Capítulo 3
C assidy atraviesa el pasillo mientras camina junto a Jason Thompson, quien se ha presentado como el responsable de equipo del departamento de desarrollo de Whitestone —directamente por debajo de Diane— y el que debería encargarse de darle la primera formación para que empiece sus labores como becaria.
—Tenemos tres objetivos principales: prospección de clientes, propuestas y negociación de contratos —Jason toma asiento detrás de su mesa y le hace un gesto a Cassidy para que lo imite—.
La coordinación interna es fundamental, así como el trabajo con la gente de marketing.
Aunque somos dos áreas separadas, nuestro esfuerzo es conjunto para ofrecer el mejor servicio.
A Cassidy siempre se le ha dado bien leer a las personas.
Lo aprendió siendo una niña y lo perfeccionó mientras se convertía en una mujer adulta, y no puede evitar pensar que Jason le parece el típico adulador capaz de vender a su propia madre por recibir una palmada en el hombro o un aumento de sueldo.
Tiene claro que está siendo radical, pero su don no le ha fallado nunca, así que duda de que se esté equivocando.
—Clara Fitzgerald dirige marketing, así que la verás mucho en nuestras reuniones y a menudo te tocará colaborar con ella.
Jason se gira para teclear en su ordenador y de inmediato la impresora que está al fondo de su despacho empieza a emitir un sonido.
Mientras se pone de pie para recoger las hojas, Cassidy se hunde en la silla porque lo que tenía que ser un día prometedor se está convirtiendo en una soga larga que siente tensarse alrededor de su cuello según pasan las horas.
Solo espera que esa tal Clara no comparta el mismo palo que su jefa parece tener metido en el trasero.
—Hacemos algunas tareas diarias que son bastante repetitivas, pero necesarias —el hombre hace un gesto de vacilación mientras le entrega los documentos—. Te he preparado este dosier con tus asignaciones.
Cassidy coge los papeles, baja la mirada y sus dedos se crispan sobre ellos.
Las funciones a las que Jason se refiere van desde mantener la cafetera llena —«la chica del café»—, darle soporte cuando lo necesite —«hacer todo el trabajo que a su responsable le dé pereza»—, asistir a las reuniones junto a él —«ejercer como su secretaria personal»— y ser el puente comunicativo entre el equipo y Diane Carter —«darle la cara a la bruja cuando algo salga mal y Jason no pueda llevarse los méritos».
Su mirada sigue clavada en las letras, releyendo cada punto. Tal parece que la doble titulación en administración empresarial y marketing que tanto esfuerzo le costó no servirá de nada mientras trabaje para esta compañía.
—Bienvenida a bordo, Cassidy —Jason expande su sonrisa más radiante y ella lo mira como si tuviera algo desagradable pegado al rostro, pero tiene que disimular como puede—. A las tres de la tarde tenemos que hacer una presentación a Diane de una estrategia que llevamos preparando varias semanas.
Ella asiente y se levanta cuando él mueve la mano haciendo una señal para que lo siga.
Unos segundos después, una zona muy iluminada con varios ordenadores alineados en dos filas se abre ante ella.
Lo primero que nota Cassidy es el gesto concentrado e incluso temeroso de los que están sentados trabajando sin despegar la mirada de las pantallas, tanto que cuando Jason carraspea para llamar su atención, nadie parece escucharlo.
—Gente, esta es Cassidy Collins, nuestra nueva compañera.
Anuncia el responsable del equipo y solo dos personas parecen mostrar sonrisas sinceras. Los otros la miran, levantan la mano y siguen a lo suyo.
—Tanya, que Cassidy vea en lo que estamos trabajando para que pueda ponerse al día —le pide Jason a una chica que parece hasta arriba de trabajo, pero que asiente de igual manera y clava sus ojos oscuros en ella.
—Coge esa silla —señala una detrás de ella—, y siéntate aquí a mi lado.
Tanya —una mujer afroamericana que aparenta unos treinta años— que se identifica como analista intermedia de negocios, le deja espacio a Cassidy para que pueda tener una buena visual de la pantalla, que está llena de gráficos y colores.
—Esa es una muy buena proyección —Cassidy entrecierra la mirada mientras se inclina hacia los datos—. Si esto se cumple, el retorno será excelente.
Tanya gira el cuello y en su rostro aparece una expresión de asombro.
—Vaya, chica —dice mientras mueve la cabeza—, y se supone que eras una becaria sin conocimientos.
Cassidy encoge los hombros; tampoco esperaba que la presentaran como una experta.
—Aunque tampoco me sorprende —Tanya se acerca y convierte su voz en tono conspirador—. Jason cree que es el único con el conocimiento suficiente en este departamento. A veces creo que piensa que está por encima de Diane.
Cassidy siente un cosquilleo en el pecho y se lleva la mano a esa zona de la piel.
No quiere darle muchas vueltas al asunto, pero después del desagradable encuentro con su jefa, ha oído su nombre dos veces y ha sentido esa especie de vacío que no sabe cómo catalogar, así que lo empuja hacia el lugar donde guarda aquellas cosas sin sentido que experimenta en su vida.
Decide que su nueva compañera le cae bien: es abierta, no teme dar su opinión de forma discreta y parece no molestarle la presencia de Cassidy.
Las horas que pasa junto a Tanya son enriquecedoras.
La chica le explica cada cosa que hace, el motivo y la metodología que usa el departamento para definir el alcance en cada proyecto que analiza, de modo que el cliente se sienta cómodo en medio de una posible negociación y acabe firmando con ellos.
Luego bajan juntas a comer a la cafetería que tiene el edificio en la primera planta y Tanya se asegura de que sepa quién es quién en los primeros minutos tras ocupar una mesa.
—En aquella mesa se sientan los de informática —señala con la barbilla mientras vierte una buena cantidad de salsa ranchera a su ensalada—. Y estos que ves en primera fila son los de Recursos Humanos, que a veces se mezclan con los de dirección.
Cassidy barre el comedor con la mirada y su mente —que a veces va por libre— se pregunta en qué mesa se sienta Diane Carter
—Los de formación, finanzas y jurídico —continúa Tanya, y Cassidy lo agradece porque su cabeza ya empezaba a entrar en bucle—, por alguna razón siempre se sientan allí al frente.
Los responsables de área son aquellos —esta vez hace un movimiento seco con la cabeza—.
Jason siempre se sienta en la esquina como si presidiera la mesa; los socios y altos cargos comen fuera de aquí.
Ya sabes, no se mezclan con los de abajo.
La nueva becaria asiente y tiene entonces claro que jamás verá a su jefa allí. Se siente aliviada, porque personas como Diane son de las que quieres mantener lejos, y antes de que ni siquiera pueda preguntar, Tanya se lo confirma.
—La mayoría de las veces me voy al parque que está a dos manzanas —bebe un sorbo de una bebida naranja que Cassidy no tiene ni idea de qué es—. No quiero asustarte en tu primer día, pero trabajar en desarrollo de negocios puede ser muy agobiante, sobre todo teniendo a Carter a la cabeza.
Cassidy mastica su sándwich de atún con calma mientras comprende que su compañera ha hablado suficiente y que ahora se ha quedado callada para que pueda lanzar todas las preguntas que le cruzan la mente.
—Esta mañana he ido a su oficina y ha sido un poco…
—¿Zorra? —Tanya lo dice en voz baja mirando de reojo, porque aunque todo el que la conoce siente una gran animadversión hacia su jefa, ella no sabe quién está dispuesto a hacerle la pelota a esa encarnación del demonio.
—Maleducada y una completa imbécil —Cassidy no ha podido frenar su lengua, y la respuesta de Tanya es soltar una carcajada que hace girar algunas cabezas.
—Joder, chica, necesitaba una compañera como tú —la morena asiente con la sonrisa aún en los labios—.
La has calado a la primera, aunque seamos honestas, ¿quién no lo haría?
Llevo tres años trabajando para ella y jamás me ha mirado a la cara más de dos segundos.
Creo que ni siquiera sabe mi nombre. Solo habla con el responsable de equipo, y ese hasta la semana pasada era Levi Hall, que por supuesto echó a la calle sin parpadear.
Ahora Jason es quien se reúne con ella, pero hemos hecho apuestas sobre hasta cuándo aguanta, porque la realidad es que ha llegado hasta donde está endosándole el trabajo a todo el que puede.
Tanya la mira como si sintiera un poco de pena por ella, y es que Cassidy ya ha confirmado que su responsable la ha elegido para hacerle de burro de carga y a la vez de escudo con su jefa.
Terminan de comer y ambas mujeres vuelven a la planta tres. Tanya le explica algunos puntos de la presentación que se llevará a cabo esa tarde y la importancia que tiene ese cliente para Whitestone, porque la empresa no solo tiene sede en los Estados Unidos, sino también en México, Canadá y Brasil.
Ciertamente Cassidy no tiene experiencia, pero acaba de terminar la carrera, por lo que en su cabeza existen conocimientos frescos, y además toda la parte de análisis, propuestas de valor y gestión de crisis se le da bastante bien.
Eran los temas por los que apenas tenía que estudiar en la universidad, porque sorprendentemente su cerebro sabía manejarlos sin dificultad.
—Te irá bien aquí —Tanya le aprieta un brazo cuando deciden levantarse y caminar hacia la sala de juntas.
—Mi objetivo es trabajar en marketing —Cassidy se siente lo suficientemente cómoda con su compañera para hablar de estos temas—. Es lo que me apasiona de verdad. Siempre he soñado con llevar grandes campañas empresariales.
Tanya arruga las cejas mientras la escucha.
—Normalmente los apasionados del marketing quieren trabajar en agencias, no en consultorías —giran hacia un pasillo y la morena le señala con la mano la puerta en la que deben entrar.