No era parte del guion (Familia Cresswell-Donovan 3) Capítulo 18. Mi postre favorito eres tú
96%

Capítulo 18. Mi postre favorito eres tú

Ruby

Volvieron a la ciudad porque esa semana era la última del rodaje. Y debían acabar el proyecto. Había sido muy accidentado, pero no lo iban a dejar tirado.

Valeria los recibió con los brazos abiertos. Caleb había tomado una habitación cerca de la casa de Charlie y los acompañó hasta el rodaje. Aunque todos estaban bastante tensos, la semana pasó rápida y acabaron su trabajo.

Dan había hablado con todos y cada uno le dijo si quería demandar o no, así que se daba por terminado ese asunto, al menos, temporalmente.

El juicio por la agresión sería en una semana, así que la tenían libre. Caleb debía volver a por todas sus cosas y a decirles a sus padres su nueva situación, pero les advirtió que tuvieran cuidado.

Se encerraron en el apartamento, tirados en la cama, agotados.

—¿Qué vas a hacer ahora, Ruby?

—Tomaré un par de días de descanso y después, supongo que volveré al mercado laboral. Tampoco sé si meterme en otra producción, con todo esto del juicio. Y me imagino que Rubens seguirá extendiendo sus tentáculos.

Se giró hacia ella y acarició su rostro. Él todavía tenía ojeras. Le sonrió.

—¿Quieres ir a Los Ángeles?

Ella se mordió el labio. —O algún sitio similar. No sé si volveré a trabajar en esta ciudad, la verdad.

—Yo avisé a mi agente que me tomaba una semana de vacaciones. Le expliqué todo lo que había pasado. Me comentó que buscaría otras cosas, pero que me apoyaba. A lo mejor debería trabajar donde… donde mi hermana.

—No, Charlie, es tu sueño.

—Sí, lo sé. Pero…

—Saldremos de esta. Ya lo verás. Y siempre podemos ayudar a mi hermano en el restaurante los fines de semana.

—Mi madre me está ofreciendo dinero… para pasar el mes. Podría aceptarlo. Tampoco es nada malo, supongo.

—No. Malo no es. ¿Cómo va Leo?

—Está bien, descansando. Creo que tuvo un bajón con las redes, pero el atraco le volvió a poner en primera línea. Aunque creo que se lo va a tomar con calma. Ruby… sé que ha sido difícil, digo nuestro comienzo.

—Sigo aquí, Charlie. Y no me iré a menos de que tú lo quieras.

—¡No! —dijo él acercándose a ella. Llevaban toda la semana trabajando y durmiendo. Besó su cuello y ella ronroneó—. Es hora de que nos dediquemos un rato a nosotros, ¿no crees?

—Cierto. Quiero pasar horas amándote y que tú también lo hagas. Quiero olvidarme de todo.

—Estaré encantado de devorar tu cuerpo para que solo pienses en mi lengua —dijo besando su mandíbula—, en mi tacto —comentó mientras metía la mano debajo de su camiseta y atrapaba uno de sus pechos—, o cómo me voy a poner encima de ti, o tú sobre mí, no tengo problema, y nos moveremos juntos, nos humedeceremos y llegaremos al clímax varias veces.

—Joder… ¡deja de hablar y hazlo!

Él se echó a reír y se dedicó a realizar todas las ideas que le había contado, lamiendo, mordisqueando y besándose con ganas, con necesidad, como si el mundo se fuera a acabar.

Estaba tan… enamorada y a la vez tan aterrorizada que tuvo que sacudir la cabeza y dejar de pensar en que alguien tan maravilloso pudiera dejarla atrás.

Sonrió y se colocó sobre él. Las manos de Charlie la sujetaban mientras ella se ondulaba en sus caderas.

—Mírame, Ruby, mírame cuando te corras. Necesito ver tus ojos.

Ella lo hizo y se dejó llevar, seguida de él. Se echó a su lado, ambos abrazados. Soltó una risita.

—¿Por qué querías que te mirase? O sea…

—Porque quiero… que estés segura de que soy yo. Una tontería que me pasó.

—Ahora necesito que me la cuentes —dijo acurrucándose contra él y mirándolo a la cara. Él bufó.

—Cuando empecé… en uno de esos papeles secundarios que apenas salía en pantalla, una de las actrices se fijó en mí. Y bueno, nos acostamos. Ella… Dios, qué vergüenza.

—Sigue, por favor —dijo ella mordiéndose el labio para aguantarse la risa—. Saquemos nuestros trapos sucios.

Él sonrió. —Decía que me parecía al actor Henry Cavill, ya sabes, y cuando estaba follando con ella, gritó su nombre. Eso me dejó muy desconcertado.

Ruby lo miró y soltó una carcajada. —Henry, Henry, hazme tuya…

—Oye, que no se lo había contado a nadie, imagina si lo saben mis hermanos, acabaría totalmente humillado.

—Tranquilo, no se lo diré a nadie, pero esa tía era estúpida. Teniéndote a ti, no necesita a nadie más.

—Eso me gusta. Haré la cena, ¿te apetece algo en particular?

—Cualquier cosa estará bien. En que me duche, revisaré mi correo.

Charlie se duchó y se puso a preparar la cena. Mientras, ella encendió el portátil y soltó una exclamación. Él llegó enseguida a su lado.

—¿Ocurre algo?

—Sí, algo bueno. Voy a llamar a Dan.

Puso el manos libres y enseguida contestó.

—Ruby, ¿te ha llegado la notificación? ¡Es una buena noticia!

—Sí, justo acabo de abrirla. Cuéntanos qué significa, por favor.

—Que si el juzgado te cita es porque ya tienen el caso armado. Imagino que Charlie también recibirá una por el puñetazo. Todo suma. Y si tienen el caso armado es que esto se acabará pronto.

Ambos suspiraron aliviados.

—Entonces, ¿ya está?

—No del todo, pero es un gran avance. No creo que nadie se atreva a amenazaros, de hecho, puede que se filtre a la prensa parte del caso para que vean que están cogidos por los huevos, si me permitís la expresión.

—Muchas gracias, Dan —dijo Charlie emocionado—, llamaré a mi familia para notificárselo.

—Genial. ¿Cómo va Leo?

—Mejor, está en los Hamptons reposando, aunque no de muy buen humor, según me cuentan. Entre eso y que Bella sigue en reposo, esa casa se ha convertido en un infierno.

Los tres se echaron a reír. Se despidieron de Dan, aunque no quedaron para comer.

Su hermano todavía estaba en casa y por lo que le había dicho, había discutido con sus padres y después de recoger todo, poco menos que lo desterraron de su casa.

Ya iban dos hijos indeseables, que se habían salido de la norma.

—¿Quieres que vayamos este fin de semana allí? Puede que mi madre nos necesite.

—Claro que sí. Estoy deseando verlos. Sophie me ha preguntado varias veces esta semana cuándo volvíamos.

—¿En serio? Mini Villana se ha vendido. A mí no me ha escrito —contestó él enfurruñado.

—Las mujeres independientes y decididas nos comprendemos muy bien y ella lo es. Que se prepare el mundo cuando crezca.

—Eso hemos pensado siempre, que sería presidenta de los Estados Unidos para empezar.

Ambos rieron.

—Mañana salimos, ¿qué tal si aprovechamos esta noche?

—Primero a cenar, luego a disfrutar.

Ella asintió. Lo vio preparar la mesa mientras recogía el ordenador, pensando que tal vez lo que le estaba pasando era real, que él la quería de verdad, y que no había nada malo.

No tenían mucho dinero, pero lo justo para vivir.

No necesitaba nada más. Solo a él. Lo miró y él le sonrió.

¿Cómo no iba a conquistarla con esa sonrisa?

Se levantó y pasó los brazos por su cuello. Al instante, él rodeó su cintura.

—¿Qué pasará cuando seas famoso? Las mujeres te van a perseguir. Tal vez los hombres.

—No necesito nada más de lo que tengo. La única diferencia será que viviremos en un piso mejor. Y siempre estarás a mi lado, siempre que tú quieras, por supuesto.

Ella se echó a reír. —No puedes ser tan perfecto, Charlie Cresswell.

—No lo soy. Todavía tengo un lado oscuro que te enseñaré, ya lo verás.

Entonces, la tomó en brazos y ella se echó a reír. —¿Y la cena?

—Tú eres mi comida favorita.

La echó en la cama y sí, se demostró que ella era su preferencia y su prioridad.