No estabas en el menú (Hermanas Salvatierra 1) Epílogo 1
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Epílogo 1

Margarita

Un año después…

La alianza de oro lisa brilla en mi dedo anular mientras coloco los cuencos de fruta del desayuno sobre la isla de la cocina. Las cosas han cambiado un poco en este tiempo, ahora, los fines de semana desayunamos todos juntos en casa antes de que Bea y yo nos vayamos al restaurante.

Sigue pareciéndome un sueño.

Pero miro de nuevo mi anillo y recuerdo a mis hermanas y a Marcos como testigos de nuestra boda.

Una boda que no podría haber sido más perfecta.

Todo el pueblo participó de algún modo aunque todo fue muy sencillo.

El alcalde nos casó aquí, en nuestro jardín, con la familia y los amigos íntimos.

Después, un ligero convite con casi el pueblo al completo.

Música, risas, baile… como digo, perfecto.

—Marge, he tenido una idea genial para los nuevos postres de esta temporada.

Sonrío ante las palabras de mi hermana porque Bea sigue siendo pura dinamita y por nada del mundo querría que cambiara. Es genial trabajar con ella.

—Es genial que te casaras con Ricardo, porque ahora puedo usar a más gente como conejillos de indias —me sonríe con picardía—, aunque no estaría de más tener a algún bebé por alrededor…

Me echo a reír y niego con la cabeza.

No, aún es pronto. Pero desde hace unos meses, Bea y Juls me han dejado caer que están deseando ser tías.

Y Marcos no se queda atrás, el día que se presentó aquí con una camiseta que rezaba: “soy el mejor tío del mundo”, pensé que me moría de la risa.

Mis hermanas nos enseñaron sus camisetas que decían lo mismo: “soy la mejor tía del mundo”.

Ricardo se atragantó con el café y me miró boquiabierto tanto rato que yo solo podía reír.

Es divertido. Nuestra vida es genial, hay altibajos, claro, pero en general, es increíble.

Ricardo entra por la puerta aún medio dormido porque anoche se quedó en su oficina terminando los planos para un cliente. Me besa con ternura y me abraza antes de guiñarle un ojo a Bea que pone los ojos en blanco.

Está a punto de decir algo, pero Julieta entra en la cocina y está más pálida que de costumbre, lo que hace que todos nos tensemos. Tiene un sobre satinado entre las manos.

—Ayer llegó esto —nos dice y parece insegura, lo que no me gusta nada—. Vino por correo certificado desde un bufete muy importante de Madrid.

Bea es la primera en reaccionar, deja algo sobre la mesa con un golpe seco y frunce el ceño.

—¿Un bufete? ¿Y por qué nos escribe un bufete? ¿Es por Ana?

—No —Ricardo se apresura a calmar a mi hermana.

El tema del juicio fue doloroso, no lo voy a negar.

Pero también nos ayudó a cerrar ese capítulo y seguir adelante.

Finalmente no demandé a Ana por daños, creo que el estar en un hospital psiquiátrico ya es castigo suficiente y en cuanto a Carlos, tampoco se ha ido de rositas.

La lesión le ha dejado una cojera permanente, perdió su trabajo cuando todo salió a la luz y se ha ido de Madrid, nadie sabe nada de él.

—Ana sigue y va a seguir en el hospital, su tía es su responsable legal y es una buena mujer.

Asiento a las palabras de Ricardo porque son ciertas. Conocimos a la mujer en el juicio y estaba devastada.

—No, no es por Ana —nos informa Julieta. Nos mira con una mezcla de miedo y preocupación—. Es una notificación de demanda de paternidad y reclamación de herencia legítima sobre Casa Salvatierra y todas las propiedades que hemos heredado de nuestros abuelos.

—¿Cómo dices?

De nuevo es Bea quien reacciona primero. Yo estoy paralizada. Siento un frío repentino en el estómago que me hace tener nauseas.

—¿Cómo va alguien a decir que es familia nuestra? Los abuelos solo tuvieron a papá, nos lo ha contado todo el mundo, la gente que les conocía de toda la vida. Somos las únicas herederas .

—Pues parece ser que no —insiste Juls. Saca del sobre un documento y sus dedos tiemblan ligeramente—.

Un hombre ha presentado actas de nacimiento y cartas con el abuelo Paco.

Reclama ser el hijo primogénito de nuestro abuelo.

El hermano mayor de… papá —le tiembla la voz al decirlo en voz alta y se me encoje el corazón—.

Quiere su parte del restaurante, de la casa, de las tierras.. De todo.

—¡Y una mierda! —Bea le arrebata el papel y lee con avidez, cuando termina, lo tira sobre la isla de la cocina—. ¡Por encima de mi cadáver! Esto es nuestro, nosotras lo hemos levantado con sangre, literalmente, sudor y lágrimas. Si un abogaducho del tres al cuarto se cree que nos lo va a quitar…

—Bea, escucha… —Julieta está nerviosa y eso no es bueno.

—¡No tengo nada que escuchar! —sisea mi hermana—. Me importa un carajo cuántos papeles presente, quién diga ser y cuántos abogados tenga en Madrid. ¡Esto es nuestro!

Ricardo la abraza con fuerza y ella se esconde en su pecho.

Y yo me siento llena de amor.

—Escucha, cariño —le dice con firmeza y ternura a la vez—.

Pase lo que pase, con una rabieta y negando la realidad no vamos a conseguir nada.

Estamos juntos y juntos lo resolveremos.

Llamaré a Fernando, es mi abogado y será el vuestro, no es de un importante bufete de Madrid pero es muy bueno y podemos confiar en él.

—No nos van a quitar una mierda, ya te lo digo —sigue emperrada Bea.

—O al menos, lo vamos a pelear —tercia Ricardo.

Mi hermana se separa de él y nos mira desafiante, coge el papel de la demanda y aprieta los dientes.

—Yo iré a ver a Fernando y me encargaré de todo esto —fulmina con la mirada a Julieta—.

Tú estás a punto de desmayarte de tanto trabajar, puedo yo sola con un abogado imbécil que se cree que nos va poder mangonear.

Y tú —me mira fijamente—, ponte de una vez a ampliar la familia.

Si esto es cierto, cuantos más herederos, menos podrá pillar ese cabrón arrogante.

No puedo evitar echarme a reír.

—No tienes ni idea de cómo funcionan las herencias.

Ricardo oculta una sonrisa y Juls respira algo más tranquila.

Y yo… yo me siento tranquila. Sí, se avecina una tormenta, pero esta en particular no es para mí, ni para Ricardo, ni para Julieta.

Esta tormenta es toda para Beatriz que está mirando el documento legal como si pudiese prenderle fuego con la mirada, pero al parecer va a ser ella quien pelee con uñas y dientes.

Y Ricardo tiene razón, sea lo que sea que ocurra, lo afrontaremos como lo que somos: una familia unida.