Capítulo 27
—¿Seguro que estás bien? —se interesa Payton cuando ve a su hermana con la mirada perdida y la taza de café suspendida en el aire muy cerca de sus labios.
Cassidy parpadea, se toma un sorbo del líquido oscuro y observa a la abogada.
—Claro —miente a medias porque está bien, pero no para exagerar.
Payton inclina la cabeza hacia un lado y luego aparta la silla para sentarse frente a Cassidy.
Hace unos meses, su hermana parecía completamente rota.
Había perdido el color en su rostro y el brillo en los ojos.
Apenas la veía porque pasaba todo el día en la oficina y cuando volvía a casa se encerraba en su habitación.
Payton le preguntó una y otra vez qué era lo que le pasaba y las respuestas iban desde que estaba bien, pasando por la patética excusa de estar cansada, hasta decirle que había pillado un resfriado.
Obviamente no se creyó toda esa sarta de mentiras y una noche, harta de verla como un ser sin alma que vagaba por casa, le hizo una encerrona que resultó exitosa.
—Me vas a decir lo que pasa, sin mentir, Cassidy. —La señaló con el dedo—. Ya hemos fingido lo suficiente.
La rubia se dio por vencida; además, para ese momento ya había llorado lo suficiente y gritado mientras hundía su cara en la almohada y repasado cada cosa que pudo haber hecho mal. Estaba lista para hablar.
—He estado teniendo una aventura con Diane Carter durante meses.
Todo parecía ir bien y, cuando sentí la necesidad de dar un paso más, le pedí una cita.
—Cassidy subió ambas piernas al sofá para sentarse con más comodidad—.
Prácticamente me acusó de pedir demasiado, que lo nuestro no era tan importante como para tener una relación.
Payton, que tenía una galleta en los labios, se quedó congelada en medio del salón. No solo por la respuesta de Diane, sino por la frialdad de su hermana al hablar.
—Pero… cómo… —Payton movió la cabeza para organizar sus ideas y se sentó en la mesa baja frente al sofá—. ¿Y no era importante lo que teníais?
Cassidy encogió los hombros y después se apartó la melena de la cara.
—Para mí lo era y estaba bastante segura de que para ella también.
No quiero ser específica, pero Diane me demostró de muchas maneras que quería seguir viéndome.
—Frunció los labios por el recuerdo inesperado de ellas dos en la cama abrazadas al amanecer—.
Pero al parecer dejar de follar en su escritorio y salir a cenar un sábado cualquiera era demasiado pedir.
Payton escuchó durante la siguiente hora cómo había comenzado la historia entre las dos, cómo había avanzado y el final amargo que tuvieron en la casa de Diane.
Cassidy tuvo el recato de saltarse los detalles más íntimos y pasó a explicarle los momentos que de verdad las unieron, las conversaciones sobre sus familias, los problemas que tuvo Diane y las cosas que ambas siempre habían deseado.
—No te lo conté porque al principio solo era eso, un polvo prohibido y muy satisfactorio con mi jefa cabrona. —Se mordió el labio sofocando un suspiro—. Luego quise mantener su privacidad; Diane es muy recelosa y decidí respetar eso.
—¿Y cuando te rompió el corazón? —A Payton la pregunta le salió con hosquedad—. ¿Por qué me mentías diciendo que estabas bien?
Cassidy no tuvo que pensarlo demasiado para responder.
—Había perdido la cabeza —lo dijo con total naturalidad—. Siempre me atrajo Diane, desde la primera vez que la vi, pero cuando lo dejamos fui verdaderamente consciente de lo que sentía. Me había enamorado.
Hizo una pausa, reviviendo todos esos momentos dolorosos y nada fugaces.
—Estaba confundida y herida, no me sentía capaz de explicarte algo que ni yo misma comprendía del todo.
—Unió las manos en una disculpa silenciosa.
Payton se las apretó con cariño—. Ahora estoy bien, sigo queriéndola; ya sabes que eso no desaparece de la noche a la mañana, pero después de estas semanas me he dado cuenta de que lo hice bien y fue ella quien tomó la decisión final. Tendrá que vivir con eso, yo no.
Unos meses después, la reacción de Cassidy Collins era otra. No hubo introspección ni confusión, sino furia imposible de calmar.
—Es una puta cobarde —lo dijo en el mismo salón donde le había contado a Payton por primera vez lo que había ocurrido con Diane, salvo que esta vez caminaba alrededor mientras apretaba los puños—.
La he tenido entre mis brazos deshecha, he visto en sus ojos que me había extrañado y de repente: «Nada ha cambiado» —lo dijo imitando la voz de la morena con un tono algo más chillón—.
Esta vez se acabó de verdad, Payton. Voy a seguir con mi vida, porque, joder, había logrado avanzar y he vuelto a caer como una idiota.
Desde esa vez han pasado muchas semanas, ¿doce, quizás quince?
Payton ha perdido la cuenta, pero ha seguido atenta a las reacciones de su hermana y hasta ahora estaba satisfecha.
Estaba actuando con normalidad, había retomado su vida social y, sin ninguna duda, la sexual.
Dos veces había coincidido con Heather en la cocina con un aspecto demasiado increíble para ser las siete de la mañana de un martes.
Cassidy parecía feliz, con una leve sombra que cruzaba sus ojos de vez en cuando, pero nada que preocupara a la abogada hasta ahora.
—Vale. —Cassidy levanta ambas manos, rindiéndose—. Ayer lo dejé con Heather, nada dramático, pero me siento culpable.
Payton levanta las cejas con asombro. No compartió con ella demasiado tiempo, apenas un rato las dos veces que se cruzó con la chica, pero parecían llevarse bien y, sobre todo, Cassidy se veía tranquila.
—¿Qué pasó? —La abogada le coge una mano—. Se notaba que le gustabas.
La rubia hace una mueca con los labios.
—A mí también me gustaba, pero no lo suficiente para tener algo más con ella.
—Entonces Payton nota la tristeza real en su hermana y se da cuenta de que no está así por dejar a Heather, sino que posiblemente se haya puesto en los zapatos de Diane Carter y de lo poco que le importaba Cassidy como para dar el siguiente paso—.
Había empezado a hacer planes, ya sabes, vacaciones en la playa, Navidades en el pueblo de sus padres.
Ella iba muy por delante de mí y, si te soy sincera, no estoy segura de que en algún momento hubiéramos llegado al mismo punto.
Payton aprieta más la mano de su hermana.
—Has hecho lo correcto, Cass —le dice sin apartar la mirada—. Y no te castigues: cada relación es diferente y, si tú tuviste claro desde el principio que lo vuestro no funcionaba para ti, la decisión es la correcta.
Cassidy no menciona —aunque sabe que Payton no es tonta— que sin quererlo buscaba algo de Diane en esa chica.
El carácter, la seguridad, esa forma de mirarla capaz de llevarla a dar la vuelta al mundo en un solo instante.
Ese fue el error, y Heather acabó convirtiéndose en un ejemplo de mujer que no quería.
—¿Se lo tomó muy mal? —quiere saber Payton.
—No hizo una fiesta, eso es seguro, pero dijo que agradecía que no hubiera alargado algo que no tenía buen final. —Gira el cuello y comprende con horror que se le ha ido el tiempo. Es tardísimo—. Joder, si no me doy prisa, el atasco hará que no llegue hasta mañana a la oficina.
Cassidy se pone de pie de un salto y desaparece tras la puerta de su habitación con la inocencia del que no tiene de qué preocuparse porque no tiene ni idea de lo que le espera.