Capítulo 17. Cambios
Charlie
Jacob se quedó con su gemelo y los demás acabaron por irse a casa. Se despidieron del agente, que se quedó para interrogar a los delincuentes. Caleb y Dan irían a dormir a casa de Mack cuando el abogado terminase de hablar con el agente del FBI.
Cuando llegaron, todos los estaban esperando y los pusieron al día, aunque ya les habían estado informando. Ayudaron a Bella y a Richard a acostarse y se metieron a la cama.
Ruby se abrazó a él. —Por fin.
—No es un fin de semana como esperábamos.
—Bueno, excepto por esto, el resto ha sido muy agradable. Me ha encantado conocer del todo a tu familia. Son un encanto.
Alguien llamó a la puerta. Sophie se asomó.
—¿Estás bien?
—No quería molestar, pero…
—Ven, pequeñaja, échate con nosotros —dijo comprendiéndolo al instante. Se apartaron para dejarla en medio. Ella se aferró a su hermano casi temblando.
—¿Por qué nos pasan cosas malas? Papá, Mack, Leo… es que no es justo.
—No lo es, peque —contestó Charlie—, pero es que el mundo es así. No todas las veces, pero alguna hay gente mala.
—Eso no quiere decir que no disfrutes de tu vida, Sophie —dijo Ruby acariciando su cabello—, solo es cuestión de estar atenta.
—Lo estaré —dijo ella. Charlie miró preocupado a Ruby. ¿Cómo podrían explicarle a una niña que el mundo a veces apestaba? Y sin quitarle la inocencia de sus once años.
Por suerte, con las carantoñas se durmió pronto. Su madre se asomó y suspiró al verla entre ellos. Les cerró la puerta.
Cuando se despertaron, Sophie estaba bien ancha en la cama, mientras que ellos ocupaban las esquinas, casi a punto de caerse.
Charlie acarició el rostro de Ruby, que abrió los ojos y sonrió.
Llevaba alguna magulladura en la cara y el pómulo hinchado.
Se levantaron sin hacer ruido y él le dio una toalla para que se pudiera duchar.
Sophie se despertó y después de darle un beso, se fue a su habitación. Él se sentó en la cama, esperando. Su madre se asomó.
—¿Puedes pasar a ver a Richard?
—Voy.
Él estaba pálido en la cama, con el gotero puesto. Sonrió levemente al ver a Charlie y cuando se sentó, acarició su rostro, tenía la barbilla amoratada.
—¿Cómo estáis tú y Ruby?
—Mejor que Leo, joder. Esa gentuza… si no hubiera sido por Ruby estaríamos peor. Es una luchadora.
—Eso me han dicho. Tu madre ha comentado que viene Dan más tarde, porque esto ya es muy grave. ¿Estaréis preparados para lo que sea?
—Lo estaremos. No te preocupes. Tú solo recupérate.
Richard suspiró. —Cabe la posibilidad de que no lo haga, hijo. Y debes aceptar que me marche.
—No. No quiero perder otro padre.
Le dio la mano. —Lo sé. Por suerte, eres un adulto y tienes una maravillosa mujer a tu lado, además de a todos tus hermanos y a tu madre, a la que… si resulta mal, os pediría que la cuidaseis bien.
—Eso sin duda.
—Esta es la vida, hay cosas buenas, malas y peores. Y aceptarlo es lo mejor. Aceptar y seguir. Es lo que los humanos han hecho toda la vida.
—Todo eso lo sé, pero no significa que me guste.
—O que lo aceptes, ¿no? —suspiró—. Siempre has sido el niño más bueno, el mediador de conflictos, el que sonreía, pasara lo que pasase.
Pero ahora eres un gran hombre estupendo, tienes tus objetivos en la vida, tu pasión y de lo que me alegro, una mujer que está enamorada de ti.
De aquí en adelante solo te queda disfrutar de todo ello y también de tu familia.
Charlie asintió sin decir nada. Tenía un nudo en la garganta que le impedía hablar.
—Bueno, tendrás que ducharte. Tu madre me ha dicho que Sophie ha dormido con vosotros. Eso es que a la Mini Villana le gusta Ruby.
—Seguro que sí. Tiene claras sus preferencias. Sí, me voy a duchar.
Le dio un beso a Richard y este lo abrazó. Se fue a su habitación donde Ruby ya se había vestido. Le dio un suave beso y se duchó también. Cuando salieron a la cocina, olía a café. Bella lo miró, le dio un abrazo.
—Te haré tortitas.
—Gracias, hermano, espero que sea capaz de tragar. Ruby, Charlie las hace muy bien, ¿las has probado?
—Todavía no, pero lo estoy deseando. ¿Te ayudo?
—No, me arreglo, siéntate con Bella.
—¿Has hablado con tu marido?
—Sí, Leo está mucho mejor. Le harán alguna prueba más, pero evoluciona bien. Me ha dicho Jacob que luego vendrá el agente a casa con Dan y tu hermano.
—Bien.
Sophie salió vestida y se fue directa al sofá y se sentó junto a ambas.
—Me ha dicho un pajarito que no has dormido en tu cama.
—Mamá es el pajarito, no disimules. Sí, es que quería hacerles compañía a Charlie y a Ruby.
Charlie aguantó la risa y siguió batiendo la masa. Margot entró del porche con el teléfono. Les dio un beso a cada uno, incluida a Ruby y se sentó en la mesa de la cocina. Martha le acercó un café.
—Creo que esto acabará pronto. Han metido la pata hasta el fondo y lo van a pagar —dijo ella. Charlie la miró. Había sacado esa parte de directora implacable.
Salteó las tortitas y las empezó a poner sobre la mesa. Ruby ayudó a Bella a sentarse y Martha le trajo una infusión, a la que la embarazada puso cara de resignación.
—Al menos, puedo comer normal —bufó. Se puso una tortita en el plato y echó sirope. Sophie hizo exactamente lo mismo y Ruby las imitó.
Charlie sonrió al verlas a las tres. Incluso su madre se animó. Se sentó junto a ellas con un café.
—Dios mío, están increíbles —dijo Ruby—. Este va a ser mi desayuno favorito para siempre.
—Lo sabía —dijo Bella convencida. Sophie se echó a reír. Pero todos se tensaron cuando llamaron a la puerta. Él se levantó.
Dan y Caleb llegaban serios. Los hizo pasar. —¿Un café?
—Sí, gracias. La verdad es que no hemos desayunado.
—Hay tortitas de Charlie —dijo Sophie—. Te pareces a tu hermana, aunque ella sea pelirroja. ¿Eres policía?
—Era militar, soldado. Ahora seré chef. Y necesito la receta de estas tortitas.
Ella se echó a reír y aplaudió. El ambiente se destensó, pero se notaba que Dan quería comentarles algo. Bella se levantó.
—Me apetece echarme a la cama. Sophie, ¿me haces compañía?
La niña miró a todos y entrecerró los ojos.
—No penséis que no me doy cuenta de que queréis hablar de cosas de mayores.
Ruby apretó los labios para no reírse. Las dos se fueron y Martha también desapareció, discretamente.
—Cuéntanos, Dan.
—Esta es la situación. Esos tipos son unos moteros que van dando palizas según les pagan.
El agente Farrrel va a tirar del hilo de la supuesta agencia que los ha contratado.
Y por eso, se está liando más todavía. No solo podrían detener al actor y compañía, sino a una organización que se dedica a solucionar, por decirlo así, problemas. Debemos esperar.
—¡Joder! —exclamó Charlie—, entonces…
—Está claro que vamos a denunciarlos, sería raro no hacerlo. Hay pruebas suficientes como para que vayan a la cárcel. Así que estas semanas van a ser complicadas. Y no haremos nada más. Se tratará como una agresión puntual, un atraco frustrado, algo así.
—Esa agencia se habrá enterado.
—Más o menos. Por lo visto solo pretendían asustarte, Ruby, pero les salió el tiro por la culata. No contaban que ibas a ser tan eficiente, o que ellos te defenderían con ganas. Los han separado y tienen dos candidatos a cantarlo todo. Así que se podría decir que están avanzando.
—Dan, los quiero en la cárcel para toda la vida —dijo su madre enfadada.
—Lo sé, Margot, pero hay que ser paciente. Valdrá la pena esperar.
—¿Y mientras? —insistió su madre—. ¿Estarán en peligro?
—El agente Farrel piensa que no. No se atreverán a hacer otra estupidez igual. Por lo visto, otros testigos también han sido amenazados. Me ha dicho que podría ponerte en protección. En algún sitio lejano, hasta el juicio, pero no sabemos cuándo será.
—No quiero eso, Dan —contestó Ruby—. Me iré a un hotel donde no me conozca nadie y donde…
—Ni de coña, Ruby —intervino Charlie—, te volverás a casa. Estaremos juntos todo el tiempo. Mi padre tenía una pistola que…
—No, Charlie —dijo su madre—, eso sí que no.
—De verdad, no creo que hagan nada —dijo Dan. Caleb los miraba preocupado.
—Puedo pedir que me adelanten el permiso y salir ya. Soy un militar preparado y los protegeré.
—No será necesario, ya habéis oído a Dan —dijo Ruby alterada. Charlie le tomó de la mano.
—Cuando se celebre el juicio, todo se acabará. Además, con las pruebas, las cámaras del bar y los testimonios del sheriff y de los demás clientes no habrá problema.
Asintieron. Charlie se la llevó de paseo por la playa para tranquilizarla y a lo lejos, vieron a Caleb siguiéndolos.
—Mi hermano se ha tomado muy en serio eso de protegerme. Yo…
—Lo único que no puedo ofrecerle sitio en mi piso. Es demasiado pequeño.
—Caleb estuvo en varios conflictos armados. Vino tocado. Puede que por eso haya querido dejarlo todo. Pero es un tipo fuerte y preparado. Él me enseñó a defenderme de pequeña.
—Se ve que te quiere mucho.
—Sí. Es extraño, porque nunca lo expresó tanto como ahora.
—La gente cambia. El amor hace eso.
Ella sonrió. —Tú estás igual, supongo que ya eras un tipo amoroso.
Charlie la tomó de la cintura y le dio un suave beso.
—Te quiero, Ruby. Y… no es necesario que me contestes. Tómate tu tiempo.
—Ay, cómo eres. Estás… haciendo que cambie. Y yo también te quiero, Charlie. Es tan rápido y caótico, que estoy un poco desorientada en general, pero estoy segura de ti.
Él la tomó de las mejillas y la besó de forma más profunda. Alguien carraspeó a su lado.
—Hay niños, tortolitos.
—Me quiere, Caleb. Tu hermana me quiere —dijo Charlie sonriendo.
—Ya lo sabía. Nunca le había visto mirar con ojos de corderito a nadie.
—Ey, yo no hago eso.
Las bromas siguieron hasta que decidieron volver a la casa, más despejados. Las noticias de Leo eran buenas, ya bromeaba e incluso había colgado en redes que lo habían atracado. En la foto tenía la cabeza vendada y enseguida se hizo viral.
Todo parecía estabilizarse de momento y Charlie rezaba para que así fuera. Que se arreglase y que, por Dios, que Richard se recuperase.