No habrá más noche 35
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Como cada viernes por la mañana, Garbiñe vigilaba con discreción la entrada principal del convento de las Adoratrices.

La silueta se presentó, puntual. Como siempre, Garbiñe fingió estirar sus músculos agarrotados y enlazó su cuerpo en un abrazo imaginario para Ander.

Pasado el minuto impuesto por Sofía, la sombra metió las manos en los bolsillos y se alejó arrastrando los pies, sin dejar de observar a la interna hasta desaparecer.

—Purificación, no te hagas la remolona. ¡Vuelve al trabajo!

Anxela y Garbiñe mantenían una conducta ejemplar.

La pareja Jirafa-Víbora ponía a prueba su resistencia cada día.

Y cada día, las religiosas superaban los límites de su imaginación con nuevas torturas para terminar de quebrar el espíritu y la voluntad de las dos internas.

Pero las chicas aguantaban todas las vejaciones con un estoicismo incomprensible para sus compañeras de dormitorio.

Los viernes eran el día más esperado, no solo por la visita efímera de Ander, sino por las esperadas noticias que les traía Sofía durante sus entrevistas a puerta cerrada.

—Aquí tienes tu carta, Garbo.

Garbiñe aplaudió de felicidad y leyó el contenido de la misiva sin demora.

Sonrió, volvió a leerla y cerró los ojos en un intento por memorizar cada palabra.

Por fin devolvió la carta a la visitadora con la promesa de que ésta la conservaría hasta su salida del centro.

A su lado, Anxela disfrutaba contemplando el rostro iluminado de su amiga.

Ella prefería recibir noticias de su madre de viva voz.

—Sofía, ¿has podido hablar con mi madre esta semana?

—Por supuesto, cariño. Sigue manteniéndose alejada de la vida social para evitar cualquier contacto con el alcalde y el párroco. Tiene algún que otro achaque de salud pero sus remedios le ayudan a mitigarlos. A cada llamada, me repite lo orgullosa que está de ti y que pronto estaréis reunidas.

Anxela sonrió.

—¿Has recibido alguna respuesta a tus últimos informes? Esto está siendo muy duro para nosotras. La superiora está rebasando todos los niveles de crueldad de forma insoportable.

—Es demasiado pronto para eso. La próxima reunión de la Junta Provincial no es hasta dentro de diez días. Pero esta vez cuento con un aliado muy especial. Las monjas tendrán que dar su brazo a torcer.

Anxela y Garbiñe interrogaron a Sofía con la mirada. Por toda respuesta, la visitadora les guiñó un ojo.