él podría no haberme correspondido igualmente.

No sé…, quizás para él no significó lo mismo.

Es más, estoy seguro de que para él solo fue «juntar dos bocas», como lo describió en un principio.

Creo que es asexual, ¿sabes? Pero a mí me temblaron las piernas, Jac.

Y se me removió todo por dentro. Y no del asco como con Natsu.

—La risa de Jacquie me interrumpe y la miro con indignación.

—Perdona, es que me hace mucha gracia cada vez que me imagino ese momento. Continúa. —Hace un gesto con la mano dándome la palabra nuevamente.

—Pues eso. Que lo que pasa es que yo soy un romántico empedernido que se ha colado de su seudohermano…

—Hago una pausa para recapacitar—. Vale, creo que voy a dejar de llamarlo así porque suena raro si no se sabe el contexto.

—Lo último lo digo con la boca pequeña, mientras me abrazo las piernas y apoyo la cabeza en las rodillas, mirando a Jacquie.

—Entiendo que ahora no quieras intentarlo con Fuyu para no influirle, porque él está bien siendo yosei. Te comprendo porque he estado en tu situación. —Asiento a las palabras de Jacquie mientras noto cómo se me agolpan las lágrimas en los ojos.

Jacquie me pone una mano en la nuca y me acaricia para reconfortarme.

—Es que creo que he perdido todo el derecho a decirle nada, a intentar algo con él. Le he fallado, Jac. Me fui de allí sin avisarle siquiera. —Escondo la cara entre mis brazos porque ya estoy llorando otra vez.

Lo echo de menos. Sé que apenas son unos días los que llevo sin verlo ni hablar con él, pero echo de menos su calma, su presencia, el sentirme seguro en su abrazo. Y estoy muy triste pensando que nunca volveré a tener eso, por haberme ido lejos de Rakuen.

—Cariño, vuelve a Rakuen.

—No puedo, Jac. No puedo simplemente volver con el rabo entre las piernas sin haber intentado ser feliz con mi nueva libertad.

—Entonces, ¿qué vas a hacer? Nosotros nos vamos mañana, ya lo sabes.

Jacquie sigue acariciándome la espalda de forma reconfortante. Menos mal que la tengo a ella, es tan buena conmigo... Dejo de abrazarme las piernas y me abrazo a ella, que me corresponde sin dudar.

—Voy a quedarme unos días y a hacer eso que tenía previsto. Voy a quedar con Riley, a ver cómo me siento. Voy a viajar, visitar lugares y buscarme a mí mismo. Quizás es lo que debo hacer antes de buscar pareja. Ahora mismo estoy hecho un lío.

—Me parece una buena opción. Sal, descubre nuevos lugares, experimenta cosas nuevas y, cuando te canses, sabes que siempre podrás volver con nosotros a Paradise Island.

La abrazo más fuerte mientras escondo la cara en su cuello.

—Ay, no sé lo que haría sin ti. Gracias, Jac.

—¡Mami, mami! —Derek la llama a gritos desde la orilla—. ¡Ven, mira esto! —dice, señalando la arena, mientras Natsu, a su lado, hace gestos con la mano para que vaya.

Se separa de mí y me mira como pidiendo permiso.

—Ve con ellos, no te preocupes. —Le sonrío, secándome las lágrimas.

—¿Seguro?

—Sí, sí, estoy bien. Anda, ve. —La empujo para que se levante.

Ella no se hace de rogar y va al encuentro de sus chicos.

Me quedo mirando un rato la bonita escena.

Derek levanta unas algas muy raras de la orilla y se las pone a modo de peluca.

Natsu se parte de la risa mientras Jacquie pone cara de asco.

Entonces el niño empieza a correr tras su madre, la cual se esconde detrás de Natsu, y los tres acaban correteando por la orilla.

Escucho sus risas y gritos desde aquí, y sonrío con dulzura.

Me alegro un montón por ellos. Forman una familia preciosa. En realidad, yo tenía algo parecido con Fuyu, no exactamente igual porque no somos pareja, pero podríamos haber congeniado, ahora ya nunca sabré si esa opción hubiera sido posible.

La vibración de mi móvil me saca de mis pensamientos. Miro la pantalla. Es otro mensaje de Riley, con una hora y una interrogación. Abro la aplicación de mensajes y me quedo mirando la lista de contactos. Mi dedo indeciso baila sobre la pantalla, entre el chat de Fuyu y el de Riley.

Finalmente, abro el de Riley y le contesto:

Ok