No hay invierno sin primavera (Paradise island 3) 2 ¿Qué he hecho?
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2 ¿Qué he hecho?

¿Qué he hecho?

HARU

Me gusta cuando Fuyu hace nevar, porque eso significa que está contento, pero seguramente en Rakuen no esté nevando ahora mismo, o al menos no de esa forma tan bonita en la que los copos de nieve van cayendo con delicadeza como si besaran todo lo que tocan, porque Fuyu tiene que estar de todo menos contento.

Porque sí, la he liado. La he liado a lo grande.

Vuelvo a soltar un sollozo en el asiento del copiloto del coche alquilado de Natsu. Estamos en Torquay, Australia, y yo debería estar feliz y disfrutar del paisaje, pero tengo el corazón roto y estoy demasiado deprimido para eso.

—Vale, ya, deja de llorar. —Natsu me riñe desde el asiento del conductor.

—Eso intento, pero no puedo. Soy idiotaaaa.

—Pues sí, lo eres. Para qué negarlo.

Le lanzo una mirada de reproche a mi hermano porque, aunque yo sepa que soy idiota, no me gusta que él me lo diga.

—Espera, paremos y hablemos esto con tranquilidad. Derek se va asustar si te ve así. Es mejor que te calmes antes de reunirnos con ellos.

Derek es el hijo de mi mejor amiga, Jacquie, que ahora también es la pareja de Natsu y él lo quiere como si fuera suyo.

Gira el volante y se mete por una calle que da a la playa y deja el coche en un aparcamiento con vistas al mar.

—Vale, cuéntame, ¿Por qué lo has hecho? ¿De verdad ha sido por Riley?

—¡Sí!… y no, ¡yo qué sé, Nat! —Me llevo el pañuelo a la nariz antes de que se me vuelvan a caer los mocos—. Yo quiero lo que tenéis Aki y tú; y pensé que con Riley…

—¿En se…?

—No es justo, ¿sabes? Yo siempre he sido el romántico del grupo, el que quería una relación bonita más que nada, el que nació para tener su propia novela romántica, no vosotros.

Lo de Aki tiene un pase, porque míralo, está hecho para tener familia, pero lo tuyo no es justo.

Tú no querías nada serio con ninguna chica, siempre has sido un ligón despreocupado.

¿Por qué has tenido que encontrar el amor antes que yo?

No lo entiendo, Nat, estoy tope de celoso.

¡Yo quiero lo mismo! Pero no, solo encuentro rollos pasajeros, o los tíos que quieren algo más no me terminan de gustar.

Con Riley conecté y pensé que, si ponía más de mi parte, si me quitaba de encima el hándicap de ser yosei, la cosa funcionaría, pero no ha sido así.

¿Sabes lo que me ha dicho cuando lo he llamado?

Que no tiene tiempo para mí en este momento, que quizás la semana que viene, ¿Te lo puedes creer?

Naaaaaat, ¿por qué? —El sollozo me impide seguir hablando y tengo que parar para sonarme los mocos de nuevo.

—¿Ya? ¿Puedo hablar? —pregunta mi hermano con una ceja alzada y yo asiento y le doy la palabra, pero, antes de que abra la boca, caigo en la cuenta de las cosas tan feas que le he dicho y lo vuelvo a interrumpir.

—¡Ay, Natsu, perdóname! —Me lanzó a abrazarlo y de camino me hago daño con la palanca de cambios en el muslo, pero eso es lo de menos—.

No he querido decir todas esas cosas. Bueno, sí las he querido decir, pero no creas que no me alegro por ti, me alegro un montón de que seas feliz con Jacquie y Derek.

De verdad, de verdad que sí, es solo que me muero de envidia porque yo quiero lo mismo.

Aunque sin hijos, creo que no me van los niños, al menos por el momento…

Natsu me aparta de sus brazos y me sostiene por los hombros mientras me mira a la cara.

—Tío, ya. Respira y déjame hablar, cojones.

—Vale, perdón… ¿Te has enfadado? —Mi mano va a su pelo, le coloco un par de mechones despeinados en su lugar.

—No, pero cállate. —Me aparta la mano.

—Vale, me callo.

—Primero que nada, lo de tener familia se me está dando de puta madre. Derek ya me llama papá —dice con un brillo de emoción en la mirada que me contagia al momento.

—¡¿Ay, sí!? ¡Qué bonito! Me alegro mucho.

—Sí, así que no me digas lo contrario.

—Yo no he dicho eso…

—¡Shh! ¡Callao, florecilla! —Se lleva un dedo a la boca en señal de silencio y yo obedezco porque reconozco que, a veces, me paso de intenso—.

Y segundo, no me termino de creer que sea Riley quien te haya hecho dejar tu naturaleza atrás y lanzarte a la aventura.

Tiene que haber algo más. —Me señala con dedo acusador—.

Eres impulsivo, pero no gilipollas, y estoy seguro de que hay algo dentro de ti que de verdad necesitaba salir de Rakuen por otras razones, no solo por el ligue de verano.

Asiento. Tiene razón no solo lo he hecho por Riley, lo hice por un montón de razones que ahora no me parecen tan importantes porque solo quiero ver nevar desde la ventana de la cabaña.

—Sí, las hay.

—Claro que las hay. Ser humano no está mal, nos permite avanzar en la vida: tienes más libertad para enamorarte y formar una familia, puedes visitar cualquier lugar del mundo e incluso ir a la universidad si quieres. Y… —Natsu para su discurso cuando me ve llorar de nuevo.

Pero es que no lo puedo evitar, nada de estas cosas me emocionan ahora mismo. Fueron un aliciente para salir de Rakuen, pero ahora…

—Tío, venga, dime lo que de verdad te atormenta.

—Es que Fuyu… —No termino la frase, el llanto no me deja. ¿Por qué tengo que ser tan llorón?

—Se lo ha tomado mal, ¿No?

—No lo sé.

—¿Cómo que no lo sabes?

—Pues que no lo sé, que no se lo he dicho.

Natsu me mira con la boca abierta por un momento. Se queda tan quieto que parece que esté hablando con él por videollamada y se haya colgado el vídeo. Y luego se cruza de brazos y suelta el aire por la nariz de forma sonora.

—Vale, ¿qué coño te pasa con tempanito?

—No me pasa nada, solo que no quería que él me impidiera irme. Ya sabes lo convincente que es.

—Uy, sí, Fuyu es la mar de elocuente. Vamos, no le faltan argumentos, cuando empieza a hablar no hay quien lo calle.

Me río por un momento con la ironía de Natsu.

—Tú no lo entiendes, Nat. Cuando pone esa cara de cachorrillo desamparado, no puedo decirle que no.

—Que cachorro ni cachorro, si Fuyu solo tiene expresión de perro amargado. —Levanta la ceja confuso.

—¡¿Ves?, no lo entiendes!

—No, no lo entiendo. No entiendo por qué estás tan raro con el hombre de hielo. Llevas ya un tiempo así, me di cuenta este verano. A mí no me engañas.

—¡Vaaaale! ¡Vaaaale! Te lo voy a contar, pero, Nat —levanto un dedo en señal de advertencia—, que no salga de aquí. ¿Me lo prometes?

Mi hermano asiente, descruza los brazos y me ofrece el meñique. Y yo lo enredo con el de él.

—Te lo prometo.

—Vale, pues allá va la bomba: Fuyu y yo… —Le aparto la mirada y la fijo en mis manos mientras rasco los pocos restos que quedan del esmalte de uñas, y lo suelto—. Nos besamos.

Cierro los ojos y aprieto los párpados esperando la reprimenda de Natsu, pero los abro y lo miro cuando no llega.

—Flipa. —Desvía la mirada y la clava en algún punto detrás de mí, como si estuviese pensando—. Bueno, en realidad, ahora que lo dices, tampoco me sorprende tanto, me empiezan a cuadrar las cosas. Vamos, cuenta.

No sé a qué cosas se refiere, pero, aun así, me reconfortan sus palabras. Respiro aliviado por su reacción y me dispongo a soltar lo que llevo conteniendo desde el otoño de hace dos años. Ese en el que Aki se convirtió en humano.