No estaba en mis planes Capítulo 16 #2
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Capítulo 16 #2

—Ha presentado un informe bastante detallado —el hombre arruga las cejas un instante como si estuviera pensando cómo explicar lo que ha sucedido hoy—, sobre tu gestión y el funcionamiento del departamento de negocios.

Ha sido muy específica en la importancia de trabajar en armonía con el equipo y en actualizar esas metodologías que no se usan desde hace años para captar un cliente.

Ahora sí Diane baja la mirada y coge las hojas sobre la mesa.

Lee los primeros párrafos hasta que las letras empiezan a ponerse borrosas.

Conoce la sensación muy bien y es la de la ira trepándole por la garganta con una rapidez que incluso le asusta.

Va a soltar los documentos hasta que su vista detecta las frases «rotación de la directora» e «ideas frescas».

—¿Y esto qué se supone que significa? —lo pregunta calmada, aunque el ácido la esté devorando por dentro.

—El resumen es que ha propuesto que te mandemos a otro departamento y en tu lugar pongamos a alguien que esté más actualizado —el socio se encoge de hombros como si estuviera hablando del frío que hace hoy—.

Frances es una asesora y su trabajo es detectar en qué áreas podemos mejorar, sobre todo ahora que el grupo Delacroix está supervisando nuestros pasos para que nuestra unión no tenga ningún cabo suelto.

—No has entendido mi pregunta, Samuel —suelta Diane con los hombros tensos—. Lo que quiero…

—Sí, ya, quieres saber en qué te afecta esto, ¿no? —el hombre pone ambas manos sobre la madera de su mesa—. Depende de la decisión que tome la directiva, por eso te he llamado. En media hora tendremos la reunión, pero yo te voy a decir exactamente lo que va a pasar.

La mente de Diane se convierte en una cueva llena de cientos de voces que hacen eco contra las paredes.

Escucha la de su padre intentando doblegarla, la de su madre en su papel de mujer invisible, la de su hermana…

no, no pueden hacerle pasar por la humillación de echarla a la calle sin más.

Ha luchado hasta sangrar por hacerse un nombre, ha seguido cada norma que se aprendió de memoria cuando fue lo suficientemente adulta para entender que, si no las cumplía, no triunfaría; sobre todo ha ahogado su vida personal, porque ser mujer en un mundo de hombres es complicado y ser lesbiana lo empeora bastante más.

—La junta aprobará que desarrolles una propuesta para captar a un cliente muy escurridizo, uno que llevamos tiempo intentando conseguir —ambos se miran, saben que se trata de una pequeña tecnológica fundada hace dos años y que se ha convertido en un monstruo—.

Lo mismo aplicaremos con Frances. No os estamos poniendo a prueba, estamos evaluando vuestras metodologías.

Según la asesora, hay unas más novedosas que funcionan mejor que las antiguas, así que queremos verlo.

Diane no está muy segura de que haya oído bien: ¿una competición con Frances? Es absurdo.

—Desde que dirijo el departamento, he conseguido más clientes que en la historia de Whitestone —lo dice mientras sube la barbilla, segura de su buen trabajo—. Medirme en esta competición me parece patético. ¿A quién se le ha ocurrido semejante hazaña?

Samuel levanta la mano y ladea la cabeza.

—Es la propuesta que voy a llevar a la reunión y ellos van a aceptarla —revisa la hora en su reloj de pulsera—.

Seamos honestos, Diane, porque ya estamos mayorcitos para tanta tontería.

No me caes bien, eres arrogante y maleducada, pero también eres brillante y una mujer que no se da por vencida jamás.

Llevo muchos años aquí, en la universidad y algún tiempo en la banca privada.

Nunca he conocido a nadie que sea tan eficiente y de unos resultados que son casi perfectos.

La mujer se queda en silencio, no hay nada que pueda salir ahora de sus labios.

—Tienes métodos cuestionables en algunos casos, pero funcionan, y esto es una consultoría, no una obra benéfica. Whitestone quiere ganar dinero y tú se lo das, es así de sencillo.

—Tu tampoco me caes bien, pero aquí estamos —abre los brazos por un momento—. Entonces, si sabéis que mi trabajo funciona, ¿por qué seguir con este circo?

El socio entrecierra los ojos y niega con la cabeza. Esta mujer es insoportable.

—Lo dicho, Delacroix quiere asegurarse de que somos lo que prometimos y, como bien sabrás, las palabras aquí no tienen muchas garantías —continúa Samuel mientras gesticula—.

Hay informes, gráficas de beneficios, de nuevos clientes, ya sabes, y si Frances entrega uno que diga que eres demasiado anticuada para seguir dirigiendo el departamento más importante que tenemos…

Deja la última frase en el aire y Diane por fin lo entiende todo.

No solo se trata de que la asesora comunique todo lo que ve a la directiva, sino también de que la fusión puede verse perjudicada por las cosas que pueda incluir en sus documentos.

Frances vino a Whitestone para hacer un trabajo cualquiera y encontró una presa, un cuchillo y cómo hacerla sangrar.

Samuel se pone de pie y coge la chaqueta que hasta ahora reposaba en el respaldo de su silla. Se la coloca con calma y se la abotona.

—Espera a que se te envíe un correo con la información —la mira directamente a los ojos—. Haz tu mayor esfuerzo y consigue a ese cliente.

Samuel camina hacia la puerta y sale de su despacho. Diane se queda unos segundos en la silla, quieta, con una rigidez que le hace doler el cuerpo y, cuando por fin consigue levantarse, lo hace con la convicción de que hará esa captación cueste lo que cueste, así sea lo último que haga.