No era parte del guion (Familia Cresswell-Donovan 3) Capítulo 13. Un gran susto
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Capítulo 13. Un gran susto

Charlie

Estaba jodido del todo. Aunque se cuidaba mucho, pidió una pizza. Y cuando al finalizar la noche se despertó con ella en sus brazos, pensó que lo había soñado. Acarició su rostro con suavidad. Ella protestó un poco. Miró la hora. Las seis. Tiempo suficiente para meterse debajo de su camiseta.

La mano se perdió en su cintura, y ella ronroneó, girándose para darle más acceso.

Los dedos de Ruby acariciaron su espalda y entonces, se desató.

Atrapó uno de sus pechos y por dios que necesitaba lamerlos, así que se incorporó y cogió la camiseta para romperla.

Ella gimió y su lengua atrapó sus pezones erectos, se puso sobre ella, sintiendo su cuerpo fibroso.

Ella lo atrajo para besarlo mientras notaba que su erección aumentaba cuando sus lenguas jugaron en la misma liga.

Bajó por su cuello, lamiendo, mordisqueando y siguió bajando, adorando cada parte de su cuerpo, buscando su humedad, haciéndola gemir. Sacó los dedos y los lamió. Eso la excitó todavía más.

—Charlie, tenemos que irnos, debemos… acabar —gimió ella que estaba a punto.

Él se bajó los pantalones. —¿Tomas algo?

—Sí, por favor, hazlo.

Lo estaba deseando y se introdujo en ella.

No cerró los ojos porque quería ver su rostro arrebolado y ella también lo miraba fijamente.

Se movió despacio al principio, maravillándose de que por fin se habían unido, pero al arquearse, supo que no iba a aguantar mucho, así que aumentó el ritmo y pronto ella gimió, dejándose llevar. Él no tardó mucho más.

Se colocó en su cuello, respirando trabajosamente y le dio un suave beso. Ella lo abrazó.

—Es mejor todavía de lo que pensaba, pero otro día más despacio —dijo él con una sonrisa—, me refiero a horas y horas de estar en la cama, probando cada centímetro de tu cuerpo.

—Diría que ya has probado una gran parte —comentó ella con una sonrisa.

—Necesito más. Dios, va a ser muy difícil tenerte ahí cerca.

—Eso es malo, Charlie. No es profesional —dijo ella tensándose. Lo apartó con suavidad—. O sea, no quiero afectar tu actuación. De verdad… yo…

—No es eso, amor —contestó él—, es que, en esta película, cuando pienso en ti, me pongo durísimo. Como en la escena de la cama.

Él sonrió y ella se volvió hacia él. —¿Pensabas en mí?

—Ya lo creo. ¿No has notado cómo me pones?

—Mmm. Vale. Entonces debería hacerte un tratamiento intensivo, nocturno, desde luego, para que no te afectase tanto durante el día.

—Tienes mucha razón, Ruby —dijo él pasando el dedo por su pezón, lo que hizo que se endureciera—, aunque no sé cuál de los dos lo desea más.

—Vamos por igual —sonrió ella—, y ahora a la ducha y a trabajar.

—Será mejor que te duches primero o si no, habrá que repetir el tratamiento.

—Tengo una fantasía sexual en la ducha, pero hasta ahora no he encontrado un tío tan fuerte como para levantarme. ¿Podrás tú?

—¿Te lo demuestro esta noche?

—Desde luego. Me voy a la ducha.

—Tienes toallas limpias en el armario.

Charlie se puso el pantalón y miró en la nevera. La verdad, no había mucho, pero preparó la cafetera y sacó unas galletas. Después de que desayunaron y se arreglaron, pasaron por el apartamento de ella para que se cambiara y cogiera el maletín y se dirigieron al rodaje.

Allí había algunos periodistas. Ruby llevaba una gorra, pero, aun así, les hicieron fotos. Al meterse dentro, Lauren salió deprisa.

—Pensé que no vendríais… qué lío.

—¿Qué ha pasado ahora?

—Además de esas noticias asquerosas, están sacando los temas más espinosos de cada persona del rodaje. Arthur se teme que vamos a tener que acabar ya. Hay una reunión en media hora. Desayunad si queréis, traje un bizcocho… quizá por el último día.

Los rostros del equipo eran de disgusto. Alguno miró mal a Ruby. Se metieron en la habitación de maquillaje y empezaron a revisar las publicaciones. Enseguida llegó Valeria.

—Son unos hijos de puta —exclamó. Tenía el rostro lloroso.

Charlie leyó asombrado la cantidad de mierdas que estaban publicando.

Del director, que había sido detenido por posesión de marihuana hace veinte años.

De Lauren, que había abandonado a su esposo e hijos para irse a vivir la aventura del cine.

De Valeria, que era lesbiana, dicho con mucho desprecio, y que ocultaba su amor, incluso hablaron de Clara.

De Charlie, no decían nada, pero sí de su hermana Bella que se había casado con su hermanastro, comentando que eran una familia incestuosa.

No daba crédito. Sonó su móvil. Su madre.

—Hijo, ¿estás bien?

—Esto es imposible. ¿Bella y Jacob?

—Tu hermana está muy enfadada, la han tenido que ingresar con un ataque de nervios. Jacob está con ella.

—¡Joder! ¿Están aquí?

—Sí, en la ciudad. Lo siento mucho por todos.

—Voy a verla.

—He avisado al equipo legal. Les haremos frente, no te preocupes.

—Me da igual lo que puedan decir de mí, pero joder, no puedo creer que…

—Tranquilo, cariño. Hablamos.

Colgaron y Charlie tragó saliva. Ruby lo miraba a punto de echarse a llorar de rabia.

—Voy a ver a mi hermana. Está ingresada.

—Lo siento tanto, es mi...

—No te atrevas a decir que es tu culpa. No lo es. La culpa es de esos malnacidos. Haremos frente común.

—Mi hermano me ha enviado un mensaje. Dan se pone también a ello.

Charlie salió apretando los puños, podría… podría golpear a alguien. Lauren se puso en el camino.

—Escucha, no les des lo que quieren. Buscan carnaza, violencia, respuestas.

—Voy a ver a mi hermana al hospital. Está embarazada. Joder.

—Sal por atrás, coge mi coche. Nosotros nos quedamos aquí y ya te diremos lo que vamos a hacer.

—¿Puedo ir contigo? Si… te parece —dijo Ruby.

—Sí, ven.

Se marcharon de la mano hacia la puerta trasera, fueron hacia el coche y al hospital. Por suerte, nadie sabía sobre esa salida y no había periodistas. Entraron preocupados y enseguida los llevaron a la habitación de Bella. Jacob estaba de pie, en la ventana y al entrar, se volvió agobiado.

—¡Charlie!

—¿Dónde está?

—Están haciéndole una ecografía.

—Lo siento, siento que os haya afectado —dijo dándole un abrazo.

—Esos hijos de puta lo pagarán —dijo—. No es tu responsabilidad.

—Ella es Ruby.

—Sí, te recuerdo —dijo mirándola—. ¿Estáis juntos?

—Sí —contestó Charlie. Jacob solo asintió.

A la media hora llegó Leo y también Mack y Lorelai. Se abrazaron y presentaron a Ruby, que se apartó un poco, pero Charlie la tomó de la mano.

—Mamá no ha venido porque Richard estaba muy afectado. Y Sophie no para de llorar.

—Lo estarán pasando mal.

La puerta se abrió y entraron a Bella en una silla de ruedas. Ella les sonrió débilmente.

—El pequeñín sigue bien, pero tengo que hacer reposo y tranquilizarme —dijo ella con un suspiro. Jacob la abrazó y todos fueron pasando.

—Ella es Ruby, estamos juntos —dijo Charlie cuando le tocó saludarla.

—Ya era hora —dijo Leo—, teníamos a este más mustio que un cactus.

Alguno sonrió. —Supongo que, si no encontraron nada de Charlie, porque es bastante decente —dijo Mack—, buscarían cualquier cosa algo distinta y os ha tocado a vosotros.

—Y han sacado cualquier cosa de los del rodaje, ¿no? —preguntó Lorelai mirando a Ruby. Ella asintió.

—La coprotagonista tiene novia y de momento no querían comentarlo, otros habían hecho cosas en su juventud… y bueno, ¿quién es perfecto en la vida?

—Seguramente Charlie —dijo Leo serio. No era una broma.

—No lo soy. Solo… ¡joder! Mamá me ha dicho que iba a poner al gabinete a trabajar.

—Y le sacaremos hasta el óscar a ese hijo de puta —dijo Bella. Jacob acarició su mano y ella sonrió—, está bien, no me alteraré, pero espero que se pudra en el infierno y ya no digo nada más.

Jacob resopló y le dio un suave beso. Leo lo miró. —¿Sabes algo de Ben? Él fue a buscar a esa tal Carla.

Ruby miró a Charlie que se encogió de hombros. —Todavía nada.

—Lo cierto es que el novio de mi hermano, que es abogado, va a buscar también a la mujer, esperemos que no le hayan hecho nada.

—Eso sería muy grave —dijo Charlie.

—¿Quién es el abogado?

—Dan… Dan Marcos creo que se apellida.

—¿Daniel Marcos? —preguntó Bella sorprendida—, joder, si pertenece al gabinete que nos lleva los temas legales de la empresa. Es un tío muy competente.

—¡Qué casualidad! —dijo Charlie—, y menos trabajo. Si lo llevan los mismos, será más rápido y eficaz.

—Voy a llamar a mamá para decirle que estamos bien y de paso hablar de esto. Anda, id a tomar un café. Mi marido se queda.

—Sí, jefa —dijo Leo con una sonrisa. Todos salieron de la habitación y fueron hacia la cafetería. Lo cierto es que les vendría bien. Mack y Lorelai habían llegado conduciendo y no habían desayunado.

Pidieron cafés y algo para picar y se sentaron alrededor de la mesa. Leo seguía mirando su móvil y Charlie se asomó a su pantalla mientras los demás iban a por la comida. Había una chica rubia posando delante de un plato de comida.

—¿Y esa chica?

—Ah, nada, un próximo trabajo, sin más. Ayer… quedé con ella. Me sorprendió cómo era.

—En buen o mal sentido.

—Todavía estoy intentando averiguarlo. ¿Y tú y la pelirroja? —preguntó mirándola cuando volvía del lavabo.

—Parece que sí, Leo. Parece que estamos juntos.

Ella llegó y se sentó junto a él mientras Mack y Lorelai traían las bandejas. Dejaron todo y cada uno tomó su café. Había algunos bollos para que picaran todos.

—Ruby, sabemos que es algo muy personal, pero puesto que ha afectado a nuestra hermana, te pediríamos que nos lo contaras —dijo Mack—, o al menos, lo que te sientas bien para contar.

—Lo entiendo, es justo —dijo ella seria. Charlie le tomó de la mano—. El caso es que no sé por qué ese tío está tan obsesionado con fastidiar mi carrera, pero es así.

Hablaron de todo lo que había sucedido, lo suyo, lo de la hija de Carla. Charlie no la soltó de la mano en ningún momento. Cuando acabó, Mack silbó. Pero fue Lorelai la más enfadada.

—Es un depredador sexual y hay que cortarle las pelotas.

Mack estuvo de acuerdo. La abrazó.

—Yo creo que lo primero es encontrar a Carla, ella dijo que tenía pistas y datos de otras personas afectadas —dijo Charlie.

—O bien mirar con quién se han ensañado. Seguramente esas personas estarán afectadas como nosotros —comentó Leo. Charlie le dio una palmada en la espalda.

—Bien pensado.

—Por supuesto, ¿qué te creías, que solo soy guapo?

Mack y él alzaron las cejas y Ruby cogió el móvil. —Voy a avisar a Dan, me dio su número y de paso le diré que vuestra hermana es su cliente.

—Ya lo habrá relacionado, pero dile lo que ha pensado Leo.

Ella tecleó mientras Charlie le preguntaba a Mack qué tal en su nuevo trabajo.

—Estoy aterrizando, pero tenemos previstas varias intervenciones graves a lo largo de la semana que viene. Lorelai está haciéndoles pruebas y entre los dos las estudiamos.

—¿Ya te has mudado? —preguntó Leo a la doctora.

—Estoy en ello.

—Según ella se está precipitando —bufó Mack—, pero si sabe que la quiero con locura y que me casaría mañana mismo, no sé por qué tiene dudas.

Leo y Charlie sonrieron y ella le dio una carantoña al antes llamado Doctor No.

—Bueno, el fin de semana me mudo, si todo va bien, así que no te quejes. Fran está emocionado, tiene una habitación enorme y un ordenador nuevo. Creo que se lo está ganando con regalitos que no…

—La pantalla del portátil estaba rota, reconoce que lo necesitará para hacer los trabajos de clase.

Ella suspiró. Ruby dejó el móvil y la miró. —Te entiendo. Te has estado buscando la vida todo el tiempo y cuesta dejar que alguien te ayude o te solucione las cosas. Me da que los hermanos son así y que, o los tomas o los dejas, dentro de un límite.

—Bien dicho —dijo Mack. Lorelai alzó los ojos, pero apoyó la cabeza en el hombro de su doctor.

—Pero sigo diciendo que, aunque sé que no es culpa mía, yo tengo una gran parte de responsabilidad. No digo que tuviera que ceder ante ese cabrón, pero tal vez no debí insultarle o decirle que podría destruir su carrera. Fue… un calentón y mira dónde hemos llegado.

—Tal vez averiguó que Carla estaba investigando —dijo Charlie.

—No lo sé.

Jacob se acercó con Bella en una silla de ruedas. —Le dan de alta a cambio de que se esté echada como poco cinco días sin moverse. Así que nos iremos a los Hamptons.

—Una buena idea, podré vigilarte —dijo Mack. Bella rodó los ojos, pero asintió. Todos se fueron marchando. Mack y Lorelai acompañarían a la pareja y Leo se fue porque dijo que tenía cosas que hacer, aunque el fin de semana iría a casa para verlos.

Charlie y Ruby se quedaron solos. —¿Qué hacemos?

—Haría muchas cosas contigo, pero ¿qué tal si llamo a Ben y vemos si tiene algo?

—Sí, ojalá.

—Entonces, vamos.