Capítulo 27
Ricardo
En cuanto veo a mi hermano y su estúpida sonrisa me pongo nervioso.
Sé lo que me va a decir y joder, tendrá razón en todo. Pero aun así, no quiero que lo diga.
Ha pasado apenas una hora desde que Margarita se ha ido de mi casa y la echo de menos, aunque como un auténtico pervertido, me he guardado su tanga.
—Bueno, bueno, bueno… así que… la chef y el arquitecto, ¿no?
Niego con la cabeza mientras le dejo entrar en casa y cierro tras él.
—¿Y tú qué hacías en casa de las Salvatierra?
—Buen cambio de tema —me palmea la espalda mientras se dirige a la cocina—. Bien, empezaré yo y después tú.
Saca dos botellines de cerveza y me tiende uno, después se dirige al salón.
—He ido a ver a Julieta. Está fatal, tío.
—Bueno, el accidente fue grave.
—No es solo por eso, le pasa algo —encoge un hombro y bebe un largo trago—. Y joder, es la tía más buena del mundo. Es super lista, además de ser todo un bombón —asiento porque sería una estupidez negar lo evidente—, pero está tan triste que…
—Sí, me di cuenta la noche que fuimos a cenar.
Mi hermano asiente y bebe otro trago.
—Así que… Margarita, ¿eh?
Sonrío y bebo yo también.
—Ha sido una puta maravilla.
Mi hermano suelta una carcajada que me hace sonreír.
—Esa mujer me tiene loco —me froto la nuca con fuerza—. No es solo sexo, ni algo puntual. Es… otra cosa.
—Bien por ti —Marcos choca su cerveza con la mía y ambos bebemos—. Te lo mereces, Margarita no tiene nada que ver con Ana María.
Asiento con un gesto y tras beber un poco más en silencio, miro a mi hermano de reojo.
—¿Y qué hay de ti?
—No hay nada que contar. Lo de Julieta no es…
—No hablo de ella, ya sé que solo buscas amistad, hablo de ti, de cómo estás. El otro día me dejaste preocupado con lo que me contaste sobre la chica francesa.
—Estoy bien, no tienes de qué preocuparte. Son cosas que pasan, ¿no? A veces te enamoras de la persona equivocada. Y no te queda otra que seguir adelante.
Tiene razón.
Ana no me rompió el corazón, aunque todo el mundo cree que sí, pero no me quedó más remedio que apretar los dientes y seguir adelante.
No puedes obligar a nadie a que te quiera y no puedes estar con alguien para quien no eres una prioridad absoluta, así no funcionan las relaciones, o por lo menos, las relaciones sanas.
—Tío, creo que ambos necesitamos un poco de trabajo.
—Joder, ¡menos mal!
La exclamación de mi hermano me hace reír.
De inmediato voy a buscar la carpeta con los resúmenes de los trabajos que tenemos entre manos y nos pasamos las siguientes horas hablando de los detalles de cada proyecto.
***
Me estoy quedando dormido en el sofá cuando me suena el teléfono, sin embargo me despierto de golpe y sonrío al ver el nombre de Margarita.
—Hola preciosa.
Siento que sonríe y eso me hace sonreír.
—Siento llamar tan tarde, pero me apetecía hablar contigo .
—Puedes llamarme cuando quieras, ¿va todo bien?
—Sí… eso creo. Pero no te llamo por eso, quería saber cómo te ha ido el día.
—Me ha ido bien, con mucho trabajo. Ayer vino mi hermano y estuvimos reorganizando y cambiando algunas cosas de varios proyectos y hoy empezamos temprano.
—Oh, ¿ya estabas durmiendo en la cama?
—No, en el sofá —sonrío—. Pero no me importa que me llames. Me gusta oír tu voz. ¿Qué tal tu día?
La oigo suspirar y no sé por qué, eso me parece de lo más tierno.
—Pues Bea y yo hemos decidido que dado que tenemos un montón de tiempo libre, vamos a pintar el salón y el comedor. Así que hemos estado de compras y después encintando, poniendo protectores en el suelo y ya tenemos pintado el salón.
—Pues un día movido entonces. Debes estar cansada.
—Lo estoy —suelta una risita—. Pero también me siento bien, poco a poco estamos haciendo que esto sea nuestro. Hemos encontrado un montón de fotografías de mis abuelos y un álbum con fotos de su boda. Mi abuela Elisa era muy guapa y mi abuelo era todo un dandi.
Sonrío al recordarles.
—Sí que lo eran. Tu abuela rompió más de un corazón cuando se casó con tu abuelo y él… bueno, hacía lo que hubiésemos hecho todos. Presumir a diestro y siniestro —suelta una carcajada que hace que me de un vuelco el corazón.
—Me encantaría saber más de ellos. Es raro no haberles conocido estando tan cerca y sin embargo, a medida que pasamos tiempo aquí, nos sentimos más cerca de ellos. ¿Es una locura ?
—No. Yo creo que los lugares guardan la esencia de los que vivieron allí y que se puede sentir lo que esas personas sintieron y tus abuelos eran unas personas maravillosas, buenas de corazón y que se amaban con locura. Esa casa está llena de risas, de amor, de protección y de buenas intenciones.
—Eso que has dicho es muy bonito. Gracias.
—Todos queríamos mucho a tus abuelos y sentimos mucho su pérdida. No puedo decir lo mismo de tu padre porque es un cabrón con pintas, o bueno, era. Pero Paco y Elisa eran unas personas increíbles.
Tras un par de segundos de silencio, Margarita suspira.
—¿Te apetece venir a cenar mañana? Quiero empezar a diseñar los menús y me gustaría tu opinión al respecto. Bea y Juls también estarán, así que podrías decirle a tu hermano que también venga. Ya sé que no es la cita que te comenté el otro día, pero…
—Margarita. Te dije que esto iría como tú quisieras. Me parece genial ir a cenar mañana y probar tus platos, llevaré a mi hermano.
—¿Sabes? He estado pensando en lo que me dijiste en tu casa —me tenso un poco—.
Quizá sea muy pronto y quizá pienses que estoy loca, pero…
no me gustó lo que me dijiste y no me gusta lo que acabas de decir.
Lo que tenemos es de los dos y es para los dos, las cosas deberían ser como queramos los dos, no solo yo.
Y yo… no sé cómo decir esto, pero si esta relación que tenemos se va a tratar de cubrir todas mis necesidades sin tener en cuenta las tuyas…
no creo que funcione. Y no quiero una relación así. Yo no creo que deban ser así.
—Margarita…
—No, no, déjame terminar porque no creo que pueda decir lo que quiero decirte si me detengo ahora. Las relaciones son entre dos personas y las dos personas cuentan. Si solo cuenta lo que quiere o lo que necesita una de ellas, esa relación no es sana ni es buena para las partes. Así que…
—¿Quieres dejarlo?
No puedo evitar sentir un pánico atroz.
—No, bueno, sí… no… —suspira y se me encoge el corazón con dolor—.
No, no quiero dejarlo. Pero no quiero que hagas las cosas solo teniendo en cuenta lo que yo quiero, o lo que yo necesito.
Así no quiero que vaya esto. Quiero saber qué quieres tú y qué necesitas.
Quiero que esta relación sea buena para los dos, no solo para mí. No sé si me estoy explicando o si…
—Margarita —la oigo dejar de respirar y se me encoge de nuevo el corazón—, te he entendido.
Yo tampoco creo que las relaciones deban ser o girar en torno a los deseos y necesidades de una de las partes, pero por el momento, aceptaré lo que me des, porque yo quiero estar contigo.
El otro día fue increíble y no solo por el sexo que fue genial, es porque me gusta estar contigo y me gusta hablar contigo.
—No quiero que aceptes nada, Ricardo. Quiero… no sé cómo explicarlo. Lo que yo quiero es que te sientas libre de decirme lo que quieres o necesitas tú.
—Estar contigo.
—Oh…
—Mira, sé que esto es complicado y sé que ambos tenemos una vida, pero no soy de los que hacen castillos en el aire, me gusta ir paso a paso y por el momento, lo que tenemos es suficiente.
Estamos empezando, aún no hemos tenido una cita, pero la tendremos.
El sexo ya sabemos que se nos da de lujo.
Para mí es cuestión de ir un día detrás de otro, pero sabiendo que estás conmigo en esto.
No quiero presionarte y que me mandes al cuerno.
Suelta una risita que me alivia la tensión que estaba sintiendo .
—Un día detrás de otro —murmura—. Eso me gusta. Está bien, pero prométeme que si hay algo que quieras, o que necesites, me lo dirás. Por favor.
—Eso está hecho.
—Bien, entonces, mañana venís Marcos y tú a cenar.
—Allí estaremos.
—Y quizá, no sé… podrías quedarte a tomar el postre…
Suelto una carcajada.
—¿Quieres que vaya ahora?
—Sí.
La rápida respuesta me hace reír de nuevo.
—Pero no sería prudente, es tarde y la verdad es que me duelen un montón de músculos que no sabía que tenía —me río de nuevo—. Pero mañana… quizá… a no ser que te parezca mal estar aquí.
—Bueno, lo de que tus hermanas estén en la misma casa me pone nervioso, pero si vamos a tener una relación sana no podemos venir siempre a mi casa para echar un polvo. ¿Ellas ya lo saben?
—Sí, claro. No me arrepiento y no quiero esconder nada. Pero entiendo que sería un poco raro, quizá mañana, el postre deberíamos tomarlo en tu casa.
—Creo que lo discutiremos mañana en persona.
—Vale —oigo esa risita sexy y me empalmo, parezco un adolescente—. Hasta mañana.
—Hasta mañana preciosa.