Capítulo 28
Margarita
Estoy histérica.
No hay otra forma de definirlo y como me ha dicho Beatriz hace unos minutos, me he vuelto completamente loca. Y tiene razón.
Observo la cantidad ingente de platos que he preparado y me muerdo el interior del carrillo.
Es demasiada comida. Además en vez de hacer platos con un par de raciones, he hecho cada plato de unas seis raciones.
Así que ahora tengo toda la isla de la cocina llena de comida, Ricardo y Marcos están a punto de llegar, yo estoy sudando como si hubiese corrido una maratón, lo que está en el horno aún se está terminando de hacer y me tiemblan hasta las pestañas.
¿Pero por qué me he metido en este berenjenal?
Madre mía… un restaurante yo sola… jamás he hecho algo así.
Además de eso, empezar una relación con Ricardo…
me froto la cara y ahogo un suspiro. La de tonterías que le dije ayer…
como si yo supiese algo de relaciones, ni sanas, ni tóxicas ni nada.
¡Si jamás he tenido una! La relación más larga que he tenido en mi vida de índole sexual es con mi vibrador. Y no creo que eso cuente, la verdad.
—¿Aún estás así?
Miro a Julieta que está en el marco de la puerta y no puedo evitar sonreír. Me hace feliz verla de pie, me hace feliz ver que se está recuperando y me hace muy feliz ver que se le están quitando las ojeras de la cara.
Mira el reloj y frunce el ceño.
—Marcos me ha llamado para decirme que ya están de camino. Llegarán en unos cinco minutos.
—¡¿Qué?!
Voy a salir corriendo de la cocina pero justo entonces pita el reloj que me avisa de que tengo que sacar lo del horno y meter la siguiente bandeja.
—Puedo hacerlo yo —miro a Julieta y… Dios… a veces parece tan vulnerable… aunque sé que no lo es.
—No, no puedes —Bea entra en la cocina con un vestido que le sienta de maravilla, me mira a los ojos—. Vete a la ducha y arréglate, soy perfectamente capaz de cocinar un par de platos aunque sea pastelera.
—Eso ya lo sé.
—Pues eso, ¡andando !
Me da un cachete en el culo y le hago caso. Salgo corriendo de la cocina y me meto en el baño para darme la ducha más rápida de mi vida.
Apenas cinco minutos después, me envuelvo en una toalla y me dirijo a mi habitación. Estoy un poco ensimismada y muy nerviosa, quizá por eso no me doy cuenta de lo que hay a mi alrededor hasta que cierro la puerta de mi habitación.
—Hola.
—¡Aahhhh! Joder, Ricardo…
Me llevo las manos al pecho mientras él se parte de risa. A mí no me hace ninguna gracia.
—¿Qué haces aquí?
—Me ha mandado Bea, dice que estás muy nerviosa y que necesitas que te ayude a relajarte.
Aprieto los dientes con fuerza, voy matar a mi hermana. Lentamente.
—Y yo encantado.
—Sí, pues va a ser que no.
Ricardo forma una sonrisa que me deja atontada y se me eriza la piel cuando se acerca a mí y me envuelve entre sus brazos. Se está de maravilla aquí.
—Puedo hacer que te relajes en apenas un par de minutos.
—¡Que no va a pasar nada ahora!
Intento separarme de él, pero no me lo permite, solo me mira y un instante después me está besando como si no hubiese un mañana.
No es que me queje lo más mínimo, pero vamos, que así no voy a relajarme. Más bien lo contrario .
—Hueles genial.
Su aliento me acaricia la piel y juro que estoy a punto de ronronear. No se puede ser más idiota.
—Tengo que vestirme y tenemos que bajar, está todo listo…
—Lo sé, lo he visto. Margarita, mírame.
Acto seguido alzo la mirada y me encuentro con la suya. Tan intensa, tan vivaz, tan profunda. Me estremezco debido a todo lo que me hace sentir.
—Todo tiene una pinta magnífica y huele de maravilla. No tienes por qué estar nerviosa. Aunque nos dieses de cenar cartón mojado, me seguiría pareciendo una delicia porque estoy contigo. Me gusta estar contigo.
Trago con fuerza y sonrío.
—Vístete, bajemos a disfrutar con tus hermanas y mi hermano de todos esos manjares que has preparado. Sin pensar en nada más, sin presiones.
—Pero es que sí que hay presiones y expectativas.
—No por mi parte. Yo solo esperaba comida, bebida y verte desnuda —me arranca la toalla del cuerpo y me observa con auténtico deseo—. Abajo hay comida, nosotros hemos traído la bebida y ya estás desnuda para mí.
Sonrío y ahora sí que estoy un poco más relajada.
—Eres muy amable.
Me acerco y le beso mientras le acaricio sus fuertes brazos y enredo las manos en su cuello.
—No soy de piedra.
—A veces sí.
Le guiño un ojo y él me da una suave palmada en el trasero .
—Descarada.
—¿Te molesta?
—Luego te explico lo que me provoca.
Me echo a reír y cuando me separo de él, me preparo para vestirme.
—¿Te vas a quedar ahí?
Se frota la nuca y sonríe con picardía.
—Me encantaría, pero si lo hago, no vamos a bajar a cenar. Así que será mejor que me vaya.
Me da un beso que me vuelve loca y tras guiñarme un ojo, sale de mi habitación.
Me quedo como una tonta mirando la puerta y con una sonrisa en los labios.
Me gusta mucho este hombre. Es divertido, sexy, atrevido, descarado y sincero.
***
Cuando finalmente bajo, me sorprendo al verles en la cocina en vez de en el comedor, que era lo que yo había previsto con Beatriz.
—He cambiado de idea —me dice como si me leyese la mente—. Como has hecho comida para todo un ejército, en vez de estar llevando y trayendo platos, es mejor que comamos en la isla de la cocina, algo un poco más informal pero más efectivo para probar toda esta comida. A todos les parece bien.
—Y de no hacerlo, tampoco importaría —murmuro cuando paso al lado de Marcos—. Hola, gracias por venir .
—A ver, no era difícil de decidirse, cena gratis con tres bellezas. Es verdad que tengo que aguantar a mi hermano, pero después de todos estos años, ya me he acostumbrado.
Sonrío y le beso en la mejilla. La verdad es que me cae genial, tiene un aire de chico bueno dentro de un cuerpo de chico bueno que siempre me hace sonreír. Y que esté pendiente de Julieta le hace ganar más puntos.
Cuando paso al lado de Ricardo no sé cómo comportarme, a ver todos saben que estamos juntos, pero… ¿será muy descarado besarle? Porque me apetece mucho, la verdad.
Pero no me da tiempo a pensarlo mucho porque es él quien me sujeta por las caderas, me atrae a su fuerte cuerpo y me besa con una pasión arrolladora que me hace gemir en su boca.
—¡Oye! No es de buen gusto empezar con el postre.
Sonrío ante la protesta de su hermano y me separo un poco para mirar a Ricardo a los ojos.
—Hola.
—Hola, preciosa.
Me da un beso suave y me tiemblan las piernas.
Alzo la mirada y veo a mis hermanas mirándome con los ojos muy abiertos y por un momento me siento cohibida, como si no estuviese bien besar a… ¿mi novio? Bueno, a Ricardo, delante de ellas.
—Joder… ¿y te has estado resistiendo a eso?
Bea me hace sonreír.
Y Julieta tampoco parece enfadada, la verdad.
—Hale, a comer.
Doy una palmada y me coloco entre Ricardo y Marcos .
La verdad es que Beatriz tiene razón y he hecho comida para un ejército, pero a juzgar por las expresiones de sus rostros y sus apuntes a cada plato, aún no he perdido mi toque en la cocina.
Las risas, el buen rollo y la camaradería son el acompañamiento perfecto para todos mis platos.
—Madre mía, nena, menos mal que ya salimos juntos. Porque no puedo resistirme a nada de este menú.
—Pues aún se ha dejado en el tintero varias recetas —me pincha Bea y sonrío.
—¡No me digas! —Ricardo me sonríe con picardía y le devuelvo la sonrísa—. ¿Y qué más no está en el menú?
—Tú —me sale responde—. Tú no estabas en el menú.
Me gira en mi taburete y me mira a los ojos.
—Cariño, yo soy plato único —me besa con intensidad y me aferro a sus brazos—. Y jamás podrás sacarme.
Me ruborizo como una quinceañera mientras mis hermanas y su hermano nos silban.
—Envidiosos —murmura Ricardo antes de besarme de nuevo.
Me quedo apoyada en el hombro de Ricardo y observo a nuestros hermanos reír, hacer bromas y disfrutar de la comida.
Y sin venir a cuento, mis ojos se humedecen y me cuesta la misma vida no echarme a llorar.
Esto es lo que he querido toda mi vida.
Mi familia unida y disfrutando de mi comida. Ser testigo de su felicidad .
Noto la mano de Ricardo en la espalda mientras se mete con su hermano y hace reír a mis hermanas.
Está pendiente de ellos, pero también está pendiente de mí. De alguna manera se ha dado cuenta de que mi estado de ánimo es vulnerable y me hace saber que está conmigo.
Todo es demasiado intenso para llevar juntos apenas un día, pero no me arrepiento y no me asusta, la verdad. A veces, una buena receta es intensa y podría parecer que demasiado, pero al cabo de unas horas, sigues teniendo la sensación de que es el mejor plato que has comido en tu vida.
Cuando todo el mundo dice que no puede más, Bea y yo recogemos los platos y servimos el postre. No hay nada que supere la Red Velvet de Bea con helado casero de vainilla.
—Madre mía.
Todos miramos a Marcos que se lleva las manos al estómago y gime.
—No puedo comer más.
—¿Perdona? —Bea le fulmina con la mirada—. ¿Sabes lo que me ha costado preparar esta tarta cuando la loca de mi hermana estaba en plena crisis de creación culinaria?
—¡Oye! —exclamo ofendida, aunque la verdad es que no le falta razón.
—Venga ya, como si no supieses que es cierto. Te has vuelto loca, ya te lo he dicho —se gira de nuevo hacia Marcos—. Tienes que comértelo todo porque si no me sentiré muy ofendida y nunca es bueno ofender a una pastelera.
—Vale, vale…
Julieta se echa a reír y le sujeta la mano a Marcos que ya se dirigía a coger la cuchara .
—Te está tomando el pelo —Marcos fulmina con la mirada a Bea que ahora tiene una expresión angelical en el rostro.
Ricardo y yo nos echamos a reír con ganas, porque ahora mismo mi hermana parece un ángel dulce y adorable mientras que Marcos tiene una expresión asesina en el rostro.
¡Está siendo una cena de lo más divertida!
—Muy graciosa.
—¡Gracias! —le suelta Bea tan tranquila.
—Lo que podéis hacer si queréis es llevaros la tarta y así tenéis para desayunar mañana —les indico—. Y os agradecería mucho que también os llevéis toda la comida que queráis, porque yo terminaría tirándola.
—Eso sería un crimen.
Miro a Ricardo y le sonrío.
—Gracias.
Me atrae a sus brazos y me besa en la mejilla.
—Además, cuando termine contigo esta noche te morirás de hambre. Tengo energía para toda la noche, preciosa.
Se me eriza la piel y me río como una tonta.
Cuando los chicos deciden que ya es hora de marcharse, Ricardo se acerca a mí y me abraza. Me encanta estar entre sus brazos. Al final, Bea les ha preparado un montón de paquetes con comida y por supuesto, con la tarta.
—¿Quieres que me quede? ¿O prefieres ir a mi casa? A mí me gustaría que pasaras la noche en mi cama, la cena ha sido genial, pero no me siento cómodo aún sabiendo que ellas están en la puerta de al lado. ¿Te importa ?
Me pierdo de nuevo en esos ojos oscuros suyos y niego con la cabeza.
—Lo entiendo. Si me das unos minutos para recoger todo esto, iré contigo.
—Vete ya —Bea me da un toque en el hombro—. Yo me encargo de todo —mira a Ricardo y le sonríe—. Que paséis buena noche, chicos.