Capítulo 20
D iane siente la espalda tan rígida que el dolor amenaza con matarla.
Nota una punzada en la nuca que le recorre todo el cuerpo, y donde más siente esa tensión es en los hombros.
El fin de semana fue tan desconcertante para ella que hoy lunes ha vuelto a la oficina con el cerebro en un estado extraño que no consigue identificar.
Está en el lugar que —normalmente— logra despejarla, de pie junto a la ventana observando a la gente pasar, la mayoría con prisa, huyendo del desagradable frío de diciembre, y aun así no le es posible encontrar la tranquilidad que perdió en el momento en el que la cara de Cassidy apareció en la cámara del timbre de su casa.
Fue confuso recibirla en su lugar seguro, verla ocupar su sofá, una silla en su despacho e ir a su baño, pero todo eso palidece ante el momento de despertar ayer por la mañana, girar la cabeza y ver su melena desparramada sobre la almohada y sentir el brazo de la chica sobre su barriga desnuda.
Desde ese instante, Diane Carter perdió la capacidad de respirar con normalidad, de pensar, porque fue la señal inequívoca de que sí, estaba completamente enamorada de Cassidy Collins.
La chica logró hacerla sentir, ¿cómo decirlo?
, ¿segura? Puede ser. Quizá lo que le hizo experimentar esa tranquilidad muy poco habitual en ella fue la reacción de Cassidy al conocer parte de su historia.
No parecía decepcionada, todo lo contrario, se veía rebosante de una energía diferente que no supo cómo nombrar.
Diane jamás había sido tan sincera con una mujer, ni siquiera con Clara, que no supo ni el nombre de sus padres hasta después de varios años de relación.
La puerta de su despacho se abre después de un par de toques en la madera y ella no tiene que girarse para saber de quién se trata.
—Acabo de ver a Cassidy —suelta Clara mientras atraviesa el despacho—. Me ha alegrado mucho saber que sigue de una pieza.
Diane aprieta la mandíbula sin apartar la mirada de la calle. La que no sigue de una pieza es ella misma.
—No exageres. —Se gira y tira de la silla para sentarse en su escritorio—. ¿Qué necesitas? —Comprueba la hora en su reloj—. Espero que no me hayas interrumpido solo para venir a decir esa tontería.
Clara ni siquiera se ofende por el tono chocante y áspero de su amiga. Simplemente la observa por un breve momento y cambia de tema.
—La propuesta es buena, he hecho algunas sugerencias casi al final porque creo que, incluyendo la visión global a un año vista, ganarás puntos.
Ayer por la mañana, antes de que Cassidy se marchara de su casa para ir a comer con sus hermanos, Diane le envió la presentación acabada a Clara.
No solo porque es su persona de confianza, sino porque la directora de marketing es buena en su trabajo.
Tenía pensado hacerlo igualmente, pero fue la misma rubia quien le dijo que un par de ojos adicionales le vendrían bien para asegurarse de que no se habían dejado nada. Cassidy... siempre Cassidy.
—Voy a revisarlo para mandarlo a la junta de inmediato. —Coge el ratón y lo mueve hasta encontrar lo que está buscando—. Quiero acabar con esta... cosa absurda de una vez.
Clara se pone de pie, tiene una reunión a la que asistir.
—¿Quedamos para comer? —Clara se lo pregunta mientras revisa su agenda—. Tengo que comentarte algo.
Diane está tecleando y no levanta la mirada para contestar.
—Puedes comentarlo ahora —suelta con frialdad.
Clara suelta un bufido de hartazgo.
—Prefiero que me invites al libanés de la esquina mientras te traslado un mensaje de mi mujer.
Diane para de teclear y clava sus ojos azules en la que fue su novia hace años. Se puede imaginar perfectamente de qué se trata.
—Tengo planes para Navidad, así que dale las gracias de mi parte, pero este año no podré acompañaros.
—Normalmente, cuando alguien dice que tiene planes para Nochebuena, significa un viaje, quedada con pareja o amigos —empieza a enumerar la otra mujer—, y teniendo en cuenta que no tienes ni una cosa ni otra, dudo que hayas planificado una escapada en estas fechas, así que asumo que tu gran plan es quedarte sola en casa.
Diane la ignora, tiene mejores cosas que hacer que discutir con Clara lo que hará en una fecha que detesta y que está a la vuelta de la esquina.
—Dale las gracias a Elizabeth —repite poniendo los ojos nuevamente en la pantalla—, y cierra la puerta al salir.
Clara Fitzgerald se da la vuelta y sale del despacho sin decir nada más.
Lo discutió con su mujer, que se empeña en invitar a Diane a todas las celebraciones que hace en casa.
A ella no le molesta, su amiga es una mujer agradable fuera de los muros de Whitestone Consulting Group, pero también conoce muy bien ese carácter ermitaño que emerge en ella sobre todo en estas fechas que tan malos recuerdos le traen.
Dos horas después, la jefa del departamento de negocios entra en la sala donde se está llevando a cabo una reunión.
Llega tarde, pero tuvo que salir justo después de enviar formalmente la propuesta a la junta directiva de la consultoría y, aunque pudo volver antes, el encuentro fue mejor de lo esperado.
—...y después de las fiestas le entregaremos a Arnico el análisis sobre la adquisición.
Tanya Baker es la que está hablando en ese momento y Diane, tras hacerle un gesto con la cabeza a su asistente, se sienta en silencio al lado de Clara.
—¿Dónde estabas? —interroga en voz baja su homóloga mientras Tanya continúa con su intervención.
—Recogiendo el coche del taller. —La mentira le quema la garganta, pero Diane prefiere no decirle nada que pueda involucrarla en algo que no debe.
Sabe que Clara no le cree, son demasiados años conociéndose como para saber que Diane tiene un servicio de recogida y entrega del coche cuando tiene que hacerle algún tipo de mantenimiento, porque hacerlo ella misma es perder el tiempo.
Va a decirle cualquier excusa que complemente esa fatídica mentira cuando la voz de Cassidy se le mete por los oídos y le aterriza en el pecho.
—En marketing ya tenemos cerrada nuestra parte —indica la chica mirando a Tanya—. Convendría que pudiéramos reunirnos lo antes posible, que Diane y Clara puedan revisar la propuesta y solo reste entregarla al cliente. Ganaremos tiempo si hay algo que cambiar.
El tono no tiene nada que ver con el que usa cuando están juntas, cuando le está sugiriendo algo o se está corriendo con la boca pegada a su cuello. El escalofrío que recorre el cuerpo de Diane es tan evidente que Clara la mira extrañada.
—¿Estás bien?
Diane se recompone y se mueve en su silla.
—Hace demasiado calor aquí.
Ya está, no da más explicaciones, solo mira al frente y se siente una imbécil cuando se da cuenta de que está buscando la mirada de la rubia.
Cuando acaba la reunión se levanta de su silla sintiendo el mal humor golpearla sin descanso.
Es una hipócrita, lo sabe, pero no puede negar lo mucho que la jode que Cassidy ni siquiera se fije en ella en momentos así.
Quiere reírse, porque estaría colérica si la chica decidiera clavar sus ojos verdes en ella, porque sería un acto reprochable que no consentiría dentro de la oficina.
—Diane —escucha detrás de ella, y por poco pierde el control de sus pasos.
No se detiene, pero Cassidy llega hasta ella de inmediato.
—¿Tienes unos minutos? —pregunta mientras caminan—. Quiero hacerte un par de preguntas que tengo que contestar al señor Rodriguez, el CEO de Lumina.
Diane se detiene frente a la puerta de su despacho y se gira hacia su asistente.
—Tatiana —sisea como siempre—. Haz una reserva para dos en el libanés de la esquina. Confirma con Clara la hora.
Entra en su despacho y deja la puerta abierta. Cassidy la sigue, cerrando tras de sí.
—¿Te han dicho algo sobre la propuesta? —quiere saber la chica cuando se detiene junto a ella.
Diane cruza los brazos sobre su pecho mientras apoya el trasero en su escritorio.
—Pasado mañana es la reunión con la gente de Alltreck. —Lo dice con disgusto, le sigue pareciendo una humillación—. Se les presentarán ambas propuestas, Frances podrá defender la suya si es necesario, al igual que yo.
Cassidy bufa y niega con la cabeza.
—Ya sabes lo que pienso al respecto, es una auténtica burla —lo dice dejando su iPad sobre la madera y acercándose a ella. Le descruza los brazos y se pega a su cuerpo—, pero piensa que en un par de días te habrás librado de todo esto.
Diane baja la mirada hasta sus labios e intenta frenar el impulso de besarla. Lo logra, al menos por ahora.
—Estás muy segura de que elegirán la mía.
Cassidy inclina la cabeza.
—Si crees que una tecnológica como Alltreck va a preferir la propuesta de una mujer que se ha pasado los últimos años diciéndoles a otros cómo no cagarla sobre la de alguien que lleva década y media haciendo ricas a cientos de empresas, entonces es mejor que ni siquiera te presentes a esa reunión.
Diane la coge por la cintura antes de que Cassidy se mueva y la besa. La barrera que detiene los impulsos que tiene sobre esta chica se ha roto hace tiempo.
—Frances es buena en su trabajo —dice Cassidy—, pero no tiene ni idea de lo que hay que hacer para captar a un cliente, convencerlo de que confíe en nosotros y lograr que todo lo que se le ha prometido se cumpla.
Sé que vais detrás de Alltreck desde hace mucho, pero hace cinco años no teníais la capacidad que tenemos ahora.
Cassidy le roba un beso rápido, recoge el iPad y se aleja, pero antes le suelta:
—Cuando esto termine podríamos celebrarlo. —Los ojos verdes le brillan con fuerza—. Conozco un sitio que seguro te encantará.
Diane siente el cuerpo rígido y es incapaz de moverse incluso después de que la chica abandona su despacho.
Los miedos aparecen como siempre, vestidos de rojo y con los dientes afilados, recordándole que una mujer no triunfa, no es nadie si sucumbe a sus debilidades.
Y desde luego Cassidy Collins es la debilidad más grande a la que ha tenido que enfrentarse en toda su vida.