No era parte del guion (Familia Cresswell-Donovan 3) Epílogo
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Epílogo

Charlie

Jacob le dio un gran abrazo cuando lo vio llegar. Incluso salió a recibirlos. También a Ruby. Sophie llegó corriendo y saltó a los brazos de Charlie, que se echó a reír.

—Menos mal, pequeñaja, pensé que me habías cambiado por Ruby.

—Tu novia y yo nos llevamos muy bien. Ella me entiende, pero tú eres mi hermanito.

—¿Sabes que te saco medio cuerpo de altura y dieciocho años ¿verdad?

—Son nimi… nimi…

—Nimiedades. Vale. ¿Qué tal los enfermos?

—Horrible —dijo Jacob. Charlie bajó a Sophie que abrazó a Ruby—. Bella ha montado su oficina en el salón, aunque ha dicho el médico que esta semana le darían el alta, gracias al cielo y ya podremos volver. Además, tenemos la inauguración de la exposición. ¿Vendréis?

—Claro, cuenta con ello. ¿Y Leo?

—Está muy raro. Eso sí, ayer colgó la historia de su ataque y sonreía de la cantidad de gente que le ha escrito. Me da que le pasaba algo con su trabajo, pero no dice nada, el muy capullo.

—A veces Leo es así. Ya lo sabes.

—Lo sé, vamos… tengo una sorpresa.

Charlie lo miró con curiosidad y pasaron a la casa, donde su madre les dio grandes abrazos. Vio que Richard estaba en el porche, así que lo saludaría enseguida.

—¿Has hablado con Dan?

—Sí, hijo. Esta mañana. Es una gran noticia. Que se pudran en la cárcel. ¿Acabasteis el rodaje por fin?

—Del todo —dijo Ruby—, ahora tal vez nos tomemos unos días de vacaciones.

—Voy a ver a Richard. ¿Te importa?

—Claro, ve, me quedo aquí.

—Tomemos un café, cariño —dijo su madre. Jacob se sentó con ellas. Se escuchaba el fuerte teclear de su esposa en la habitación contigua. Sophie se puso a dibujar en su cuaderno.

Charlie sonrió al verla tan integrada y salió al porche. Richard se volvió con una sonrisa. Él jadeó al verlo.

—¿Cómo? ¿Qué… qué ha pasado? ¡Estás muy bien!

—Muy bien, no, hijo. Pero mejoro. Mack y Lorelai llevan tiempo investigando tratamientos experimentales y consiguieron uno al que parece que mi cuerpo responde bien.

—¡Es un milagro! —exclamó sentándose a su lado. Las lágrimas se le escaparon sin poder evitarlo. Richard le dio un abrazo.

—No es un milagro, es ciencia, pero puede que haya tenido suerte de que Mack sea un cabezota y haya encontrado un buen remedio. Tu madre ha decidido invertir en esa investigación y, bueno, ya sabes cómo es.

—El caso es que estás mejor.

—Sí. Los marcadores están disminuyendo. Puede que… me han avisado de que hay una posibilidad de tener efectos secundarios, o de que haya una recaída, pero soy feliz de estar un rato más con vosotros.

—¿Ves? Te dije que tenía una sorpresa —dijo Jacob saliendo a la terraza con un café para Charlie y un batido verde para su padre. Se sentó a sus pies.

—Esto es lo malo. Los batidos son un poco amargos.

—Podría intentar mejorar la receta. Luego lo miro.

—¿Ruby?

—Hablando con Sophie. Estas dos van a hacer rodar el mundo —contestó Charlie. Richard sonrió.

—Estás muy enamorado, hijo y no veas lo que me alegro.

—Lo estoy. Un día de estos le propondré dar un paso más, pero no quiero asustarla. Bastante es que ya viva conmigo.

—Tú sabrás cuándo es el momento adecuado —Miró al frente y suspiró—. No puedo expresar lo afortunado que soy por tener una familia como vosotros.

—Venga, papá, bébete el batido que si no Margot se cabreará —contestó Jacob emocionado. Charlie le dio un abrazo.

Las chicas salieron entonces a saludar y se sentaron en el césped. Sophie se quitó las sandalias y metió los pies en la piscina. Leo salió con la cabeza todavía vendada y Charlie se levantó para abrazarlo.

—¿Qué tal te encuentras?

—Me duele la cabeza, la verdad, pero no hay daños graves.

—Pensé que habría suerte y te cambiaría la personalidad —dijo Jacob. Se echaron a reír, pero Leo lo miró mal.

—No tendrás esa suerte, capullo.

Bella salió y su marido se levantó enseguida para cederle su sitio. Ella refunfuñó, pero sonrió a Charlie y a Ruby.

—Qué bueno veros ¡Qué ganas tengo de que me den el alta!

—Pronto, ¿no? —preguntó Ruby. Bella asintió.

—Gracias a Dios —murmuró Sophie, pero ella la escuchó y la niña se volvió poniendo su cara angelical, así que todos se echaron a reír.

—Aunque es verdad que aquí se está de maravilla. Esta tranquilidad… no tiene precio.

—Ya sabes que estamos a pocas millas de la casa. Podemos venir, si papá y tu madre aceptan, casi todos los fines de semana, hasta que nazca… él. Díselo, Bella.

Todos la miraron y ella sonrió. —Hemos pensado el nombre del bebé. Se llamará Alexander por mi padre y Richard por ti. Así que Richard Alexander Donovan Cresswell.

Richard tragó saliva, Sophie se puso a aplaudir y más de uno soltó una lágrima.

—Pero yo lo llamaré Alex. Es un nombre demasiado largo —dijo Sophie.

—Rebautizado queda —rio Charlie.

Llamaron a la puerta principal y Jacob se levantó a abrirla. —Serán Mack, Lorelai y Fran.

Sophie se levantó animada para acompañarle y Charlie los acompañó, quería otra cerveza.

Jacob se acercó a la puerta y cuando la abrió una mujer joven, rubia, con gafas en la cabeza, cabello largo y ondulado artísticamente, un top rosa y vaqueros ajustados.

Lo miró de arriba abajo y luego a Charlie, que se acercó.

—Buenos días, tú… debes de ser Jacob.

—Hola…

—Soy Harper. Harper Donovan.

—¿Donovan?

—Ah, sí, pues claro, soy la esposa de tu hermano.

Jacob y Charlie se miraron con la boca abierta. Ella se metió en medio de los dos y entró en la casa. Jacob cerró la puerta, sin comprender nada.

—¿Qué coj…? —preguntó Leo al verla.

—Hola, esposito, aquí estoy, para cuidarte.

Incluso Sophie se quedó sin habla. Esto era un giro importante en la novela que estaba escribiendo. Charlie la vio sonreír. Oh, vaya.