No estaba en mis planes Capítulo 3 #2
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Capítulo 3 #2

—Nunca me he sentido atraída por las campañas genéricas —explica Cassidy, y automáticamente baja la mirada para confirmar que su ropa está libre de manchas, camisa metida en los pantalones y pocas arrugas—. La estrategia y la comunicación comercial interna me parecen más poderosas.

Se escuchan voces detrás de ellas y, sin duda, el sonido característico de los tacones de Diane golpeando el suelo por el que pasa.

Cassidy —a diferencia de Tanya— no la reconoce por eso, jamás la ha escuchado caminar, pero de alguna manera sabe que es ella.

Hay algo que flota en el aire, algo enigmático que huele a madera seca y almizcle frío. Oscuro, intenso y dominante.

—Buenas tardes, Diane —Tanya la saluda sin vacilación en la voz y mirándola a la cara.

—Buenas tardes —su jefa contesta con un siseo, sin mirar a nadie, con la barbilla levantada.

Detrás de Diane, Jason camina como un cachorro recién entrenado con el ordenador bajo el brazo y gesto solemne dibujado en su rostro.

Cuando Cassidy se mueve con la intención de entrar a la sala, Tanya la sujeta suavemente.

—Nunca le digas señora —le advierte en un susurro—. No lo soporta, y dicen que llegó a despedir a algunos que la llamaron así.

«Señora Carter».

Cassidy recrea con perfecta claridad el momento en que se presentó ante su jefa y, si es verdad lo que dice Tanya, se ha salvado de ser despedida en su primer día, o Diane sencillamente lo hará más adelante.

—El CEO de Tecnologías Alalu espera que con nuestra propuesta la empresa pueda aumentar un 25 % en su facturación respecto al año pasado —Diane no se ha sentado; se mantiene de pie frente a su silla con una mano puesta en el respaldo—. Jason, enséñame los datos.

El hombre se pone de pie y, aunque lo hace con aparente seguridad, Cassidy nota cómo los labios le tiemblan ligeramente.

Jason se coloca junto a la pared del fondo y, con una imagen que se proyecta a su lado, empieza su discurso sobre alcances, estrategias y planes. En algunos momentos dice «nosotros», involucrando al equipo, aunque la mayoría de las veces él es el protagonista.

—He hecho un análisis… Modifiqué el llamado a la acción… Según mis apuntes… Yo hice…

Y así Jason ha estado siete minutos exactos con una verborrea yoísta insoportable que todos los presentes han tenido que aguantar, pero Cassidy lo escuchaba de fondo, amortiguado, porque ha invertido su tiempo en escrutar a la mujer de mirada altiva que sigue en la misma posición al otro lado de la sala.

Diane tiene esas dos piedras de topacio clavadas en la presentación, no en Jason; a él lo ignora deliberadamente.

De hecho, hay momentos en que aprieta la mandíbula tanto que la línea que se le marca es demasiado evidente, o sus dedos sujetan con tanta fuerza el respaldo que sujeta que se le vuelven blancos.

Le parece fascinante a la vez que repulsiva: una mujer fría que no baja la mirada ni siquiera para ver por dónde camina.

—Thompson —apenas mueve la boca cuando el sonido inunda la sala.

Jason se calla y pone ambas manos detrás de la espalda—.

Me cuesta comprender cómo es que haremos que Alalu cumpla sus expectativas si vamos a gastar en la estrategia, según tu análisis, un 32 % del presupuesto sin contar lo que marketing tiene estimado.

Deja unos segundos para que el responsable entienda la duda, pero el hombre parece completamente perdido. Frunce el ceño, se inclina hacia el portátil y empieza a buscar datos en un documento que abre.

Diane hace una respiración profunda mientras tira de la silla con cuidado y se sienta en ella. A Cassidy le recuerda la figura de una reina del siglo pasado, subida en su trono, lista para dar una orden cruel.

Jason se incorpora y se aclara la garganta.

—Esta parte la trabajó el equipo y…

Diane levanta una mano de la mesa; es casi imperceptible el gesto, pero hace que no diga nada más.

Gira el cuello y pasea la mirada por la zona izquierda, justo donde está Tanya, y Cassidy puede jurar que sus ojos se han detenido por un instante en su rostro, aunque con la misma rapidez los aparta, lo que la hace pensar que quizá se trata de algo que se ha imaginado.

Su compañera se pone de pie y con tranquilidad toma la palabra.

—El 32 % es el estimado total de la inversión de Alalu, incluyendo marketing y un pequeño margen que nos permitirá movernos con mayor facilidad sin tener que decirle al cliente que necesitamos más dinero —corrige Tanya.

Por lo visto, Jason no sabe ni leer un informe—.

Cuando el departamento de Clara nos confirme los datos, podremos dar una versión final; sin embargo, estimamos que estará por debajo del 29 %.

Diane hace un pequeño movimiento en su rostro que hace que su ceja izquierda se eleve y sus ojos tengan un ligero brillo. La mujer asiente una vez hacia Tanya y se pone de pie.

—En media hora quiero en mi correo el informe con la corrección —la forma en que Diane dice la última palabra es casi como si estuviera hundiendo un cuchillo en el pecho de Jason—. Buenas tardes.

Se gira y sale de la sala dejando una estela de perfume que obliga a Cassidy a olfatear como un perro de caza.

—¿Vamos? —Tanya la mira desde arriba con la cabeza inclinada.

Se levanta para seguir a su compañera con una verdad incómoda taladrándo­le la cabeza. Cassidy no es de las que se mienten a sí mismas, no va con ella, por lo que asume en este mismo momento —y para su desgracia— que se siente atraída por la insufrible Diane Carter.