No era parte del guion (Familia Cresswell-Donovan 3) Capítulo 15. A veces, volver duele #2
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Capítulo 15. A veces, volver duele #2

Se mantuvieron en silencio, solo acompañados por la música hasta llegar a la casa. Leo se bajó deprisa y él miró a Ruby.

—Te pido perdón con antelación por mis hermanos y por todos, en general. Solo espero que… no te asustes.

—Ya los conozco, ¿recuerdas?

—Pero ahora vienes como mi… novia. ¿Puedo decir eso?

—Puedes. Eres demasiado para mí.

—¿Blando?

—No, qué va. Eres tierno. Y no… no estoy acostumbrada.

Unos golpes en la ventanilla los sacaron de la conversación.

—¿Vais a salir o qué? Tenemos que hacer la presentación oficial.

Charlie bufó. —Vale, Mini Villana. Vamos, Ruby, esconderé las llaves del coche para que no puedas huir.

Ella se echó a reír y salieron. Sophie dio la vuelta al coche y tendió la mano.

—Me presento oficialmente, Sophie Marie Donovan-Cresswell.

—Encantada, soy Ruby Smithson.

—¿Ruby viene de algún nombre?

—De mi abuela. Es una historia curiosa —dijo y a Sophie se le iluminó la cara y la tomó de la mano. Ella le guiñó el ojo a Charlie y entraron a la casa.

—Bienvenidos —dijo su madre abrazándolo. Luego, se dirigió a Ruby—, qué alegría, Ruby. Cuánto me alegro de que tengas una relación con Charlie. Es muy buen chico.

—Mamá…

—Lo sé, señora Donovan.

—Oh, por favor, Margot solo. Pasad, todos están en la cocina. ¿Qué le pasa a Leo?

—Ni idea. Creo que se le ha estropeado el coche. Se presentó esta mañana en casa.

—Bueno, que hable con su padre.

—¿Cómo van Richard y Bella?

—Richard… bueno, va. Y tu hermana está bastante impaciente. Lo cierto es que Jacob se está ganando el cielo. Se alegrarán de veros. Mack y Lorelai acuden luego a comer.

Entraron y Jacob se levantó para darle un abrazo. —Ya que estáis, me voy a pintar un rato.

—Ve, nos quedamos con tu esposa. Ya conoces a Ruby.

—Sí, me alegro de verte, vuelvo enseguida.

Se acercó a su hermana que estaba echada en el sofá con el rostro enfurruñado.

—Hola, Ruby, Charlie. Perdonad que no me levante, pero los médicos, incluido mi propio hermano, me lo han prohibido. Y me encuentro bien.

—Pues haz caso, no querrás que ese pequeñajo esté mal.

—No digas eso, Charlie, no está bien —dijo Ruby. Se sentó junto a ella—. ¿Qué tal estás tú?

—Harta de no poder moverme, la verdad. Es un infierno. Pero por él lo que fuera.

—¿Y no puedes usar el portátil?

—¿Veis, familia? Alguien que me entiende. ¡Claro que podría! Pero según ellos, me estresaría. Y estar sin hacer nada me pone de los nervios.

—Yo te lo traigo, Bella —dijo Sophie.

—Vamos, te presentaré a mi padrastro, imagino que estará en el porche.

Su madre asintió. Bella le guiñó el ojo y tomó a Ruby de la mano.

Al menos, la pequeñaja estaba tranquila.

Se acercaron y se le cayó el alma a los pies.

¿Dónde estaba ese hombre lleno de vitalidad?

Había perdido más peso desde la última vez y su color era ceniciento.

Además, llevaba un gotero conectado. Se le iluminó la cara al verlo.

—Charlie, Ruby, bienvenidos. Sentaos, por favor —dijo con voz suave. Ambos ocuparon las hamacas de al lado.

—Te veo bien, Richard —dijo Charlie. Ruby le tomó de la mano.

—Nunca se te ha dado bien mentir, hijo, pero bueno, sigo aquí. Hoy ha sido duro, pero según Mack, avanzamos en lugar de retroceder. ¿Cómo estáis vosotros… con todo ese lío?

—Es algo horrible, desde luego, pero nada que no podamos superar. Mi novia es una mujer muy fuerte —dijo sonriendo.

—¿Así que tu novia? ¿Ya es oficial?

—Lo es.

—No sé qué está pasando este verano, pero desde que Bella dijo que se casaba, habéis caído uno tras otro —soltó una suave risa, pero le dio la tos. Su madre salió con una bandeja con limonada. Le dio agua para él.

—Es verdad, primero Jacob y Bella, luego Mack y luego tú. Solo nos falta emparejar a Leo.

—No sé por qué, pero lo dudo —dijo Ruby—, eh, lo siento. No me parece el típico que busca pareja.

—Nunca se sabe —dijo Richard—, a veces los que más insisten en que no, es porque están deseándolo. ¿Qué tal la película?

—No es apta para niños, eso sí. Lo siento por Sophie. E incluso… puede que me sienta un poco cortado si la ves, mamá. Hay escenas sexuales, aunque son falsas, claro.

—Hijo, que he tenido cuatro hijos, pero sí, puede que me resultase incómodo. Cerraré los ojos cuando llegue ese momento.

—Gracias, de verdad que sí. No sabemos qué pasará. Creo que no falta mucho para terminar el rodaje y luego la edición, igual está terminada para Navidades, pero con el lío de las demandas, quizá cambien de opinión.

—Dan se ocupará de todo. Nos ha puesto discretamente al día y la verdad, cuando el FBI haga lo que tiene que hacer, no pararé hasta verlo en la cárcel —dijo duramente. Ruby tomó la mano de Charlie, sorprendida.

—Mi esposa es como una fiera leona —dijo Richard tendiéndole la mano. Ella suavizó el rostro y se la tomó—, pero sí, haremos algo, no ahora, por petición expresa de Dan. Se ve que es un caso mayor.

—Si es un caso grande, habrá más penas, quizá haya otra gente involucrada, que es lo que me temo —dijo su madre.

Ruby miró hacia la bahía y Charlie se levantó.

—Te voy a enseñar un poco la zona, nos da tiempo antes de comer.

—Id, el sitio es precioso.

Se levantaron y ella lo miró. Estaba muy serio.

—¿Qué te pasa, Charlie?

Él tragó saliva y no contestó. Caminaron hacia el muelle y se sentaron un rato. Seguía mirando al frente. Ella le tomó de la mano y se quedaron callados. Supuso que le estaba dando tiempo, era incapaz de hablar sin echarse a llorar, por mucho que lo disimulara antes.

—Es por Richard, ¿verdad?

Él asintió.

—Tu hermano ha dicho que va avanzando. Ya sabes que a veces se empeora antes de mejorar.

—Ojalá, Ruby. Perdona.

—No te preocupes. ¿No dicen que para lo bueno y para lo malo?

Él sonrió mirándola. —Yo también me casaría contigo.

—Joder, Charlie. No era eso, dame tiempo, no quiero sentirme… presionada, que bastante he tenido en mi casa. Acepto irme a vivir contigo, probar qué ocurre, cómo nos llevamos. Y ya está.

—Recibido. No te agobiaré con estos temas hasta dentro de unos ¿tres meses?

Ella bufó y él la tomó de la barbilla para besarla. Se abrazaron hasta que escucharon unos pasos artificialmente ruidosos.

—Hola. Quería hablar con tu novia, Charlie.

—Sophie, bonita, ¿para qué?

—Quiero asegurarme de alguna cosa. Porfa. Me voy a portar bien.

Charlie miró divertido a Ruby, que sonreía.

—Por mí bien.

—Os dejo entonces, voy a ver a Jacob. Sophie, compórtate.

—Soy un ángel —dijo ella poniendo cara de inocente. Él dudo y luego se marchó. Las vio sentarse las dos, su hermanita con el cuaderno y Ruby, tan tranquila. Se tendrían que arreglar entre ellas, claro.