Capítulo 14. Vamos viendo…
Ruby
Por mucho que todos le decían que ella no era responsable, no podía evitar sentirse terriblemente culpable. ¿Y si le habían hecho algo a Carla? Ben le había dicho a Charlie que se acercaran a la galería de arte que llevaba con Jacob y hacia allí iban.
Él no la soltaba de la mano y, caminar junto a él, sus sonrisas amables a pesar del susto, sus palabras de cariño y apoyo para todos, le hacían preguntarse si…
si ella merecía alguien tan maravilloso.
Además, estaba deseando volver a meterse en la cama con él, sentir sus besos, su piel, sus caricias, a él por completo…
porque lo de esa mañana le había sabido a poco. Suspiró y él la miró.
—¿Estás bien?
—Sí y no. Sí, por estar contigo, pero lo demás apesta.
—Lo sé. Pero saldremos de esto y de todo lo que nos pongan por delante. Que… había pensado que…
—¿Qué?
—Que si querías ahorrarte el alquiler de la habitación… igual podríamos encontrar algo mejor para los dos. O venirte a mi cuchitril, claro.
—¿Me estás diciendo que vaya a vivir contigo? —preguntó ella sorprendida. Él asintió con una sonrisa.
—Mira mi hermano, llevan poco tiempo y ya van a vivir juntos. No veo por qué eso puede ser malo. Que si quieres podemos buscar un piso con dos habitaciones.
—Joder, Charlie, es una decisión enorme. Enorme y repentina. Acabamos de empezar a salir.
—Así nos conoceríamos mejor. Cada día, cada noche. Es como mejor se sabe si encajas con una persona, viviendo juntos.
—No, si tu lógica es aplastante —dijo ella y él le dio un rápido beso—. No he dicho que sí. Dame al menos algo de tiempo para pensarlo.
—Está bien —dijo mirando su reloj y echándose a reír al ver su cara—, tómate el tiempo que quieras, desde luego. Pero imagino que dormirás a menudo en mi cama y es muy poco práctico…
—Vale, lo capto. No me agobies. Estoy contigo y no me voy a ir. ¿No te basta eso?
Él se volvió hacia ella y la tomó de la cintura, más serio. —La verdad, acepto porque lo entiendo, pero bastarme no. Lo quiero todo contigo, Ruby. Todo.
Ella tragó saliva y asintió.
—Vamos, llegamos ya —dijo él tomándola de la mano.
La galería Double Art no estaba en una de las calles principales de Nueva York, pero sus amplios ventanales luminosos con perfiles metálicos negros llamaban mucho la atención.
El espacio era limpio y minimalista, con paredes blancas de donde colgaban los cuadros.
Había algo de movimiento de montaje cuando entraron. Ben se asomó.
—Charlie. Joder, qué lío.
—Ben, ella es Ruby.
—Sí, la he reconocido por las fotos. Pasad a mi despacho. He tenido que volver de Nueva Jersey a toda leche por lo de tu hermana. Jacob estaba bastante nervioso.
—Ya le han dado de alta, pero se van unos días a casa de mi madre.
—Eso me ha dicho. Bueno, el caso es que tengo buenas y malas noticias. ¿Un café?
Ruby observó al tipo. Alto, delgado, rubio y con una coleta algo despeinada. Llevaba una camiseta y vaqueros, manchados de trabajar. No era el típico dueño de la galería que solo manda a los demás y no se ensucia las manos.
Los hizo sentarse en un sofá y enchufó la cafetera. Se quitó su coleta y se la hizo de nuevo.
—Todo ha sido una locura.
—Por favor, Ben, cuéntanos.
—Sí, perdona —dijo echando el café en tres tazas que sirvió—. No tengo leche o azúcar.
—Está bien —dijo Charlie impaciente.
—Encontré a Carla, pero casi me arrestan, menuda movida. Veréis, estuve investigando a la chica del vídeo y no conseguía localizarla, así que tiré de contactos en Los Ángeles, pero me llevaron a Nueva Jersey. Y entonces, un tipo del FBI me llamó y me dijo que dejara de meter las narices.
—¿Del FBI?
—Sí. Incluso no debería decíroslo, pero esto es más gordo que lo de los abusos. Y hasta aquí llego.
—Sabes algo más.
—Es mejor que no lo comentemos. Y no hagáis nada, puede que demandar, eso sí, porque es lo normal.
Me llamó Daniel Marcos, el abogado de tu madre, lo conozco porque también lleva los asuntos de la galería.
Él también ha estado hablando con el FBI y ahora mismo están pensando cómo denunciar para no joder la investigación.
Pensaba llamaros hoy, pero con lo de tu hermana, todo se ha precipitado.
—¿Y entonces qué hacemos? —preguntó Ruby molesta.
—No digo que lo dejéis. Demandarlo está bien, incluso el vídeo de la hostia que te dio sería un buen punto para denunciarlo, pero no es lo mejor.
De momento sería difamación, pero si nos metemos en ese jardín, puede que se vaya de rositas.
El agente me aseguró que tenían mucha documentación.
De hecho, Carla y otras dos mujeres están escondidas como testigos protegidos.
Se plantearon decírtelo a ti, pero vieron que no tenías pruebas incriminatorias, no como ellas.
Y no solo de él. Hay algo gordo. Y por eso me han dicho que os convenza de no hacer nada por el momento.
—Joder —exclamó Ruby levantándose. Dejó la taza sobre la mesa y se frotó las sienes, pensando. Se volvió hacia Ben—. Quiero hablar con ese agente. Quiero saber que de verdad lo van a coger por los huevos.
—Imaginó que querrías. Él te llamará. Se llama Steve Farrel.
De verdad, es bueno tener un poco de paciencia y aguantar hasta que reúnan todas las pruebas.
De hecho, gracias a lo que han publicado sobre las personas del rodaje y otras de otros, les da pistas para saber a quién interrogar.
Además, con los Cresswell no se mete cualquiera.
Tu madre tiene dinero para aburrir y seguramente se lo gaste a gusto en hundirle hasta el pozo más oscuro.
—Está bien —dijo Ruby—. El problema son los periodistas… siguen ahí.
—Son pseudomedios, ninguno serio. Y puede que se le escapara que les iban a dar la exclusiva a los grandes, así que esos no os molestarán. Seguid trabajando y no hagáis caso. No leáis nada.
—Si no queda otra —dijo Charlie, entre molesto y esperanzado—, se lo diré a mis hermanos.
—Imagino que Dan visitará a tu madre. Él está al corriente. No os preocupéis, todo os irá bien a vosotros y a ese cabrón, todo le irá mal.
Aceptaron y Charlie le dio un abrazo a Ben. Salieron a la galería, llena de cajas y cuadros a medio descubrir —Gracias, tío. ¿Cómo está Stella?
—Intentaré acercarme a verla el fin de semana —dijo con un suspiro—, porque me ha dicho que no la llame. Solo me permite mandarle algún mensaje. Y con esto —dijo señalando la galería—, no he tenido mucho tiempo.
—Y además nosotros pidiéndote cosas. Te pagaremos tu tiempo, Ben.
—No seas idiota, Charlie, joder. Le debo mucho a Jacob. Más de lo que piensas. Estamos en contacto.
Volvieron a abrazarse y salieron en silencio de la galería. Charlie la miró de reojo. —¿Qué opinas?
—Que me jode dejarlo en pausa, pero si es para que se pudra en la cárcel, aceptaré estar calladita. ¿Volvemos al rodaje?
—No podemos comentar nada de esto.
—Lo sé. Pero sí quiero decirles que tenemos un abogado que lo va a demandar y que se pueden unir a esa demanda quizá por daños y perjuicios en el rodaje, por difamación… Y estar ahí, que es lo importante.
—Desde luego. El show debe continuar.
Ella sonrió con tristeza. Cuando volvieron al rodaje, Lauren había pedido algunas pizzas porque nadie del equipo se había querido marchar.
—¿Cómo está tu hermana?
—En principio, bien, pero tendrá que hacer reposo. Venimos con nuevas.
Se sentaron con los veintitantos del equipo y les explicaron que podían hacer una demanda conjunta. Lauren carraspeó.
—Bueno, es cierto que yo me fui de casa para trabajar, pero mi ex marido tenía a alguien y… no dejé a mis hijos abandonados.
—Yo sí consumí marihuana con veinte años —dijo el director—, tonterías de entonces. Nunca me condenaron. Pero que saquen cosas íntimas…
—Mi hermana no es hermanastra de su marido. Él es hijo de mi padrastro. No hay lazos de sangre, pero claro, queda muy bien esparcir odio por todas partes.
—Todos sabéis que tengo novia y ya era hora de publicarlo. Fui tonta por esconderlo. Pero ahora… debemos seguir con el rodaje —dijo Valeria. Clara había llegado para apoyarla y saludó a los demás—, hacer la película. Y olvidar el mundo de fuera. ¿Os parece?
Todos asintieron. Se prepararon para la siguiente escena una vez que terminaron de comer.
Era en un set donde había un despacho y Charlie debía llevar un traje de chaqueta muy elegante.
Pasó a maquillaje sin ponerse la camisa para no mancharla.
Se sentó y la miró con una sonrisa mientras ella sacaba las brochas.
—No me mires así o no me concentraré.
—Es que… estoy tenso y esta habitación tiene cerrojo.
—No, Charlie. En el trabajo, no. Seamos serios.
—Qué lástima. Está bien, seré bueno.
Ella se colocó frente a él extendiendo el maquillaje mientras la mano de Charlie se colocaba en su muslo. Ella lo miró mal, pero no la quitó. Su tacto ardía, y lo deseaba con fiereza, pero no debía, no era correcto.
Él subió la mano un poco más y se le escapó un jadeo, lo que hizo que él sonriera más amplio. Ella lo miró fingiendo estar enfadada.
—No. Me estás desconcentrando.
—¿Te has humedecido?
—Oh, por dios —dijo ella apartándose de él—. Lárgate y que pase Valeria.
Él salió con una sonrisa y le dio un suave beso en los labios. Pasó a vestuario mientras Valeria se acomodaba, mirándole y diría que aguantándose la risa.
—Así que… por fin.
—Por fin qué —contestó ella, aunque sabía a qué se refería.
—Por fin le has dicho que sí al bomboncito Cresswell.
—Supongo que sí. Ayer dormí en su casa.
Valeria aplaudió y Clara justo entró en ese momento. —Están juntos, ¿qué te dije?
—Se veía venir. Parece un buen tío.
—Lo es —dijo Ruby—, toda su familia, la verdad. A pesar de que… de que tienen dinero, son de lo más normal.
—Que todos los ricos no son malos, hay de todo —dijo Clara—. El dinero solo alimenta lo que ya tenemos en nosotros. Si es malo, pues eres un cabrón, sin más.
Ruby terminó de preparar a Valeria y salieron para ponerse detrás de las cámaras. Su hermano le había dicho si quedaban a cenar esa noche y le contestó que sí. Todavía no se lo había dicho a Charlie y no sabía si querría acompañarla. Seguía teniendo la sensación de ir demasiado deprisa.
Rodaron durante toda la tarde y aprovecharon la azotea para algunas tomas nocturnas. Ya, cerca de las ocho, recogieron todo.
—¿Vienes a mi casa? —preguntó Charlie cuando se cambiaron.
—He quedado con mi hermano a cenar…
—En mi casa —interrumpió Valeria—, nos reunimos en mi casa. Clara ha encargado sushi y hamburguesas. Venid los dos.
—Si tú quieres, voy —dijo Charlie. Ella asintió—. Y puesto que mañana no hay rodaje, iré a los Hamptons para ver a mi familia. Me gustaría que me acompañaras.
—¿Ir? O sea, a pasar el fin de semana. Dios, Charlie ¿no corres demasiado?
—Lo sé. Piénsatelo. Tengo una cama grande en mi habitación. O podemos ir a casa de Mack para tener más intimidad.
—Me estoy agobiando —dijo saliendo por la puerta de atrás. Charlie asintió un poco más serio de lo habitual. La llevó a su casa para cambiarse y dejar las cosas. Luego él fue a la suya y quedaron en que la recogería en media hora.
Se dio una ducha, pensativa. Estaba muerta de miedo. Los acontecimientos se precipitaban. Claro que le gustaba mucho, sentía algo… algo muy especial, pero conocer al resto de su familia… era demasiado formal. Ni siquiera sabía si estaba enamorada.
Salió de la ducha y se peinó un poco, se maquilló suave y se puso una camiseta y pantalones anchos, con sandalias. Estaba francamente nerviosa. Llamó a Caleb.
—Hola, ¿no nos vemos luego?
—Sí, ¿estás de camino?
—En el coche. Dan conduce. ¿Estás bien?
—Estoy muerta de miedo, hermano. Charlie quiere que vayamos este fin de semana a los Hamptons. Conocer a su familia.
—Son buena gente, de verdad —intervino Dan.
—¿Tienes el manos libres? ¡Caleb!
—No pasa nada, de todas formas, se lo contaría.
—No debes tener ningún problema con ellos, a menos de que tú estés insegura sobre lo que sientes por Charlie. Pero es un buen tío.
—Lo sé. Y sería imbécil si no lo viera. Es que creo que yo…
—Nunca te has enamorado. Me suena —dijo su hermano—, esos sentimientos que no hemos visto en casa, ese amor, esa alegría…
, y en cambio, hemos tenido disciplina y frialdad.
Es una pena que nuestros padres sean así…
tan… eficientes. Yo ya he dejado mi coraza, Dan me ha ayudado a perderla y empiezo a ser feliz de verdad.
Pregúntate, Ruby, ¿dentro de cinco años te ves con Charlie?
—Yo… pues sí, me veo con él. Joder. Qué listo eres, Caleb.
—No, yo no. Es lo que me dijo Dan cuando se declaró. Si me veía con él en ese tiempo y entonces supe que solo quería estar con él no solo cinco años, sino cinco décadas, para empezar.
—Ay, qué romántico eres, soldado —dijo Dan. Ruby aguantaba las ganas de llorar, emocionada por la relación de su hermano.
—Está bien, me has convencido. Es que me ha ofrecido vivir en su casa y tengo dudas.
—Sí que está pillado —dijo Dan riéndose—, conozco a la familia desde hace años y nunca he visto que haya llevado a alguien a su casa. Pasar por el filtro de Mini Villana es complicado.
—Eso parece.
—En resumen, Ruby, mi consejo como abogado es que lo intentes.
Si sale mal, siempre podéis ir cada uno por vuestro lado.
Pero… ¿y si sale bien? Si no lo intentas seguramente te arrepentirás toda la vida.
Yo me lancé con tu hermano incluso con la posibilidad que me diera una buena hostia, pero salió bien.
—Te quiero, Dan —dijo su hermano. Ella sonrió.
—Me habéis convencido.
—O ya estabas a punto. Nos vemos luego y le diré unas cuantas cosas a Charlie.
—No te atreverás.
—Soy tu hermano mayor. Chao.
Colgó y ella miró al móvil enfadada. Joder. El timbre sonó. Charlie la Venía a buscar. Metió cuatro cosas en una bolsa y bajó con ella. Él la miró y ella sonrió.
—He cambiado las sábanas —dijo él con un guiño. Se lo veía encantado. Le dio un suave beso y guardó la bolsa en el coche. Luego, se fueron hacia la casa de Valeria.
—Te advierto que mi hermano es… militar y… a veces es un poco capullo.
—Tranquila, tengo hermanos así. Lo dices porque igual me amenaza si te hago daño.
—Algo así —bufó Ruby.
—No me da miedo. Si vienes el fin de semana… seguramente Sophie te someterá a un tercer grado. Eso es mucho peor.
Ella se echó a reír y puso la mano sobre la de Charlie.
—Vamos viendo qué pasa, ¿de acuerdo?
—Me parece maravilloso —dijo dándole un beso en la mano.