25
사랑은 멀리 있어도 가깝고, 가깝게 있어도 멀다
(Sarang-eun meolli isseodo gakkapgo, gakkapge isseodo meolda)
«El amor puede estar cerca aunque esté lejos, y lejos aunque esté cerca».
El lunes por la mañana, el estudio parecía más pequeño. Sobre todo, más vacío. El silencio lo ocupaba todo. Ya no había risas en la cocina, ni una voz grave en mitad de la noche, ni una chaqueta abandonada sobre una silla, ni pasos en el recibidor al amanecer.
Clara apenas había dormido.
Hacia las tres aún sostenía el teléfono en la mano, tumbada de cualquier manera en el sofá y con los ojos fijos en la pantalla negra. Jae-min la había llamado nada más llegar a Seúl. Le había dicho que el viaje había ido bien. También le había contado que al día siguiente daría una rueda de prensa.
—Mírala solo si crees que podrás soportarlo –había susurrado.
Clara había cerrado los ojos al oírlo. Aquella frase bastó para oprimirle el pecho.
A las 8:11, el teléfono vibró sobre la mesita baja. En la pantalla apareció el nombre de Eun-hee.
Clara respondió de inmediato.
—¿Diga?
—¿Estás en casa?
—Sí.
Detrás de Eun-hee se oían voces llamándose unas a otras, ruedas sobre el suelo, una puerta metálica al cerrarse. Ya estaban desmontando el estudio.
—Estamos recogiéndolo todo –dijo Eun-hee con suavidad–. El equipo regresará a lo largo de la semana. De todos modos, el rodaje en París estaba casi terminado. El director ya tiene todo lo que necesitaba de aquí. Los exteriores, los cafés, las calles, los muelles… El resto se hará en Corea.
Clara no respondió de inmediato. La película seguía adelante. El plató cerraba. Y el lugar que ella ocupaba desaparecía con él.
—De acuerdo –dijo al fin.
Eun-hee bajó aún más la voz.
—La rueda de prensa comienza a las cinco de la tarde en Seúl. Aquí serán las nueve de la mañana. Jae-min comparecerá ante la prensa, los canales de televisión y los fotógrafos. Toda la puesta en escena habitual.
Clara miró la hora en la parte superior de la pantalla. Las 8:13.
—¿Vas a verla?
Clara inspiró despacio.
—Sí.
Se hizo un breve silencio.
—Clara… prepárate –murmuró Eun-hee–. Las agencias saben gestionar esta clase de crisis. Disculpas públicas, reverencia, declaración escrita, preguntas. Quieren tranquilizar a los fans, calmar a los patrocinadores, limpiar su imagen.
Clara percibió un sabor metálico en la boca.
—Ya veo.
—Y, sobre todo… mantén el teléfono lejos de los comentarios.
Clara dejó escapar un sí casi inaudible y terminó la llamada.
Permaneció inmóvil en mitad del salón. Sobre la mesa se enfriaba una taza de café.
Junto al sofá, la manta que habían compartido el miércoles por la noche aún resbalaba por el reposabrazos.
Cada objeto le recordaba una hora concreta, una frase, una noche demasiado breve, las partidas al amanecer, las miradas robadas en los pasillos, las largas conversaciones en la cama con aquella cuenta atrás suspendida sobre ellos.
Diez días.
Quedaban diez días, había dicho él.
Y después el escándalo lo había borrado todo.
A las 8:57, Clara se sentó al borde del sofá con el teléfono entre las manos.
La retransmisión se abrió con una sala blanca.
El logotipo de la agencia se repetía al fondo como un sello oficial.
Una larga mesa oscura esperaba en el centro.
Los micrófonos alineados formaban un seto tupido de varillas negras y extremos de colores.
Al fondo, los fotógrafos ya ocupaban sus puestos.
Varios periodistas consultaban las notas, con el bolígrafo suspendido entre los dedos y la expresión tensa por la emoción de recibir un escándalo servido a una hora exacta.
En Corea, esta clase de crisis se parecía a una liturgia. El rostro grave. El traje oscuro. La profunda reverencia. Las disculpas al público, a los fans, a los anunciantes, casi al país entero. Después llegaban las preguntas, las que debían producir una versión limpia, utilizable, oficial.
Un hombre de la agencia fue el primero en acercarse. Los subtítulos traducían sus palabras.
—Gracias por venir. El artista leerá primero una declaración. Después responderemos algunas preguntas.
El artista.
La expresión golpeó a Clara de una forma extraña. Jae-min ya no era del todo un hombre. Solo una imagen que reparar.
Entonces apareció.
Llevaba un traje negro y una camisa blanca.
Tenía el rostro todavía más pálido que en el aeropuerto.
Sus facciones mostraban las huellas del vuelo, de la noche en blanco, de las llamadas, de la presión familiar, de las reuniones con la agencia.
Avanzó hasta la mesa, se detuvo y dejó caer las manos a ambos lados del cuerpo.
Después hizo una reverencia.
Muy profunda.
Muy larga.
Los flashes empezaron a crepitar al instante. A Clara se le cerró tanto la garganta que tuvo que tragar con dificultad. Conocía aquella reverencia. Era la admisión de culpa ante todo el mundo. El arrepentimiento ofrecido al juicio público.
Cuando Jae-min se incorporó, se sentó, desplegó la hoja y empezó a leer.
—En primer lugar, deseo expresar mis más sinceras disculpas a todas las personas a las que este asunto ha herido y decepcionado. También pido perdón a mis fans, que siempre me han brindado su confianza y su apoyo.
Clara apretó los dedos alrededor del teléfono.
Jae-min prosiguió:
—Lamento profundamente la preocupación causada durante estos últimos días. Mi comportamiento no fue lo bastante prudente. Como figura pública, debería haber actuado con mayor responsabilidad.
Todo estaba escrito de antemano. Cada palabra llevaba la marca de la agencia, de los abogados, de las exigencias de imagen.
Entonces llegó la frase.
La que Clara aguardaba desde el día anterior con una angustia silenciosa.
Jae-min bajó un instante la mirada hacia la declaración.
—Las fotografías tomadas en París muestran una relación privada sin trascendencia. Se trató de un breve flirteo, de un momento irreflexivo. Esta relación no implicaba ningún compromiso serio.
El salón pareció inclinarse bajo sus pies.
Clara permaneció inmóvil, con los ojos abiertos frente a la pantalla y la sensación nítida y glacial de que algo la había atravesado de parte a parte.
Un breve flirteo.
Ningún compromiso serio.
Jae-min siguió hablando con el mismo tono uniforme, casi desprovisto de vida.
—Comprendo la decepción de quienes me han apoyado. Pido disculpas por haber dañado la imagen que muchos esperaban de mí.
La mente de Clara entendía perfectamente la estrategia. Reducir. Minimizar. Encerrar su historia en una fórmula lo bastante pequeña para calmar los mercados, los anunciantes, los programas de televisión, los fans heridos y, sobre todo, a la familia.
Pero su cuerpo recibía aquellas palabras como un rechazo público.
A un lado de la pantalla se sucedían los comentarios.
Clara alcanzó a verlos. Los insultos avanzaban a toda velocidad.
Circulaban su nombre y su rostro. Algunas cuentas seguían publicando las fotografías de París.
Su mano en la de Jae-min. Su boca contra la suya.
Y después, los montajes más violentos, las flechas, los círculos rojos, palabras como calculadora , oportunista , extranjera .
Levantó la mirada, incapaz de seguir viéndolos.
En la sala, las cámaras continuaban crepitando.
Jae-min pasó la página.
—También deseo anunciar hoy mi retirada del cine.
Tomé esta decisión hace tiempo y no guarda relación con el asunto actual.
Desde hace varios meses existía ya un compromiso referente a mi incorporación al grupo de mi padre.
A partir de ahora asumiré esa responsabilidad y me uniré oficialmente a la empresa familiar.
Un estremecimiento visible recorrió enseguida las filas de periodistas. Varias cabezas se alzaron al mismo tiempo. Los bolígrafos volvieron a moverse. El escándalo sentimental acababa de encontrar algo más grande que él: el actor abandonaba las pantallas; el heredero regresaba al grupo.
Clara no dejaba de mirar su rostro.
Lo que no soportaba era la rapidez con la que el mundo conseguía ponerlo todo en orden.
En unas pocas frases, el error quedaba acotado, la carrera redirigida, el hijo llamado a filas, la imagen remendada.
Todo recuperaba una forma aceptable. Su historia, en cambio, quedaba comprimida en unas cuantas palabras humillantes.
El responsable de prensa levantó los ojos.
—Responderemos ahora algunas preguntas.
Una mujer sentada en la primera fila cogió el micrófono.
—Acaba de decir que esa relación en París carecía de trascendencia. ¿Confirma que solo fue un flirteo pasajero?
Jae-min mantuvo las manos extendidas ante él sobre la mesa.
—Sí. Fue una relación breve y sin importancia.
Cada palabra hirió cruelmente a Clara.
Otro periodista intervino enseguida:
—Varios medios hablan de la ruptura de un compromiso matrimonial. ¿Ha provocado este asunto dicha ruptura?
Jae-min respondió de inmediato:
—Deseo que las cuestiones familiares permanezcan en el ámbito privado.
Un tercero levantó la mano.
—Algunas marcas han suspendido sus contratos publicitarios. ¿Ha sufrido ya pérdidas económicas importantes?
—Mi agencia está tratando en estos momentos las cuestiones contractuales con los socios afectados.
El tono seguía sereno, pero Clara veía la tensión de su mandíbula y el vacío oculto tras las respuestas aprendidas.
Entonces se alzó otra voz desde el fondo de la sala.
—¿La persona involucrada en este escándalo trabajaba en el rodaje de París?
El corazón de Clara golpeó con fuerza.
Jae-min guardó un silencio minúsculo.
—Asumiré la responsabilidad de mis propios actos. No involucraré a ninguna otra persona en esta rueda de prensa.
Los flashes volvieron a dispararse. Clara notó que su respiración se aceleraba. La estaba protegiendo.
Otra periodista intervino casi de inmediato:
—¿Se arrepiente de esa relación?
El salón pareció enfriarse aún más.
Jae-min alzó por fin la mirada hacia la sala.
—Lamento el dolor causado a mis fans, a mi equipo y a las personas afectadas por este asunto.
Clara bajó la cabeza.
Las preguntas continuaron.