No hay invierno sin primavera (Paradise island 3)
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1 El peor día de mi vida
El peor día de mi vida
FUYU
La gente de mi alrededor piensa que mi estación preferida es el invierno.
Ni siquiera me lo han preguntado. Lo asumen. Dan por hecho muchas cosas de mí que no son ciertas; y todo porque no me expreso con la misma facilidad que el resto.
Pero, si tan solo se molestaran en preguntar, en vez de creerse dueños de la verdad, se darían cuenta de que están equivocados.
Mi estación favorita no es el invierno, no.
Es la primavera.
Y la razón es sencilla: en primavera, él siempre está a mi lado. Haru viene a la cabaña donde vivo y pasa tres meses compartiendo su alegría conmigo. Y eso… Eso es el motor de mi mundo.
Pero ahora… Ahora ya no habrá más de eso, ya no habrá más tardes de risas, ni hobbies estúpidos de los que me obligará a formar parte y ya no habrá más de esa alegría que impregna cada rincón de esta casa y cada rincón de mi ser.
Haru ha dejado de ser yosei. El espíritu de la primavera ya no está en él. Ya no existe la conexión espiritual que teníamos al compartir naturaleza. Haru se ha ido y yo no me puedo sentir más vacío.
Lo que más me temía ha pasado. Haru se ha convertido en humano y ni siquiera me lo ha dicho. Simplemente lo sé porque de repente dejé de sentirlo. Como pasó primero con Aki y después con Natsu.
Creía que teníamos la confianza suficiente como para que me comentara algo así, siempre me lo cuenta todo, pero, al parecer, me equivocaba.
En lugar de eso, me pidió que fuera a recoger algo a la oficina de correos del pueblo porque él iba a estar muy ocupado en el Carpe Diem, el café bar que regenta.
Pero no era verdad. Me mintió. No estaba ocupado.
Solo quería mantenerme ocupado a mí y mandarme al punto más alejado del templo de Yamanba, para que no me diera tiempo de impedir que visitara a la Diosa y que se convirtiera en humano.
Lo he llamado por teléfono y lo he buscado en el bar, pero Haru no está por ningún lado. Solo me queda el estúpido paquete que me hizo recoger en la oficina de correos. Una caja de cartón sin dirección solo con un nombre: Fuyu.
La observo desde el sofá de mi casa, reposa en la mesa auxiliar frente a mí.
Aún no me atrevo a abrirla. Tengo miedo de hacerlo. Porque, de alguna manera, me confirmará lo que ya sospecho y no me atrevo a admitir. Que Haru se ha ido de Rakuen.
Pero nunca se me han dado bien las esperas y menos cuando son dolorosas.
Soy de esos que prefieren no arrancar la tirita, pero que, cuando no hay más remedio que quitarla, lo hace de un tirón.
Finalmente cojo la caja con manos temblorosas y la pongo en mi regazo.
Es pequeña y rosa, porque Haru todo lo hace bonito, hasta cuando se trata de partirte el corazón.
El color no es casualidad, creo que es el único que sabe que, a pesar de vestir siempre con colores neutros, el rosa es mi favorito, porque me recuerda a las flores de cerezo, a la primavera, a él.
Cojo aire con fuerza. De repente, parece que el oxígeno de la habitación se ha esfumado, y la abro con los dientes apretados.
En su interior, hay una carta y unas llaves.
No me hace falta leer la nota para saber que son las llaves de su piso, por la cantidad de colgajos kawaiii que lleva, y lo que más me temía se vuelve realidad. Aun así, leo la nota.
Perdóname, heladito de nata.
Siento haberte engañado y haber hecho esto a tus espaldas.
Sé que lo más seguro es que estés dolido y enfadado, pero es que no podía contártelo porque, si lo hacía, me hubieras impedido convertirme en humano.
Ya sabes que soy incapaz de decirte que no a nada cuando pones esa cara de cachorro desamparado, y esto es algo que tenía que hacer.
Me siento atrapado en esta isla, Fuyu, y necesito salir de aquí y apostar por cosas nuevas.
Necesito avanzar como han hecho Aki y Natsu.
Así que, de momento, he decidido ir a Australia a darle una sorpresa a Riley y vivir mi propia historia romántica.
Sé que solo fue un lío de verano, pero creo que quizás podría funcionar.
No estoy seguro, pero quien no arriesga no gana, ¿no?
No te preocupes por mí, estaré bien. Tengo dinero porque le he vendido la mitad del Carpe Diem a Aki, ahora somos socios y él se quedará al mando en mi ausencia.
¡No te enfades con él por habértelo ocultado!
Yo le pedí que lo hiciera, y ya sabes cómo es Aki, leal hasta el último momento.
Pero, como te estaba diciendo, estaré bien, porque tengo dinero y muchas ganas de hacer cosas nuevas.
Quizás me ponga a estudiar algo, ¿sabes?
No sé, me hace un montón de ilusión porque las posibilidades son infinitas.
Te dejo las llaves de mi casa para que la uses a tu antojo y no te quedes tan aislado en la cabaña.
Por favor, por favor, no te enfades conmigo. Te quiero mucho, Fuyu, y siempre lo haré. Ojalá lo entiendas.
Te echaré de menos
Haru.
Arrugo la carta en mis manos cuando termino de leerla. ¿Que no me enfade? Lo ha dejado todo sin mirar atrás, como si no le importara nada, como si no le importara…yo. ¿Cómo no voy a enfadarme?
El aire me falta, las manos me tiemblan y el pecho me duele horrores.
Creo que nunca he sentido tanto dolor en mi vida.
Prefiero mil veces una pelea a puñetazos con Natsu que este repentino golpe emocional que trastoca todos mis sentidos.
Apoyo la cabeza en mis manos mientras trato de coger aire para seguir respirando, pero es inútil, la angustia no desaparece.
Se ha ido. Haru se ha ido y yo siento que me muero.
El viento empieza a escucharse afuera y abre una de las ventanas de la cabaña con fuerza.
Entonces me levanto, voy hacia ella e inhalo el aire invernal con desesperación y un poco más de éxito.
Mi estado anímico no ha tardado en hacerse notar en el clima y seguramente irá a más.
Por eso no puedo esperar, no me puedo permitir que el temporal me impida salir de esta maldita cabaña que nadie parece apreciar salvo yo.
Cuando mi respiración se calma, me pongo el abrigo, me tapo las orejas de lobo con la capucha y me aseguro de coger todo lo necesario antes de salir de casa: cartera, móvil, llaves (incluyo también las de Haru)…
Dejo los cascos en la mesa, no los necesito, y voy en busca de quien empezó todo esto.
De mi hermano el necio que decidió que ser humano era mejor que ser yosei.
Aki, me vas a escuchar. No pienso quedarme callado ni un minuto más.