Capítulo 13 #3
Diane aprieta el volante con la fuerza suficiente para que sus nudillos estén más blancos que su pálida piel.
¿En qué demonios está pensando? Tiene cuarenta y cinco años, está dentro de su coche aparcada en una zona retirada del bullicio con una mujer que le hace perder la cordura, pero hay una necesidad tan intensa que la está quemando por dentro y no es capaz de controlar.
—No quiero hablar —sisea la mayor de las dos, y cuando gira la cara, Cassidy nota sus ojos azules tan oscurecidos como envueltos en llamas.
La chica no contesta, se baja del coche y de inmediato se sube en la parte trasera. Diane sigue en silencio, en ese juego que tienen ambas cuando nada más importa, donde Cassidy exige y ella —oh, sorpresa— obedece.
—Ven aquí.
Un tacón se estrella contra el pavimento y al cabo de unos segundos está a horcajadas sobre el cuerpo caliente de la rubia sin ni siquiera meditar sus actos. La Cobra que hay en Diane se ha dormido porque esa rubia que le aprieta la cintura ha encontrado la forma perfecta de hacerlo.
Cassidy levanta una mano, le toca la cara y delinea el pulgar por el contorno de sus labios.
Diane saca la lengua, lo lame y ambas gimen extasiadas.
La rubia tampoco va a explicar cómo es que se le da tan bien convertir un asiento trasero en un lugar perfecto para el sexo, pero desnuda a Diane tan rápido que es una suerte que el bonito pantalón oscuro siga de una pieza.
—Estas no te las había visto. —Cassidy acaricia el encaje de la lencería blanca.
—Hay muchas cosas que no has visto —sisea Diane, y aprieta los labios cuando la chica hace presión con sus dedos en el centro de su sexo.
—Entonces tendrás que mostrármelas todas.
A Diane no le da tiempo de analizar lo que ha dicho porque Cassidy ha deslizado la punta de la lengua por sus labios para luego besarla.
Es un beso duro, uno que acumula una semana de mierda y el fuego que hay entre ellas que por más que lo intenten, no se apaga.
Cassidy mueve sus caderas hacia arriba y con las manos, empuja el cuerpo de Diane hacia abajo.
—Sí —jadea Diane, restregándose contra las piernas de la rubia.
El cuerpo les tiembla y Cassidy no soporta un segundo más sin tocarla. Cuela sus dedos por debajo de las bragas y Diane la recibe húmeda, hirviendo, tanto que tiene que morderse los labios para hallar el control que empieza a perder y no penetrarla con la brusquedad que quiere.
—Me has echado de menos —Cassidy no pregunta, afirma—. Y aun así no me has mirado en toda la semana.
Aprieta su clítoris con suavidad y Diane se retuerce sobre ella. Es un espectáculo verla así, con los ojos desenfocados, las mejillas ardiendo y la boca entreabierta.
Cassidy vuelve a pegarse a sus labios y en medio de ese beso, sus dedos trazan círculos por el sexo de la morena. Se mueve con suavidad y luego los baja un poco para tantear su entrada, que por lo que siente está completamente preparada para ellos.
—Te necesito dentro. —Diane respira con dificultad a la vez que empuja las caderas buscando un mayor contacto.
No pide por favor, no ruega demasiado, pero la misma Diane sabe que está dándole a esa chica más de lo que le ha entregado a alguien nunca, y no es precisamente porque quiera, es que su cercanía hace que pierda el control de su propio cuerpo.
—Joder, cómo me gusta follarte —gruñe Cassidy mientras sus dedos se van clavando en lo más profundo de Diane—. Muévete para mí, me encanta verte hacerlo.
Pone las dos manos sobre los hombros de Cassidy y comienza a moverse con calma, haciendo presión cuando llega abajo y quedándose un instante ahí, sintiéndose llena.
La rubia usa su mano libre para liberar uno de los pechos de Diane y metérselo en la boca.
No son ni de lejos del tamaño de los de ella, pero son suaves y con un pezón rosado que la desquicia.
Hay un instante en el que Diane empieza a sentir un cosquilleo familiar, comienza a apretarse y sus ojos conectan con el verde que se ha vuelto tan oscuro como la lujuria lo ha empujado.
No son más que unos segundos, pero allí en el asiento trasero de su coche cabalgando a Cassidy Collins la certeza la golpea en el pecho.
No solo le gustan estos encuentros, es que la chica la hace sentir...
completa, de esa manera en la que crees no necesitar nada más y empiezan a emerger los «¿Y si... ?».
—Te ves preciosa cuando estás a punto de correrte. —Entonces los pensamientos rumiantes huyen de la mente de Diane y el orgasmo la zarandea con fuerza.
Abre la boca y gime el nombre de Cassidy por primera vez. Los ojos se le humedecen por la intensidad que está experimentando y por un momento siente que se va a morir.
Por fortuna sobrevive y toma una bocanada inmensa de aire mientras intenta recuperarse. Siente los dedos salir de ella y de inmediato cómo unos brazos la rodean.
—Espera —Cassidy la retiene cuando Diane intenta incorporarse y le pasa una mano suavemente por la espalda—. Quédate aquí conmigo.
Diane ahoga un sollozo e intenta —con todas sus fuerzas— bloquear su mente y quedarse apoyada en el cuerpo cálido de una chica que la mira como si fuera lo más importante de su mundo sin saber que ella no puede serlo para el mundo de Diane.