No estaba en mis planes Capítulo 2
4%

Capítulo 2

C assidy se mueve inquieta por el piso con la camisa de botones abierta, la toalla envuelta en la cabeza y una taza de café en la mano que amenaza con acabar en el suelo si no controla su ansiedad.

—Tranquila, aún tienes tiempo —dice la voz serena de Payton mientras la observa caminar de un sitio a otro con nerviosismo—, pero si no terminas de vestirte, de secarte el pelo y tomarte ese café que ya debe estar frío, entonces sí que llegarás tarde.

Cassidy da un respingo al escucharla y, tal como temía, una buena cantidad de líquido oscuro resbala desde su taza hasta el suelo.

—Mierda —farfulla dando varios pasos atrás, mirando hacia un lado como si mágicamente fuera a aparecer una mopa para limpiar el desastre.

—Déjalo, lo hago yo. —Pone los ojos en blanco—. Ve a vestirte.

Payton cierra el portátil en el que llevaba un rato trabajando y se levanta para limpiar la moqueta antes de que la mancha se quede allí para siempre.

Cassidy le besa la mejilla, agradecida de que su hermana mayor siempre esté ahí para todo sin importar nada, incluso por encima de sus propias necesidades.

No logra deshacerse de esa bola de nervios que lleva una semana apretándole el pecho, justo desde que su mentor, Samuel Barnes, le consiguiera unas prácticas que ella no pidió en Whitestone Consulting Group.

No estaba en sus planes, de hecho, jamás se habría presentado a esa consultoría porque para entrar en su departamento de marketing al parecer hay que hacer una especie de pacto satánico que incluye un coeficiente intelectual altísimo y años de experiencia que ella no tiene.

—Esta investigación es fantástica, Cassidy, y que la hayas hecho sola tiene más mérito todavía —le dijo Samuel una tarde mientras revisaba su trabajo final de grado—. Sin duda Whitestone tendría mucha suerte si te tuviera entre sus trabajadoras.

Ella no tenía ni idea de que Samuel fuera uno de los socios de la compañía porque su tutor —hasta ese momento— siempre había sido muy reservado salvo por la única cosa que una vez mencionó una tarde mientras salían de la universidad: que Cassidy se parecía tanto a su hija que en ocasiones tenía que mirar dos veces para confirmar que no se trataba de una alucinación.

Unos días después, Samuel le hizo una propuesta que ella no pudo rechazar: le ofreció pasar medio año trabajando como becaria en el departamento de desarrollo de negocios, un paso clave para que Cassidy pudiera dar el salto a marketing, que era lo que ella realmente quería, y, si se esforzaba lo suficiente, podría lograrlo.

Ahora que ha llegado el momento, sus manos tiemblan como si estuviera al borde de un precipicio, pero con una seguridad de que tiene una cuerda atada en la cintura, esa que le ha dado haber trabajado sin descanso toda su vida está más cerca que nunca y ahora, por fin, tiene la oportunidad que lleva tantos años soñando.

—Que te vaya bien en el primer día —susurra Payton mientras la aprieta con fuerza entre sus brazos—. No te dejes intimidar, tienes el conocimiento, sabes hacer el trabajo y has luchado mucho para llegar hasta aquí.

La chica se aferra al cuerpo de su hermana porque ella más que nadie sabe todo el esfuerzo que ha puesto en cada paso de su vida para tener la oportunidad que hoy está a punto de saborear.

A sus veintiocho años, Cassidy Collins empieza a vivir de verdad.

Atrás quedaron las noches en las que apenas dormía cuatro horas porque el resto del día estaba ocupada mientras asistía a la universidad, estudiaba para los exámenes y se movía entre dos trabajos para poder ahorrar lo suficiente porque sabía que, a partir del momento de su graduación, tendría seis meses de gracia para empezar a pagar los préstamos que le ayudaron a costear la carrera.

Hizo un doble grado porque no lo imaginaba de otra forma, pero eso incrementó su deuda más de lo que esperaba.

Su plan inicial era trabajar en una empresa pequeña que la aceptara sin experiencia, aunque con un salario que le permitiera hacer frente a las cuotas.

Ser becaria en una consultoría no es precisamente alentador, salvo que al final de las prácticas acabes contratada.

El sueldo suele ser una basura compensatoria que disfrazan de aprendizaje y crecimiento profesional que no da ni para pagar el alquiler, pero lo único que Cassidy tiene en su cerebro es firmar un contrato al final de las prácticas porque, si esto falla, no le quedará más opción que volver a sus antiguos —y horribles— trabajos.

● ● ●

Cuando sus pies tocan el suelo de mármol del lobby de Whitestone, su cuerpo se estremece ante la sensación de estar en un sitio como ese y que alguien como ella tenga la posibilidad de trabajar allí.

La estancia es como cualquiera que se podría esperar en un edificio de oficinas de una gran compañía: techos altos, iluminación artificial que deja expuesto hasta el último poro de la piel y personas demasiado estiradas que se creen que al final de sus carreras heredarán la empresa.

—Cassidy. —La voz masculina se escucha por la derecha y la chica detiene sus pasos—. Bienvenida.

Samuel Barnes aparece con su gesto afable para darle un cariñoso apretón en el brazo a la vez que le entrega una tarjeta de color azul con el logo de la empresa y sus datos personales al reverso.

—Profesor, gracias por…

—Aquí solo soy Samuel —la corta el socio para corregirla y le indica el camino hasta los ascensores—. Quería recibirte personalmente para explicarte algunas cosas que me parecen importantes.

Tres personas más entran con ellos en el ascensor y el silencio se instaura durante los segundos que tardan en llegar a la quinta planta, donde está el departamento de Recursos Humanos.

Cassidy se fija en ellos, dos hombres con trajes impolutos, zapatos relucientes y perfumes caros.

La mujer lleva un conjunto entallado de falda y camisa con joyas discretas a juego, lo que hace que tenga que mirarse a sí misma para confirmar que desentona completamente con el lugar.

No parece una mendiga, pero quizá su elección de hoy no ha sido muy acertada, teniendo en cuenta el tamaño generoso de sus pechos y ese botón que siempre baila entre estar torcido y que explote en algún momento.

—Ahora tendrás que firmar toda la documentación que falta.

—Samuel se detiene en una esquina discreta al lado de un despacho justo cuando salen del ascensor—.

Sé que te sientes presionada, Cassidy, pero fuiste una estudiante brillante que se merece estar aquí.

En estos meses, estoy seguro de que aprenderás más que durante los primeros años en la universidad.

La chica lo mira directamente a los ojos y se pregunta por qué hace todo esto por ella.

Reconoce que hizo las cosas bien, sacrificó el poco tiempo libre que tenía para que su desempeño fuera destacable; sin embargo, no fue la mejor.

Había compañeros por encima de Cassidy que sin duda podrían despuntar sobre ella en este lugar.

—El nivel de exigencia es alto —Samuel sigue hablando y su mirada se suaviza todavía más—, pero cuando llegues al departamento de Clara Fitzgerald sabrás que ha merecido la pena el esfuerzo.

Y en cuanto al salario, he logrado que se te aumente un 10 % por tu doble titulación y el trabajo final de grado.

Sé que no es demasiado, aunque sí mejor que antes.

A Cassidy se le hinchan los pulmones. Cualquier dinero extra sin duda lo agradece y que entre como becaria ganando más que en sus dos trabajos mientras estudiaba, está por encima de lo que esperaba.

Limpiar baños, freír patatas fritas y aguantar a borrachos no es precisamente lo que había planificado para su futuro.

—Gracias, Samuel. —Cassidy toma una respiración que tendría que ayudar a calmarse, pero el efecto es el contrario—. Espero no decepcionarte.

El hombre le pone una mano en el hombro y su corazón se arruga cuando la imagen de su hija se instala en su mente.

—Lo harás bien. —Retira la mano y señala una puerta cerrada a pocos metros de donde están ellos—. Cuando acabes, baja a la planta tres y busca a Diane Carter. Te está esperando.

Reconoce el nombre porque Cassidy lleva días entrando y saliendo de la web de Whitestone como una obsesa, ha querido aprenderse cada rostro importante para poder reconocerlos cuando los tuviera frente a ella y no meter la pata.

Sabe que la señora Carter está al frente de una de las patas más importantes de la compañía y que trabaja junto a marketing para las propuestas finales a los clientes.

Está ilusionada, sabe que va a aprender de profesionales con una larga trayectoria en el sector.

● ● ●

Casi dos horas después —un vídeo sobre seguridad laboral y una charla que abarcaba las políticas internas de la compañía contra el acoso, maltrato y discriminación—, Cassidy camina con su nuevo portátil en la mano por un largo pasillo en la planta tres, hasta toparse con una chica sentada detrás de una pequeña mesa que está al lado de una puerta de madera que tiene una placa dorada con el nombre de Diane Carter.

—Hola, tengo una reunión con la señora Carter —saluda, nerviosa, pero se sorprende porque la que asume que es la secretaria de su nueva jefa la mira con pánico absoluto.

Gianna enfoca la mirada hacia su ordenador y abre la agenda para confirmar lo que ya sabía: su jefa no tiene ninguna reunión programada para esa mañana, salvo a las once con un cliente, y eso es fuera de las oficinas.

Se estruja las manos que ya han empezado a sudarle y siente cómo las costillas le duelen por el martilleo acelerado de su corazón.

Nunca, en su corta existencia, Gianna Harris había deseado que alguna compañera regresara lo antes posible al trabajo, porque ser el canal directo de Diane Carter sin tener a Tatiana de por medio es la peor pesadilla que ha vivido jamás.

—Lo lamento, pero su agenda no admite cambios y, salvo algún error, no tiene ninguna reunión prevista para esta hora.

Cassidy intenta que su sonrisa no se borre ante el desconcierto, ¿no se supone que la estaba esperando?