Capítulo 15. A veces, volver duele
Charlie
Entró en la casa de Valeria de la mano de Ruby. Las dos charlaban con Dan, el abogado de la empresa de su madre y un tipo alto y cuadrado, rubio, con el pelo a cepillo. Se giró serio, hacia él y le tendió la mano. Ruby bufó.
—Charlie, este es Caleb.
—¿Qué tal? —dijo Charlie estrechándole la mano. Aunque él era alto, el hermano de Ruby le sacaba medio palmo.
—Espero que cuides bien de mi hermana pequeña, solo te digo eso.
—Es mi intención, pero tu hermana pequeña sabe cuidarse sola y no necesita a ningún tío que la proteja.
Entonces Caleb sonrió de oreja a oreja y se lanzó a dar un abrazo a Charlie, que se quedó con la boca abierta. —Respuesta correcta.
Ruby resopló y le dio un suave puñetazo a Caleb. Este se echó a reír.
—Además, mi hermana tiene el máximo nivel en jiu-jitsu, además de saber disparar e incluso tirar navajas con mucha puntería.
—¡Ruby! —exclamó Valeria—. ¿Eso es verdad?
Se encogió de hombros. —Iba para militar, sin más. No te asustes, eh —dijo a Charlie.
—No me asusto, me parece admirable. Me encanta… me pone —susurró al oído. Caleb carraspeó.
—Tomemos unas cervezas.
—Hemos visto un local al lado de la galería de Ben y Jacob —dijo Dan cuando todos se habían sentado—, paseamos por ahí hace para hablar y lo vi. Creo que nos vamos a instalar allí, ya hemos hecho una oferta.
—¿Para el restaurante? —preguntó Ruby emocionada.
—Sí, fue restaurante hace tiempo, pero se ve que el tipo que lo dirigía no lo supo llevar.
Por lo que, aunque tengamos que reformar, está medio montado.
Cuando… cuando lo tenga se lo diré a nuestros padres.
De momento, no lo haré. Todavía andan preguntándose qué es lo que haré fuera del ejército y por qué no me he dedicado a la política. Pero era su sueño, no el mío.
—Espera que te vean en alguna red social cocinando.
—Mis padres no ven redes. Pero sí, seguro que alguien se lo dice. Quizá agradecerían que se lo comentases antes, por empezar bien —dijo Ruby. Caleb asintió.
—Cuando me licencie iré a verlos. No solo para llevarme mis cosas, sino para decirles absolutamente todo, se lo tomen como se lo tomen. ¿Y tú?, ¿les vas a decir que sales con un Cresswell? Eso les alegraría.
—No creo —dijo Charlie—, soy uno de los pobres. Y además actor. Un mal partido definitivamente.
Se echaron a reír. Ruby se encogió de hombros.
—La verdad, me da bastante igual lo que opinen. Pero sí se lo diré. Cuando me apetezca.
—Habrá lío cuando salga todo a la luz. Se agitará todo —dijo Dan—, y ellos se removerán como animales heridos. Será una etapa complicada.
—O no —dijo Charlie—, si tengan lo que tengan son pruebas suficientes para hundirlos, imagino que no les quedarán fuerzas para joder a los demás. Debemos ser pacientes. Y dejar de hablar de esto, por favor. Ahora necesito saber anécdotas de Ruby cuando era pequeña.
—Ni te atrevas —dijo esta amenazando a su hermano. Él sonrió de lado.
—Si te digo la verdad, esta niña era un auténtico chicazo de pequeña. Imagínate con cuatro hermanos mayores.
—¡Era una superviviente! —protestó ella. Charlie la abrazó. Se habían sentado en unas cómodas butacas y picaban algo mientras charlaban.
—Una vez se le colgó la pelota al hermano que es dos años mayor que ella, Michael, y como este no se atrevía a subir a buscarla, lo hizo ella. Tenía solo seis años.
—Siete. Y me rompí el brazo. Michael dijo que había intentado que no subiera, pero en el fondo, lloriqueaba por su balón.
—Sí, pero papá le hubiera dado una tunda por dejarte subir. Nuestra madre solía estar fuera, formaba parte de una unidad de élite. En realidad, nunca supimos muy bien a qué se dedicaba. Paraba poco por casa, excepto en los últimos meses de embarazo.
—Puede que papá la embarazase para tenerla en casa —dijo de repente Ruby—. ¿No recuerdas que siempre se quedaba mirando la puerta cuando se iba?
—Sí, es verdad. Pero supongo que si mamá hacía algo importante…
—Mi madre trabajó mucho, sobre todo cuando mi padre murió. Se centró en la empresa de una forma exagerada. Mi hermana Bella tenía cuatro años más que yo, pero me atendía de una forma muy eficaz. Luego, cuando llegaba de trabajar era cariñosa, pero la echaba de menos. Por suerte, ha ido cambiando.
—Nuestra madre también, al menos está en casa. Solo que quizá sea tarde.
—Y hablando de tarde, deberíamos marcharnos —dijo Charlie—. Mañana quiero salir pronto de viaje. Si puede ser, acompañado.
Miró a Ruby que asintió. Se despidieron de todos con abrazos y se marcharon al coche.
—¿Tan pronto quieres salir? Te advierto que el fin de semana no me gusta madrugar.
Él soltó una carcajada. —Ni a mí, estamos a menos de una hora. Pero quería meterme en la cama contigo. Hace rato que tengo ganas de saborearte, Ruby. Y quizá probar eso que me dijiste de la ducha.
Ella sonrió. —Tienes razón, me lo debes, pero… soy alta y no dudo de que estés fuerte, Charlie… es algo complejo.
—Probaremos y si no, a la cama. O al sofá. O sobre la encimera. O en todas partes.
Ella se mordió el labio y asintió. Cuando llegaron a casa, dejó la bolsa por cualquier sitio y ambos se desnudaron el uno al otro hasta la ducha.
Charlie abrió el agua caliente mientras la besaba con demasiada necesidad.
Luego, se metieron dentro, el agua calentó todavía más sus cuerpos y él pudo saborear su piel.
Ruby besó su cuello acariciando sus anchos hombros y él se dejó. Ella lo miró sonriendo.
—¿Sabes? Cuando te vi en la escena del mueble, tuve que salir a tomar el aire. Estaba a punto del orgasmo y desde entonces, me has obsesionado.
—Mmm ¿así que te has obsesionado conmigo?
—Sí, hasta el punto de que quiero probar cosas —dijo ella agachándose. Él se apoyó en la pared, adivinando lo que iba a hacer—. Deseo meterla en mi boca.
Él jadeó y ella bajó lamiendo su vientre plano, acariciando sus caderas y sintió que su erección golpeaba su cuello, así que bajó por el muslo, sorteándola y mordisqueando su piel, él jadeaba y maldecía.
Ella se echó a reír mientras pasaba su dedo por el trasero de Charlie. Su boca rodeó su miembro y él gimió.
—¿Me vas a hacer sufrir más? Explotaré, Ruby. Te lo digo en serio.
—No me digas que no aguantas un poco de jugueteo, Charlie.
—Jooder —exclamó cuando ella se la metió entera en la boca. Cerró los ojos mientras subía y bajaba, pero la hizo parar.
—¿No quieres más?
—Te he prometido otra cosa —dijo levantándola. Sus dedos investigaron la humedad un buen rato y entonces le tocó a ella gemir—. Ven.
La cogió en brazos y la apoyó contra la pared. Ella se enroscó en su cadera. Bajó la mano para intentar metérsela sin éxito, y entonces a ella le dio la risa. Luego a él. La dejó en el suelo.
—¿Sabes qué? Vamos a la cama, yo no sé cómo hace la gente.
—Seguramente sus parejas son más pequeñas que yo. Más… manejables.
—O ellos más fuertes, joder.
Salieron entre risas de la ducha y se enrollaron en las toallas, entonces, sin avisarle, la cogió en brazos y la llevó hasta la cama. Él había perdido la toalla y poco le importó. La soltó con suavidad.
—No está mal, Charlie, tienes fuerza para cogerme en brazos.
—Y para pasar horas amándote, Ruby.
Se echó junto a ella.
—Eso suena muy bien.
—¿Horas?
—No, suena bien que me quieras hacer el amor, Charlie —dijo ella vuelta hacia él que pasó una mano por su cabello mojado para retirárselo de la cara.
—No es solo que quiera hacerte el amor, Ruby, es que quiero amarte si me lo permites.
—Yo…
—No es necesario que me ames todavía, solo que te abras a ello. Que podamos intentarlo, pero de verdad, con cariño y conviviendo. Y sé que es pronto y que puede que te asustes, pero me he enamorado de ti. No he podido evitarlo.
—Está bien, ¿quién se iba a negar a esos ojitos de cordero que pones?
Charlie se echó a reír y se lanzó a por sus labios. Y sí, le demostró que era capaz de estar horas amándola.
Al día siguiente se desperezó. Ella no estaba. Olió a café. Se levantó desnudo y fue hacia la habitación. Pero no estaba sola.
—¡Joder! ¡Tápate, tío! Te tengo muy visto, no es necesario.
—Leo, ¿qué haces aquí? —preguntó indeciso. Ruby le pasó una chaqueta. Tenía el ceño fruncido.
—Aquí el influencer ha entrado con una llave…
—Que mi hermano me dio. Por si acaso.
—Yo no te la di. Esa llave la tenía Bella.
—Ya, pero Jacob me la dio. Se me ha estropeado el coche y como sabía que ibas para los Hamptons me he pasado. Lo que no sabía que me encontraría a una sirena en pelotas.
—Eres un tipo muy imbécil. No te pareces a tu hermano.
—Eso dicen —dijo serio, pero luego retomó la compostura—. Al menos he traído croissants. Y mientras tu novia se ha vestido, he preparado café. La verdad es que si tu madre viera el sitio donde vives, le daría un ataque.
—Y tú te vas a callar la boca.
—A sus órdenes.
Se sentó con toda su cara en el sofá y Charlie, bufando, fue a vestirse. Ruby entró detrás.
—Lo siento, es un poco idiota a veces.
—¿A veces? No sé decirte. Si hubiéramos estado echando un polvo, ¿también se hubiera asomado?
—No, él no es así. Venga, desayunemos.
Salieron. Leo miraba por la ventana con una taza de café en la mano.
—Al menos tienes buenas vistas.
—No es nada comparable con tu casita de Miami.
—Ah, eso. La he vendido. O sea, está en una agencia para venderla. En realidad… bueno, da igual. ¿Os queda mucho? Me apetece ver cómo están Bella y el bebé.
—Sí, estamos enseguida, en que desayunemos.
Charlie miró a Leo. Estaba algo distraído y quizá algo más borde que siempre. Se metía con él y Ruby lo miraba mal. Recogió todo rápidamente y salieron a la calle. Leo se sentó atrás directamente y metieron las bolsas a su lado. Ruby miró a Charlie, que se encogió de hombros.
Encendió el coche y miró hacia atrás. Leo se había puesto las gafas de sol y estaba vuelto hacia la ventana.
—Hemos decidido terminar la película, a pesar de todo, quizá Lauren te llame.
—Vale.
—¿Qué te pasa? Tú no eres así —dijo Charlie mirándolo por el retrovisor.
—Tendrá mal de amores —dijo Ruby. Solo se escuchó un bufido por detrás. Ruby miró a su chico y él negó con la cabeza.