No era parte del guion (Familia Cresswell-Donovan 3) Capítulo 16. Mini Villana
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Capítulo 16. Mini Villana

Ruby

Caminaron hacia el fondo del jardín, donde se sentaron en un banco.

—Perdona, Ruby. No quiero molestarte. Mi madre me ha dicho que no sea pesada. Es que…

La miró, la niña estaba a punto de echarse a llorar. —No pasa nada, dime lo que me tengas que decir, tranquila.

—Es que Charlie… no digo que sea mi hermano favorito, todos lo son. Pero él es siempre muy bueno. Siempre es amable, se porta bien, no hace daño a nadie.

—Y tienes miedo de que yo pueda hacerlo sentir mal por algún motivo.

—He escuchado cosas. Algunas no las he entendido del todo. ¿Podrías explicarme? Nadie lo hace.

—Es un tema complicado, pero primero quiero asegurarte que no tengo ninguna intención de dañar a tu hermano.

Me gusta muchísimo y voy a ir a vivir con él.

Mira, Sophie, todas las relaciones no salen bien.

Algunas se rompen a veces, si no hay respeto, amor o diálogo.

No es mi caso con tu hermano, pero no sé qué pasará dentro de unos años.

A veces las cosas cambian. Tú misma lo verás en tu propia vida.

Todo cambia y hay que fluir con ello, como dice mi amiga Valeria.

Sophie se quedó pensativa, anotó algo en su cuaderno y volvió a mirarla.

—En cuanto a lo que ha pasado, es algo desagradable. Fue con un actor mala persona, intentó que lo besara, pero yo no quise y entonces empezó a decir mentiras de todo el mundo. Es una mala persona, Sophie, y las malas personas acaban pagando en la cárcel.

—Es que nadie te puede obligar a dar un beso —dijo ella y se quedó pensativa—. Un niño de mi clase quiso que le diera uno. Dijo que era bonita y entonces le di una patada. La profesora me castigó. Mamá se enfadó, pero cuando le dije qué había pasado, fue a hablar con mi profe.

—Quizá la patada fue demasiado, Sophie, pero nunca debes dejar que nadie te obligue a hacer nada, sean de tu edad y menos, si son mayores. Yo aprendí a defenderme con artes marciales. ¿Tú haces deporte?

—Sí, juego al baloncesto. En el colegio hacen otras actividades. Podría apuntarme a artes marciales —dijo con una sonrisa.

—No es para atacar, sino para defenderte, eso que quede claro. Una chica debe poder decir que no.

—Me caes bien, Ruby. Me gusta que me digas las cosas. ¿Seguirás haciéndolo?

—Claro que sí. ¿Tienes móvil? —La niña asintió—. Te daré mi número y me llamas cuando quieras.

Se intercambiaron los números y Ruby la miró con ternura. En el fondo, por muy inteligente que fuera, no era más que una niña.

—Entonces, ¿me apruebas?

—Ya te había aprobado, solo con ver la cara de felicidad de mi hermano era suficiente. No soy tan Mini Villana como dicen. O bueno, solo un poco.

Ambas rieron y se levantaron para ir hacia la casa. Sophie la tomó de la mano y se le encogió un poco el corazón por su ternura. Ella se sentó con sus padres y Lorelai salió para tomarla del brazo y meterla en la cocina.

—¿Te hizo un tercer grado?

—No, ha sido muy tierna, en realidad.

—¿Una cerveza? ¿Limonada? —preguntó una mujer a la que le presentaron como Martha. Ella aceptó la limonada y Bella las llamó para que se sentaran junto a ella. Había dejado el portátil en un lado y parecía más tranquila.

—¿Se ha comportado Sophie? Charlie me dijo que te iba a evaluar.

—Ha sido un cielo. En realidad, quería saber qué estaba pasando. A veces hay que contar lo que se pueda a los niños, porque si no, piensan lo peor.

—Te doy la razón. Hago eso con mi hijo. Hemos sido mucho tiempo mi hijo y yo solos y siempre hablamos de todo.

—¿Qué tal llevas vivir con mi hermano?

—Ya sabes que lo quiero mucho, aunque es bastante maniático del orden, no como nosotros.

Las tres se echaron a reír. Bella asintió. —Siempre lo ha sido. Pero se acostumbrará.

—Sí, el otro día, que teníamos prisa, fue capaz de salir de casa sin fregar los platos. Eso sí, al volver, fue directo a la pila. Seguro que estuvo todo el día pensando en ello.

Volvieron a reír. Mack y Charlie estaban en el porche y se asomaron, pero volvieron a salir.

—Ni los Cresswell ni los Donovan somos perfectos, la verdad. Pero al menos nos queremos mucho —dijo tocándose la barriga.

—Eso es una de las cosas que primero noté —comentó Lorelai—, y mira que vengo de una familia que se quieren. Vosotros jugáis en otra liga.

—Mi familia es más bien… ¿aséptica? ¿Lejana? —suspiró Ruby—. Me cuesta creer que Charlie sea tan cariñoso.

—Ya te acostumbrarás, siempre ha sido el osito amoroso de la familia —dijo Bella—. De verdad, chicas, estamos emocionados y felices de recibiros en la familia. Y ver a mis hermanos tan enamorados, me llena el corazón.

Bella se limpió las lágrimas y las tres se abrazaron. Lorelai era sin duda más espontánea que ella, pero no se sintió forzada a hacerlo.

—Y eso que desde el susto estoy un poco insoportable. Llevo un ritmo algo ajetreado en el trabajo. Mi marido se está ganando el cielo. Supongo que debo bajarlo, pero me cuesta.

—No tienes que hacerlo todo seguido —dijo Lorelai—, me refiero a que puedes ir graduándolo, de forma que te sientas bien y no te estreses.

—Era la idea, pero me cuesta. Supongo que cuando nazca el bebé vendremos aquí un par de meses, mi madre me lo ha dejado caer. Solo espero que… que Richard siga aquí.

Bella apretó la mandíbula y Ruby le tomó de la mano, sin poder evitarlo. Ella le sonrió. —Las pérdidas son difíciles. Ya perdí a mi padre. No querría que volviera a pasar.

—Eso me dijo Charlie. Está muy unido a Richard, ¿verdad?

—Todos lo estamos, pero él más. Era muy crío cuando nuestro padre murió.

Sophie entró y ellas le sonrieron. Se sentó y les enseñó un dibujo. Era un esbozo de las tres, hablando y riendo.

—¡Es muy bueno! —exclamó Ruby.

—Gracias. Me gusta veros hablar. Yo también tendré amigas así cuando sea mayor. Para reír y llorar.

Bella la abrazó y se sentó junto a Lorelai. —¿Dónde está Fran?

—Con Jacob, dijo que quería aprender a dibujar. Eres una buena influencia para él.

—Dibuja muy bien. Ya aprenderá, es joven.

Se echaron a reír y continuaron hablando hasta que Charlie y Mack entraron. Se sentaron junto a sus chicas y la conversación siguió animada hasta que Leo, que estaba en el jardín, se asomó.

—No pienso hacer yo solo la barbacoa, que lo sepáis.

Salieron al jardín a ayudarlo y la comida fue mucho más agradable y distendida de lo que había pensado.

Sophie les preguntó si hacían hoguera nocturna, pero su madre dijo que no, así que Mack, Lorelai, Leo, Charlie y Ruby se fueron a La Sirena a tomar algo.

Jacob se quedó con Bella, incluso aunque ella insistió en que se fuera con sus hermanos.

Caminaron. La noche estaba más fresquita. Se acababa el verano y se notaba en que había menos gente y soplaba un ligero viento de la costa. Charlie pasó el brazo por los hombros de Ruby y ella se agarró a su cintura. Lorelai se puso a su lado.

—Hace poco tuvimos un mal rollo en el sitio donde vamos. Y encima lo de la tormenta, cuando se cayó una pared, fue muy fuerte.

—Ya la han reconstruido —dijo Leo—, lo he visto en redes.

—¿Qué pasó?

Lorelai le hizo un resumen mientras caminaban hacia el bar. Ella se quedó sorprendida por las peleas.

—Ese Bob es un indeseable. Algún día alguien le dará lo que se merece —dijo Leo enfadado.

—Son los típicos matones —comentó Ruby—, gente que solo quiere hacer mal porque sí. En cuanto le plantas cara, van a molestar a otro, lamentablemente.

—Y los hay en todas partes —dijo Lorelai.

Entraron en el pub. La pared que se había caído estaba sin pintar, pero el lugar seguía lleno. Ben se acercó a ellos. Tenía mala cara.

—Hola, chicos, ¿qué tal?

—Deduzco que Stella no te ha recibido bien —dijo Lorelai preocupada.

—No. Y me he cansado. No puedo hacer que yo le guste a ella, así que me largo por una temporada. Además, he tenido una oferta de trabajo. Después de la inauguración me iré un par de semanas.

—Lo siento, Ben —dijo Leo—, a veces no se tiene la misma suerte que estos dos.

Ben asintió y se fue con sus amigos a seguir tomando cerveza. Se colocaron en una mesa y Leo y Mack fueron a por bebidas. Entonces, entraron siete tipos, a cuál más siniestro. Se colocaron en uno de los lados de la barra, apoyados. Y miraron hacia el grupo.

—Esa gente tiene mala pinta —dijo Ruby. Charlie los miró de reojo y asintió. Le envió un mensaje a Ben que lo leyó enseguida y asintió. Luego, él se acercó a su hermano.

—Igual vienen a por Mack, Lorelai. Por lo que me habéis contado… si por él su agresor fue a la cárcel… Deberíamos llamar a la policía.

—Voy.

Ella hizo una corta llamada y le aseguraron que se pasarían a ver. Los tres volvieron a la mesa, serios y con las cervezas.

—Deberíamos irnos, Mack.

—Somos más. Está Ben y sus dos amigos, nosotros tres…

—Y yo, Mack. Te aseguro que estoy entrenada —dijo Ruby.

—Esperemos que no sea necesario —dijo Charlie—. Comportémonos de forma normal.

Al poco rato, apareció el sheriff con un ayudante y entraron a tomarse un agua. Él se acercó a la mesa y habló con ellos. Protestaron, pero acabaron marchándose. Respiraron aliviados. Luego, se acercó a ellos.

—Estaban de paso, pero no os fieis. No me han dado buena sensación. El juicio se celebra la semana que viene y eres el principal testigo, Mack.

—Pero no el único.

—Lo sé, pero esta gente, a saber. Y tampoco estoy seguro de que esté relacionado. Solo tened cuidado. Llamadme si pasa cualquier cosa. Me quedaré por la zona.

—Gracias, sheriff —dijo Mack serio.

—Deberíamos irnos —comentó Charlie. Ben se acercó y lo pusieron al corriente.

—Os acompañamos a vuestra casa, Mack, sin problema.

Se marcharon enseguida. De todas formas, tampoco les apetecía estar más tiempo en el bar. Leo, Charlie y Ruby se fueron caminando a casa y Ben escoltó a Mack y Lorelai a la suya.

Charlie se volvió hacia Leo. —Te pasa algo, tío. Cuéntame.

—Me quedo un poco atrás, así habláis.

Ruby se retrasó mientras ellos hablaban. No esperó a que le dijeran que no. Se notaba que su hermano, aunque era un poco capullo, tenía algo en la cabeza.