Capítulo 31 #3
Cassidy asiente lentamente. Es cierto que le ha contado la de Payton y ha hablado más en profundidad de la suya.
La de Kenny, sin embargo, es la más dura y no la comparte con todo el mundo; pero Diane es la mujer con la que pretende formar una vida y quiere que sepa que, aunque su familia no es perfecta, no la cambiaría por nada.
—Kenny perdió a su madre cuando era muy pequeño; tendría unos tres años y se quedó a vivir con su padre. —Hace una mueca con la boca—. El tipo no solo estaba enganchado a la heroína, sino que disfrutaba bastante violando a su hijo.
Las manos de Diane en el volante se tensan, y no es para menos.
—En algún momento le pareció que sería buena idea que sus amigos se divirtieran también con él; al parecer, a cambio de unas dosis o dinero.
Cuando tenía nueve años, a uno de los tipos se le fue la mano, Kenny empezó a sangrar mucho y, como el hombre iba demasiado puesto, se asustó.
Lo llevó al hospital con la excusa de que se había caído o algo así, aunque los médicos se dieron cuenta muy rápido y llamaron a la policía.
—Hijos de puta —masculla Diane mientras niega con la cabeza.
—Nunca pudieron demostrar que su padre abusaba de él; Kenny apenas hablaba y no fue capaz de hacer una declaración que sirviera de mucho.
—Cassidy mira hacia la ventana mientras habla—.
El tipo entró en prisión durante unos años por negligencia infantil y cuando salió buscó a Kenny.
En ese momento empezó el caos real, las consecuencias de lo que había experimentado.
—¿Se lo llevó con él? —La pregunta de Diane viene acompañada de un tono desesperado.
—No, pero Kenny pareció recordar de pronto el infierno que vivió porque el muy cerdo le dijo que siempre sería su puta.
—Cassidy traga el nudo en su garganta—. Mi hermano quería matarlo y por poco lo logró dándole una paliza.
A partir de ese momento entró en un bucle de autodestrucción: drogas, alcohol, robos, peleas.
Entraba y salía de la cárcel constantemente.
La gente del barrio donde vivíamos le temía, pero nosotras sabíamos que solo era una coraza.
Kenny seguía atrapado en ese niño al que no le permitieron una infancia normal.
—¿Qué pasó para que saliera de todo aquello?
Cassidy lo piensa durante unos segundos.
—En el último centro en el que estuvo había un orientador, un hombre que había pasado por algo similar y decidió no darse por vencido con Kenny.
Recuerdo ir junto a mis padres adoptivos y a Payton a sesiones familiares.
—Cassidy sonríe—. Y con el paso del tiempo todo mejoró.
Nunca recayó en las drogas, pero sí tuvo algunos altercados después.
Mi hermana se convirtió en su abogada y yo en su segundo contacto de emergencia.
Vivíamos con temor; ya habíamos recibido llamadas para ir a comisaría, pero hace tres años que no se mete en problemas.
—Pero el miedo nunca se va —contesta Diane, perdida en sus pensamientos y en su propia historia.
Cassidy le pone una mano en el muslo con cariño; tiene el odioso don de saber cuándo Diane se rompe por dentro.
—¿Te ha mandado Clara la foto de la piscina? —El momento doloroso queda enterrado al instante. Diane tuerce el gesto.
—Se le ve ridículamente feliz —opina la morena, pero el comentario lo sigue una sonrisa verdadera.
—Yo también lo estaría si me fuera de vacaciones a una isla de República Dominicana con esas aguas de color imposible —contesta Cassidy levantando las cejas.
Diane la mira de reojo; le parece un plan horrible con toda esa arena pegándose en el cuerpo, pero si se imagina allí con su chica, ya no le parece tan tenebroso.
La relación entre Clara y ella no se ha curado del todo, pero es consciente de que ambas lo están intentando.
Han quedado varias veces las cuatro para cenar en casa y otras para comer fuera.
No han tenido tiempo a solas, aunque sí han hablado a menudo por mensajes, y Diane sabe que con paciencia volverán a unirse; de una manera distinta, pero con seguridad, mucho mejor.
—Qué ganas de sofá y de no hacer nada. —Cassidy entra en la casa seguida por Diane y se quita las botas, que deja en medio.
Su chica las recoge con un gesto natural y las guarda en el zapatero.
La rubia se detiene y se gira hacia ella—.
Oye, gracias por aceptar comer con mi familia; es muy importante para mí.
Diane la coge por la cintura y la pega a su cuerpo. La mira a la cara como si fuera la mujer más impresionante que ha visto nunca. Para ella lo es.
—Un día te dije que te demostraría lo que significas para mí y eso no se resumía solo a un mes, sino al resto de mi vida.
Cassidy se lame los labios con el corazón dando saltos en su pecho.
—Vaya, un poco cursi para ser tú, ¿no?
Diane levanta una ceja.
—Cuidado con esa boca, Collins.
La rubia levanta la mano y desliza las yemas por la cara de Diane.
—Te quiero —susurra la rubia con el verde brillando.
La respuesta de Diane es besarla; siempre es besarla, porque las palabras son preciosas, pero los gestos muestran la verdad más absoluta, y para ella sentir los labios de Cassidy pegados a los suyos es la única forma de demostrarle que ella significa oxígeno, lo único que necesita para vivir.