No estabas en el menú (Hermanas Salvatierra 1) Capítulo 9
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Capítulo 9

Margarita

Han pasado un par de días desde que nos hemos mudado y la verdad, aún es todo demasiado nuevo y demasiado caótico. Aún tenemos cajas por desembalar, no sé dónde están la mitad de las cosas y creo que tengo agujetas hasta en las pestañas.

De hecho, Bea y yo estamos tiradas en el jardín, encima de unas toallas de baño porque no hemos encontrado —tampoco las hemos buscado mucho—, las de la piscina. El sol de media mañana es una gozada y como somos unas desvergonzadas, solo llevamos puesto unos pantalones minúsculos y el sujetador.

No es que esperemos visita, así que… o ese ha sido el planteamiento de Bea y no le ha costado mucho co nvencerme.

—¿Crees que somos malas hermanas por estar aquí tomando el sol mientras Juls está trabajando?

Mi hermana se levanta las gafas de sol y me mira seria.

—Nuestra hermana no es humana, Marge, ya deberías saberlo. Ayer estaba haciendo yoga al amanecer. Domingo. Amanecer. Y ella estaba en una posición que no creo que sea posible con un cuerpo humano.

Me echo a reír a carcajadas. Pero Bea sigue.

—Quizá lo que hemos visto en ella estas últimas semanas se deba a que el software de su cápsula se está quedando obsoleto y no puede tener más actualizaciones. Porque vamos a ver… hablas con un tío bueno durante casi media hora, te ríes con él y él contigo y ¿no te lo tiras?

No puedo parar de reír.

—Estás fatal, Bea.

—Lo sé —suspira—, y no, no somos malas hermanas.

Juls tiene que poner en orden sus prioridades —se gira y me mira—.

Ahora hablo en serio. Estoy preocupada por ella, pero sé que lo resolverá, como hace con todo.

Quizá solo necesite un poco más de tiempo.

Sabe que estamos aquí para ella. Todo irá bien.

Asiento porque tiene razón.

Justo en ese momento suena mi móvil y frunzo el ceño, como sea Enrique…

Sin embargo, es un número que no conozco.

—¿Diga?

—Buenos días, Margarita.

El corazón se me desboca y a duras penas consigo controlar mi emoción y tengo que hacerlo porque Bea tiene un sexto sentido para saber cuando alguien me gusta .

—Buenos días, señor de la Torre.

Suelta una risita y sonrío. Ignoro a mi hermana que me mira con ambas cejas levantadas.

—Julieta me dijo que querías confirmar algunos aspectos de la reforma. Yo tengo un par de horas libres mañana por la tarde, ¿te viene bien?

Miro a mi alrededor y sonrío. Podría mentir y decir que estoy muy ocupada, que debería ser cierto, pero el día es muy bonito como para mentir.

—Sí, estaré en casa. No es nada importante, solo quiero…

—Comprobar los detalles —termina por mí—. No me parece mal. Es lo suyo —sonrío aunque sé que él no me puede ver—, estaré por ahí sobre las cinco.

—Perfecto entonces, entra directamente al restaurante, te esperaré ahí.

Nos despedimos y cuelgo. No quiero mirar a mi hermana, pero no puedo evitarlo cuando me da un golpe tremendo en el brazo.

—¡Ay! ¿y a qué ha venido eso?

—¡Te gusta el morenazo!

Me sonrojo de inmediato pero asiento.

—Pero no importa. Juls le vio primero y tendrías que ver cómo la miraba, Bea… son tan monos juntos…

—No puedes hacer esto, Marge —se sienta con las piernas cruzadas—. Tienes que hablar con Julieta.

—No, ni de coña —me siento y la miro con seriedad—.

Sabes que si le digo algo se echará a un lado.

Es el primer chico desde Lucas que la hace reír, no pienso meterme en medio.

Intenté hablar con ella y me dijo que no está lista, yo la creo, pero también creo que ese chico puede sacarla del estado de control constante en el que está y eso, eso es lo más importante.

—Marge…

—Bea, no —niego con la cabeza—. Me gusta el señor de la Torre, muchísimo, no te lo niego. Pero vosotras estáis antes. Siempre —encojo un hombro—, y no vamos a volver a hablar del tema. No vas a decirle nada a Juls.

—Pues no me parece justo, tú también tienes derecho a ser feliz, ¿sabes? Ya has sacrificado mucho por nosotras.

—No digas eso —bajo la mirada con tristeza—. Yo… hice lo que había que hacer, soy la mayor.

—No es malo ponerse alguna vez en primer lugar —me coge de las manos—. Y si ese chico te hace vibrar… no sé, quizá deberías hablar con Juls, no es una muñeca de cristal que se vaya a romper.

—Eso lo sé. Pero nada ni nadie es más importante que vosotras y un hombre no se va a interponer entre Julieta y yo.

Mi hermana suspira y se inclina para besarme en la mejilla.

—Como quieras, Marge.

Nos tumbamos al sol un rato en completo silencio, sé que la dos tenemos aún mucho que decir. Pero las cosas son como son.

Sí, Ricardo de la Torre me pone y es el primer tío que lo hace con tanta intensidad. Pero le gusta a mi hermana y a él le gusta ella. Eso es sagrado.