No estabas en el menú (Hermanas Salvatierra 1) Epílogo 2
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Epílogo 2

Ricardo

Dos años después…

El sol de la tarde empieza a caer sobre el jardín de la casa tiñendo las paredes de piedra de un tono dorado y cálido.

Con el tiempo, hemos ido cambiado algunas cosas para hacerlo todo aún más nuestro.

Sin perder la esencia de los abuelos de las hermanas, de todo lo que ellos empezaron y que nosotros continuamos.

Me apoyo en la columna del porche con una taza de café en la mano y una sonrisa en los labios. Ya casi no me acuerdo de los clavos de titanio, salvo algún momento puntual en lo más crudo del invierno, el hombro no me ha vuelto a dar problemas.

Es una preciosa tarde de primavera y a unos metros de mí, sobre la hierba, Marcos intenta enseñarle a un cachorro de labrador a traer una pelota, aunque el perro está más interesado en morderle los cordones de las deportivas.

Julieta está muerta de risa a su lado, últimamente coge algún que otro día libre y parece más estable, más feliz, pero la sombra de lo que sea que le ocurre aún planea sobre ella.

Sabe que nos tiene a su lado, siempre. Así que cuando esté lista, nos contará lo que le ocurre.

Oír sus carcajadas nos llena el alma a todos.

Este año ha sido duro. Todo el tema del litigio sobre el restaurante y la propiedad nos ha tenido en vilo y tensos.

Un año de abogados, de viajes a los juzgados y de incertidumbre.

Pero parece que todo llega a su fin. Fernando ha sido todo un apoyo para nosotros y de no ser por él y por su paciencia, creo que Beatriz habría perdido la cabeza.

Justo en ese instante la oigo gritar como una descosida al teléfono.

Madre mía… se pasa los días discutiendo acaloradamente con el abogado.

Ya sea en persona o por teléfono. Sonrío al oírla porque me encanta la pasión arrolladora que tiene por la vida.

Ya sea para crear un bizcocho con cuatro ingredientes o para poner en su sitio a un abogado que claramente tiene las de perder.

Porque mi cuñada es una fuerza de la naturaleza y tiene cuerda para rato.

Siento a mi mujer justo antes de que me rodee el cuerpo con sus brazos. Sonrío, dejo la taza sobre la ancha barandilla y me giro para estrecharla entre mis brazos. Un instante después, la estoy besando.

Nos sentamos en el balancín del porche mientras observamos a Julieta burlarse de mi hermano, a este gruñir porque el perro no le hace ni puto caso y al cachorro correteando feliz.

Atraigo a mi esposa a mi lado y le paso un brazo por los hombros, coloco mi otra mano sobre su abultado vientre .

—¿Cómo está hoy nuestra pequeña?

Suspira y se recuesta más contra mí.

—Va a acabar conmigo, te lo juro. Tiene la vitalidad de Beatriz —suspira y yo me echo a reír—, pero está bien. Estamos bien.

Ya está en su séptimo mes de embarazo y solo se siente cómoda llevando ligeros vestidos de premamá que la hacen estar aún más guapa. Se ha recogido el pelo ligeramente y la beso en la cabeza.

A veces me cuesta creer que estemos aquí y que se pueda ser tan feliz.

Cada vez que recuerdo aquel día que casi la pierdo…

aún tengo pesadillas de vez en cuando, pero Margarita no se queja nunca, solo me permite abrazarla y me susurra en la oscuridad que está a salvo gracias a mí y que me quiere. Y el mundo vuelve a estar en paz.

—¿En qué piensas? —me mira de reojo y sonríe—. ¿Ya has leído la lista de nombres que ha propuesto Beatriz?

Suelto una carcajada.

Mi cuñada es tremenda. Cada día nos deja una lista de nombres, algunos son preciosos, otros… otros son una locura y por supuesto, según ella al menos, la niña llevará de segundo nombre: Beatriz.

—Pienso en que tenías razón. En que la vida son los pequeños detalles del día a día.

En que estamos formando una familia preciosa y maravillosa y en que eres el amor de mi vida.

Pienso que por muy jodido que sea el camino, a las personas buenas les esperan cosas buenas y pienso que tú eres lo mejor de este mundo.

Últimamente Margarita llora por todo y aunque al principio me asustaba, ahora me hace sonreír. Está más sensible y más vulnerable, pero también más receptiva y eso siempre es interesante.

Me aprieta la mano que tengo sobre su vientre y entrelaza los dedos con los míos. Observamos a nuestros hermanos reír y correr por el jardín.

Y siento que este momento es absolutamente perfecto.

Porque el amor, cuando es de verdad, se siente y pese a los retos y las complicaciones, nosotros nos queremos.

FIN