No estabas en el menú (Hermanas Salvatierra 1) Capítulo 32
63%

Capítulo 32

Margarita

Hoy hace un día precioso y pasear con mis hermanas por el pueblo está siendo muy agradable, no lo estoy disfrutando mucho porque aún me duele haber terminado con Ricardo, sigo sin saber qué ha ocurrido entre los dos y está claro que él no me lo va a explicar.

Nos detenemos en la floristería y Julieta saluda con una enorme sonrisa a Marta, la dueña del negocio. Se trata de una mujer joven, con un gran encanto y una bonita sonrisa. Según me ha contado Juls, está casada con un carpintero que trabaja para Ricardo y tienen una niña de cuatro años.

—Dadme un minuto, chicas, enseguida estoy con vosotras .

Asentimos mientras observamos todo lo que tiene en la tienda. Esta mujer tiene un gusto impecable.

Hay todo tipo de creaciones con plantas y algunas de ellas me sorprenden y me hacen pensar en cómo podrían quedar en el restaurante.

Juls y Bea están mirándolo todo con una sonrisa. Juls, como siempre, está tomando notas en su tablet y haciendo fotos de todo.

La observo y sonrío. Está bien. Se ha recuperado del todo.

De hecho, el médico le dijo ayer que le darán el alta en un par de días y le dio el visto bueno para volver a usar el ordenador, la tablet y el móvil.

Aunque los lleva usando desde hace más de una semana, pero la verdad es que está muy bien.

Y es feliz estando ocupada. Así que Bea y yo hemos terminado cediendo.

—Ya estoy con vosotras —Marta se acerca con su bonita sonrisa, es una chica muy dulce.

—Te hemos traído un café —Bea le tiende la caja con una taza de café y un trozo de bizcocho de chocolate—. Y por si te lo preguntas, sí, es un soborno.

Marta suelta una carcajada y avisa a una jovencita de que esté pendiente de la tienda.

—Vamos al despacho y me contáis de qué va esto.

La seguimos y no puedo evitar mirarlo todo con detalle.

La verdad es que esta tienda es como viajar a otro lugar, un lugar mágico.

No es la típica floristería. Es como un exótico vergel con plantas, flores y decoraciones por todas partes.

Incluso hay pequeñas luces que resaltan la belleza de todo el género.

Su despacho es muy funcional pero también tiene ese toque que es solo de ella. Y eso me gusta.

Nos indica que nos sentemos y Juls se pone al frente de la conversación .

—Queremos proponerte una alianza.

Marta nos mira y espera a que mi hermana termine de explicarle.

—Nosotras podríamos tener plantas con flores que usaríamos en el restaurante, pero nos gustaría mucho contar contigo en vez de ocuparnos nosotras. Nos encanta tu trabajo y tu visión de las cosas, estuvimos en el bautizo del pequeño Jaime y alucinamos con la atención al detalle.

Marta sonríe y asiente mientras toma un sorbo del café. Después prueba el bizcocho.

—Queremos que nos surtas las flores y las decoraciones para el restaurante, así que como al principio todo se nos va a ir un poco de la manos, habíamos pensado en una colaboración.

Quizá podríamos ofrecerte dulces para que tengas en la tienda para tus clientes, por supuesto, todo el mundo sabrá de dónde son las flores y las decoraciones.

No hablo de mercancía gratis, pero quizá, podrías ofrecernos tus consejos y tu experiencia a cambio de que tu familia venga a comer al restaurante gratis.

Marta sonríe y mira a mi hermana.

—Ay, cariño… las cosas no son así en un pueblo —Juls me mira nerviosa y la verdad es que yo también me tenso—.

Os ofreceré mis consejos y mi experiencia porque sois las nietas de Paco y Elisa, porque vais a abrir de nuevo Casa Elisa y porque sois vecinas.

En cuanto al resto, claro, podemos llegar a un acuerdo sin problema —nos mira a las tres y la verdad es que se me hace un nudo en la garganta—. ¿Ya se han terminado las obras?

En ese momento me mira de nuevo y frunce el ceño.

—Sé que Ricardo y tú…

—No. —La corto con una sonrisa—. Lo que hubo entre Ricardo y yo es solo nuestro. Las obras aún no han terminado porque como el gran profesional que es, se está asegurando de que todo sea perfecto, pero estará todo listo en breve.

No deja de mirarme directamente a los ojos y yo intento no desmoronarme.

—Esto es un pueblo y tiene sus cosas buenas y malas, aquí todo el mundo sabe que habéis estado juntos y que ya no lo estáis, aunque nadie sabe por qué —se encoge de hombros—, pero Ricardo es un hombre muy querido y muy respetado.

—¿Y por qué habría de cambiar eso? —me enderezo en la silla—.

Repito: lo que hubo entre nosotros es cosa nuestra, de nadie más.

Ricardo es un hombre extraordinario, un profesional de los pies a la cabeza.

Y eso es todo lo que voy a decir sobre él.

Bueno no… pese a que ya no estemos juntos, siempre contará con mi respeto y mi cariño.

Y si en el futuro debemos hacer más reformas acudiré a él sin pensármelo dos veces.

Ahora sí he dicho todo lo que tenía que decir al respecto.

La sonrisa de Marta me indica que mi respuesta le ha gustado, quizá no crea que lo digo de corazón, pero siento todas y cada una de las palabras que he dicho.

Ricardo es un hombre increíble en todos los aspectos y aunque lo estropeé y me arrepentiré toda la vida, le deseo toda la felicidad del mundo y nadie logrará que diga una sola palabra en su contra.

Porque no se lo merece, porque me ha cambiado la vida por breve que fuese lo que teníamos y eso siempre se lo agradeceré.

***

Tras llegar a un acuerdo con Marta, que la verdad, me parece muy bueno para nosotras, nos dirigimos hacia la plaza del pueblo. Juls ha quedado con el alcalde y con un concejal para que nos enseñen dónde irá nuestro puesto en la feria medieval .

Solo falta un mes para que se celebre y las tres nos sentimos muy nerviosas por el hecho de que nos hayan ofrecido un puesto.

Cuando Bea y Juls fueron a preguntar al ayuntamiento, la intención era tenerlo en cuenta para el año que viene, pero la secretaria del alcalde se mostró muy emocionada, les presentó a todo el mundo y salieron de allí con la inscripción para la feria medieval.

Todo fue bastante surrealista por lo que me contaron, y en un principio quise negarme porque no tengo ánimo, pero las vi tan sorprendidas y emocionadas que como siempre, apreté los dientes y seguí adelante.

Haría cualquier cosa por ellas, y si la feria las hace sonreír, pues tendremos un puesto en la feria.

—Señor alcalde.

Juls se acerca y le tiende la mano, pero el hombre, que no está nada mal, la verdad, le planta dos sonoros besos que dejan loca a mi hermana y a mí me hace sonreír. Después nos besa a Bea y a mí.

—Me imagino que tú eres Margarita —asiento con una sonrisa tensa—. He oído hablar mucho de ti y tu talento. Permite que te tutee por favor. Soy Antonio de la Torre, primo segundo de Ricardo y Marcos. Nuestros abuelos eran hermanos.

Sonrío ante su explicación porque me encanta. Me encanta que aquí todo el mundo tenga una historia detrás. Y espero, de corazón lo hago, que un día, yo pueda presentarme igual.

—Claro, podemos tutearnos sin problema. Encantada de conocerte Antonio.

El concejal nos saluda con dos besos también y nos muestran la plaza.

—La feria dura solo cuatro días, pero son cuatro días muy intensos —nos explica el alcalde—. Todo el pueblo se transforma y es muy divertido e intenso. Todo se llena de turistas. De hecho, el hotel se llena todos los años, es raro que no se hagan las reservas de un año para otro .

—Eso es genial.

—Sí que lo es —me mira y sonríe—. Vuestros abuelos lo organizaron todo hace más de treinta años.

Vuestra abuela Elisa cosió los primeros vestidos ella misma, por aquel entonces no teníamos a nadie que cosiese tan bien como ella, ahora contamos con Creaciones Maricarmen, que si no la conocéis aún, tenéis que hacerlo. Es una diseñadora magnífica.

Las tres sonreímos.

Siempre que nos relacionamos con la gente del pueblo nos dicen lo mismo, no importa de qué se trate.

El vecino que se encarga de una tarea en especial, es el mejor del mundo.

Y eso nos encanta, la verdad. Es un pueblo muy unido y el orgullo que sienten de que eso sea así lo hace muy especial.

Y todos, absolutamente todos, hablan maravillas de nuestros abuelos.

Nadie menciona a nuestro padre aunque sabemos que todos le conocían.

—Vamos a ir a verla ahora —indica Bea—. Mi madre me enseñó a coser y sé que es muy tarde para encargar los trajes, así que los nuestros no serán tan espectaculares ni de broma, pero espero que al menos me de algunas indicaciones.

—Oh, hará más que eso —el alcalde se ríe y el concejal también—. Mi cuñada no os dejará tiradas.

—Oh, ¿Maricarmen es tu cuñada? —pregunto con una sonrisa.

—Lo es —me devuelve la sonrisa—. Hermana de mi mujer, Claudia es profesora en el colegio.

Lo dice con tanto orgullo que nos hace sonreír de nuevo.

Una vez que nos indica dónde irá nuestro puesto, las dimensiones que tendrá y nos hace una serie de preguntas sobre lo que vamos a necesitar, damos por terminada la reunión y tras despedirnos de él, nos dirigimos al otro lado de la plaza .

La verdad es que para ser un pueblo, es bastante grande.

Tiene una decoración que recuerda a las aldeas medievales y mientras caminamos sin prisa, Julieta nos cuenta parte de la leyenda del pueblo. Se ha hecho toda una experta.

Cuando entramos en la tienda de Maricarmen, nos recibe con una enorme sonrisa.

—¡Bienvenidas! Mi cuñado ya me ha puesto al día, ¡no sabéis la alegría que me da que tengáis un puesto! El de vuestros abuelos era uno de los más populares. Por cierto, perdonad mis modales, soy Maricarmen.

—Encantada —me acerco y le doy dos besos, en este pueblo lo de estrechar manos no les va mucho—. Yo soy Margarita, ella es Beatriz y ella Julieta —todas le dan dos besos—. Tienes una tienda increíble.

Ya hay varios modelos de trajes expuestos y la verdad es que todos son una obra de arte. ¡Esta mujer tiene muchísimo talento!

—Muchas gracias. Antes de ponernos a tomaros medidas y demás, debemos acordar el estilo de los trajes, aunque la verdad, con lo guapas que sois y los tipazos que tenéis, todo os quedará bien.

Las tres sonreímos y nos sonrojamos un poco. No obstante, Bea reacciona antes que Juls y yo.

—Sabemos que tienes que estar muy liada, no queremos presionarte.

—¡Nada de eso! —nos sonríe—. Es decir, sí que estoy muy liada, pero jamás dejaría tirada a las nietas de Paco y Elisa —le coge las manos a Bea—.

Ellos me ayudaron muchísimo cuando me instalé en el pueblo, lamento muchísimo su pérdida y les echo de menos.

No podría perdonarme no portarme igual con sus nietas.

—Oh .

Es todo lo que Bea puede decir y Juls y yo nos cogemos de la mano.

Las tres estamos abrumadas y sentimos un pellizco en el corazón. Creo que mis hermanas piensan lo mismo que yo: que es un enorme peso sobre los hombros estar a la altura de nuestros abuelos.

—Bien, venid que os enseño el catálogo y me decís qué os parece. Estoy segura de que encontraréis algo que os guste.

Bea frunce el ceño y mira a su alrededor.

—En realidad, Maricarmen, creo que el problema va a ser decidir qué es lo que no nos gusta.

La mujer se echa a reír y nos lleva al fondo de la tienda.