No estaba en mis planes Capítulo 15
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Capítulo 15

F rances Hartwell aprieta la mandíbula con una mezcla de irritación y asco.

Lleva todo el día encerrada en el despacho que le habilitaron en la planta seis del edificio de Whitestone revisando los últimos cuatro contratos que han conseguido a través del departamento de desarrollo de negocios.

Si es honesta —no será tan tonta como para comentarlo a la junta— no tenía ni idea de la función que tenía esta área porque cuando recibió la llamada de la directiva para contratar sus servicios, hizo lo que siempre: estudiar cuál era el fuerte de la empresa, buscar noticias importantes de los últimos años sobre ella y apuntar algunas cosas que consideraba necesarias.

Es en el momento que llega y empieza a hacer su trabajo cuando se mete de lleno, conoce a los responsables, a los equipos y empieza su valoración.

Lo que no se esperaba ni en un millón de años era que Diane Carter liderara una de las unidades que ella debía asesorar y en el momento que la vio —con la misma mirada altiva de hace veinte años como si el mundo le debiera un favor— no supo si había tenido suerte o se trataba de una mala broma del destino.

Esa misma tarde, entendió que había sido lo primero porque podía buscar cualquier herida y meter el dedo sin ningún tipo de compasión, tal como no la tuvo esa mujer hace dos décadas.

El problema, para su propia desgracia, es que Diane parece seguir una metodología muy organizada y efectiva.

Trabaja junto al departamento de Clara Fitzgerald, estudia cada propuesta siguiendo siempre el mismo patrón mientras va cautivando al cliente sutilmente con promesas firmes y lo que parece un trabajo impecable.

Ese descubrimiento no hace más que poner una piedra en su camino porque si se ciñe a lo que hizo en marketing, debería estar solo tres días en desarrollo de negocios, hacer algunos cambios alineados con lo que exigen los de arriba y marcharse con la tranquilidad de un trabajo bien hecho.

Es verdad que Diane tiene métodos algo desactualizados, pero —una vez más, no va a decirlo en voz alta— son los que utilizan los llamados de la «vieja escuela» y como diría su mentor: si funciona, entonces no hay por qué cambiarlo.

Resopla buscando el agujero por dónde meterse y para su propia sorpresa, no logra conseguir ninguno.

No piensa darse por vencida y está segura de que de algún hilo podrá tirar para por lo menos desestabilizar a esa bruja.

Ha oído que parte de la empresa la detesta, que es maleducada, no tiene compasión con nadie y la directiva parece darle carta abierta para despedir a cuanto empleado tiene la desgracia de trabajar con ella.

Se levanta, asqueada, y baja a la planta tres, es hora de enfrentarse a su propio plan.

—Hola, eres Tanya, ¿verdad? —Dibuja una sonrisa cálida frente a la chica que está tocando los botones de la impresora al final del pasillo—. Hoy empiezo mi análisis por aquí y quería conoceros personalmente.

La morena se alisa la camisa de rombos naranjas con la mano izquierda y extiende la derecha para estrecharla con la mujer.

—Tanya Baker —confirma con un firme apretón de manos—. ¿Frances?

—Hartwell, sí —vuelve a sonreír y Tanya se pregunta si no le dolerá la cara—. ¿Cómo lo lleváis en el departamento?

Tanya recoge las hojas que han salido impresas y las cuadra con dos golpes secos sobre la máquina.

—Con bastante trabajo —asegura moviendo los hombros—. Esta área es el corazón de Whitestone, la que consigue los contratos, así que siempre hay mucho que hacer.

—Mmmm —murmura Frances con un falso gesto de aprobación—. Eso he oído, sí. ¿Y qué tal la gestión? Porque he revisado vuestros procesos de trabajo y tal como dije en la reunión de hace unos días, noto metodologías desactualizadas.

Tanya parpadea sin ganas de contestar ese tipo de preguntas.

Todos salieron muy incómodos de esa reunión en la que la asesora señaló directamente a Diane.

Luego ella y Cassidy se fueron a comer juntas para comentar el asunto y concluyeron que esa mujer había sido contratada para joder directamente a la Cobra y a pesar de ser una persona insoportable, su jefa le parece alguien muy profesional que cumple con su trabajo casi a la perfección.

—No lo veo así —Tanya se remueve mientras contesta—. Estamos organizados, cada uno de nosotros sabe cuál es su papel aquí y conseguimos una gran tasa de cierre de contratos con los clientes.

Frances cierra un puño de forma disimulada. Una de sus ocurrencias era hablar con los miembros del equipo y conseguir información relevante sobre la forma de trabajar de Diane. A la vista está que ha comenzado mal.

—Me alegra saberlo. —Ahora la sonrisa le sale menos natural—. No quiero quitarte más tiempo. Nos veremos por aquí.

● ● ●

El jueves —dos días después— Frances ya ha hablado con ocho personas, escrito muchas notas y encontrado algo maravilloso en donde hundir el dedo.

La conclusión ha sido que casi todos en su equipo detestan a Diane y desearían no trabajar para ella.

Sus métodos son tiránicos, no suele escuchar opiniones de nadie y desecha al que considera que no le sirve como si fuera basura.

Eso, unido a lo que Frances presentará a la directiva sobre su forma de trabajar anticuada, forma una bomba que va a lanzar con gusto y espera que cuando explote, traiga las consecuencias que ella desea.

A Diane no la ha visto apenas en esos días, ha estado encerrada en su despacho, asistiendo a algunas reuniones fuera de la oficina u ocupada con Dios sabe qué. Eso le ha dado a Frances manga ancha para moverse por el departamento sin sentir la mirada de esa mujer sobre ella ni una sola vez.

—Uy, lo siento —escucha cuando un cuerpo impacta con ella por el costado—. ¿Estás bien?

Frances se recompone y se pasa la mano con suavidad por la zona.

—No hay ningún daño. —Una sonrisa extraña aparece en su cara.

—Lo siento, no te he visto salir del despacho.

Frances niega con la cabeza y levanta las dos manos.

—No te preocupes —ladea la cabeza—. Cassidy Collins, ¿cierto?

—La misma. —Los ojos verde prado de la chica se oscurecen por completo cuando mira a la asesora.

Hay un instante en que sus miradas se enganchan y Frances no puede saber si hay un duelo ahí o algo más.

—He escuchado maravillas sobre ti —enseña los dientes—. Clara me ha explicado cuál es tu puesto y no debe ser para nada fácil ser el puente entre marketing y —mueve la mano como si estuviera diciéndole a alguien que se marche— negocios.

—Yo no diría eso, para mí ha sido una aventura. —Se lleva una mano a la barbilla—. Aprender de ambas directoras ha sido interesante en muchos sentidos.

No va a decirle a Frances que de Clara ha aprendido lo mejor del marketing y de Diane, como correrse en tiempo récord dentro de una oficina a oscuras.

La asesora se lleva las dos manos a la espalda y da un paso hacia adelante buscando un poco de complicidad sin saber que ha dado con la mujer equivocada.

—Lo decía porque tengo entendido que trabajar para Diane Carter puede ser complicado, incluso un reto.

En ese momento, Cassidy se siente una vikinga capaz de enzarzarse en una lucha para defender a su amada. Quiere reírse de repente ante lo estúpido de su pensamiento, pero no puede negar la animadversión que siente por esta mujer y su misterioso propósito de hundir a Diane.

—Lo es —asegura encogiendo los hombros—, pero el verdadero reto no es ese, Frances, sino que después de hacer las cosas mal cuando hay un contrato importante en juego, es presentarte frente a ella para intentar mentirle, decirle que no ha sido culpa tuya.

Diane es buena en lo que hace y no busca menos que la excelencia, por lo que quien trabaje con ella tiene que dar todo de sí.

Frances estira los labios y se pasa la lengua por los dientes sin poder evitar que ese gesto aparezca en los momentos más inoportunos.

Hay algo que le queda muy claro y es que parece que Whitestone está dividido en dos bandos, los que odian a Diane y los que son leales.

Por suerte, hasta ahora, ha conseguido más empleados del primer grupo y aunque no quiere que esto desde fuera se vea como una caza de brujas, tener localizada a esta gente le viene bien.

Cassidy mira a la asesora intentando analizar qué esconde, cuál es el verdadero motivo de su trabajo temporal en la consultora, pero tampoco se le ocurre nada más allá de que sea la misma directiva la que está buscando la manera de deshacerse de Diane sin tener que pagarle una suma astronómica por el despido.

La puerta del despacho de Diane Carter se abre de golpe y aunque hay una buena distancia desde el punto en el que están las dos mujeres, Frances Hartwell se sorprende dando un pequeño salto como si estuviera en la casa del terror y el monstruo hubiera abandonado su guarida para ir tras ella.

Tatiana camina a su lado, diciendo algo mientras mira su iPad.

Diane se desliza por el pasillo como si llevara patines en vez de tacones de diez centímetros, con el gesto serio, una mano en el bolsillo de su pantalón y esa camisa blanca que tan bien le queda.

A la asesora no le da tiempo de moverse porque Diane levanta la mirada, la observa por un instante, pero su atención se va hacia la chica de ojos verdes que está al lado de Frances.

Cassidy nota el cambio en su expresión, cómo se cierra más y una ligera línea aparece en su rostro, marcando la mandíbula de tanto apretarla.

—Collins —sisea llegando hasta las dos mujeres y mirando un segundo de más a la rubia—. ¿Mucho tiempo libre?

Cassidy se lame los labios, el gesto le sale solo sin que pueda ejercer ningún control sobre él, pero lo que más detestaba cuando conoció a Diane acabó siendo su atractivo más brutal.

—Voy a una reunión con el equipo de estrategias. —Hace una pausa antes de meterle un navajazo a la asesora—. Frances tenía unas cuantas dudas y estaba intentando resolverlas.

El ojo izquierdo de Diane sufre dos espasmos seguidos y maldice en su interior a Frances Hartwell. Gira la cabeza y la enfoca.

—Estoy segura de que tu trabajo no es entorpecer el de mi personal —el azul de sus ojos enciende un fulgor afilado, alimentado por años de rencor—. ¿Interrumpirlos sin motivos no es una técnica ya demasiado usada, Frances?

Diane aparta la mirada y, aunque ella ni siquiera se da cuenta, sus ojos se suavizan cuando los posa en el rostro de Cassidy.

—Ve a la reunión, estoy segura de que Frances no tiene ninguna duda adicional. Tatiana —sisea como la Cobra que es—. Encárgate de que sus inquietudes sean resueltas.

Por un instante las tres se quedan congeladas con el gélido tono de Diane hasta que el mundo decide seguir girando. Cassidy se despide con un escueto «hasta luego», Frances parpadea y Tatiana da un paso adelante.

—Tendríamos que…

—Como he dicho —interrumpe Diane a la asesora—, mi asistente personal te dará lo que necesites. No te preocupes, es muy diligente.

Diane deja a Frances con el gesto torcido y el cuello rojo de irritación. Le da la espalda mientras camina con tranquilidad hacia el ascensor al final del pasillo. Si Frances quiere guerra, la tendrá.