No era parte del guion (Familia Cresswell-Donovan 3) Capítulo 12. Es un sí
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Capítulo 12. Es un sí

Ruby

Aunque había intentado convencer a su hermano de que no apareciera por el rodaje, se montó en el coche igualmente y no se bajó, así que, con un resoplido, tuvo que aceptarlo.

Llegaron a los pequeños estudios que había alquilado la productora, donde tenían el decorado del dormitorio, una cocina y un despacho.

Ella había echado un ojo al guion, pero lo único que tenía en cuenta el plan que Lauren le pasaba cada día.

El director y guionista no era un tipo muy cuadriculado, improvisaba y cambiaba lo que le daba la gana, así que todos andaban a salto de mata.

Cuando llegaron, le dio una acreditación a Caleb y le pidió que se mantuviera tras las cámaras. Se lo presentó a Lauren y cuando llegó Valeria, le dio un abrazo.

—Quiero conocerlo, en serio —dijo su hermano poniendo las manos en sus hombros. Ella negó, casi a punto de llorar. Él acarició su cara—, no te cierres a la vida como he hecho yo desde siempre. No es nada bueno.

La abrazó y ella se apartó con una sonrisa. Temblaba cuando lo vio, ya con un café. Ni se había dado cuenta de que ya había llegado. Caleb siguió su mirada.

—Es él.

—Sí.

—La verdad es muy atractivo. Luego me lo presentas.

—Sí, ahora tengo que ir a trabajar. No molestes, ¿vale?

—Claro que no. ¿Con quién te crees que hablas?

Ella se fue hacia el camerino moviendo la cabeza. Valeria entró con una sonrisa.

—Hoy toca maquillaje de noche, si Valentine no ha cambiado nada.

—No, sigue adelante —contestó ella—. ¿Has hablado con él?

—No, eres la primera.

—Ah, ok. Venga, a darle entonces.

Se sentó y le hizo un maquillaje muy sofisticado. Ella iba a llevar un vestido azul, así que debía compensar los tonos fríos. Cuando acabó y se miró al espejo, sacó el móvil para hacerse una foto.

—Eres una genia, Ruby. A mi chica le va a encantar.

Cuando salió, entró Charlie. Estaba serio.

—Hola.

—¿Qué tal la boda?

—Muy bien, la verdad. Gracias —dijo Charlie. Carraspeó y Ruby lo miró. Notó que le quería decir algo, pero frunció el ceño y cerró los ojos.

—Quizá podamos hablar luego —comentó ella mientras extendía el maquillaje. Él no contestó.

Terminó de maquillarlo y dio un paso hacia atrás.

—¿Ya estoy?

—Sí.

—Gracias, Ruby.

—No me… has contestado.

—¿Para qué quieres hablar? Tú ya lo has decidido todo.

Se marchó fuera y se dirigió al set. Ella comenzó a recoger las brochas hasta la siguiente toma. Se colocó tras la cámara junto a Caleb.

—¿Has podido hablar?

—No. Está enfadado.

—¿Quieres que le diga algo? —preguntó su hermano serio.

—No saques tu vena de hermano mayor. No soy una cría y yo soluciono mis problemas.

—Atención, comenzamos a grabar. Silencio —dijo la chica de claqueta.

Se quedaron callados. Valeria se estaba poniendo unos pendientes, Charlie abrió la puerta, descamisado, con la corbata caída, el cabello revuelto. Se suponía que estaba bebido. Se acercó a ella.

—¿Cómo has entrado?

—Todavía conservo tu llave. No puedes irte, Susan. No puedes dejarme. Estoy enamorado de ti.

—Lo siento, sabes que tú y yo no somos compatibles. Es imposible.

Él la tomó de los hombros y la miró con tanto dolor que a Ruby se le encogió el corazón.

No escuchó nada más. Solo lo mucho que él expresaba.

Dos lagrimones cayeron cuando vio que él se rendía a perderla, que ella se iba de todas formas.

Y cuando el director avisó que cortaban, soltó el aire.

Charlie miró hacia ella, pero luego desvió la vista.

—Joder con ese tío. Es bueno. Y diría que…

—No dirías nada. Voy a arreglar el maquillaje. Tienen que tomar otros planos.

Valeria pasó para retocar un poco y luego él. No dijo nada. Solo se sentó. Las lágrimas habían movido algo.

—Charlie…

—No. Estoy concentrado, ahora no.

—Tienes razón, perdona.

Se marchó y siguieron con las otras tomas. Pasaron el resto del día y su hermano se fue convencido de que él estaba enamorado, pero se había negado a hablar con ella. Por fin, acabaron la jornada. Había sido muy intensa.

El director se acercó a los dos actores y llamó a todo el equipo. Ruby también fue.

—Es un placer trabajar con todos vosotros, en cuanto a esta pareja…, sois únicos. Lo que más siento es que, cuando la gente vea esta película, vais a tener directores esperándoos en la puerta y no volveréis a trabajar conmigo —dijo con una sonrisa.

Ellos también le correspondieron. —Nunca se sabe, Arthur —dijo Valeria—, pero he de reconocer que mi compañero ha estado sensacional. Casi he pensado en darle un buen beso y consolarle, aunque no creo que fuera yo la que le gustara.

Soltó una risita y se alejó con Ruby que la miraba mal.

—¿Por qué has dicho eso?

—No ha sido nada. ¿Le ha gustado a Caleb?

—Sí. Quería hablar con él, y yo, pero él se ha negado.

—Dale tiempo. Es un hombre sensible, yo creo que esta actuación, tan desesperado, le ha salido de muy adentro y puede que le haya tocado demasiado.

—Está bien.

Todos se fueron marchando a sus respectivas casas.

Ella, sin embargo, tomó una decisión. Se dio una ducha y se puso ropa ancha y una gorra, no quería que nadie pudiera reconocerla.

Caminó algunas manzanas y luego tomó el metro hasta casa de Charlie.

No sabía si estaba allí, pero si era así, hablaría con ella sí o sí.

Vio un colmado y compró un pack de cervezas frías.

No se decidía a entrar, cuando alguien salió del portal y ella se coló. Tal vez había sido una señal. Subió las escaleras y llamó a la puerta. Él abrió, vestido solo con un pantalón ancho.

—¿Ruby? ¿Qué haces aquí?

—He venido a hablar. Y como ahora no estás trabajando… Además, he traído cervezas.

Él suspiró y abrió la puerta para que pasase. Ella entró. Había una pizza empezada sobre la mesa.

—¿Me invitas?

—Tú misma, Ruby. No sé… qué quieres en realidad, si no es volverme loco.

Ella dejó las cervezas en la mesa. Se quitó la gorra.

—Lo siento, Charlie. Ni siquiera sé lo que yo quiero. Si quieres, me voy.

—No, quédate. Al menos tomaré cerveza fría. Mi nevera está dando los últimos coletazos.

—Estupendo. ¿De qué es la pizza? ¿Lleva piña?

—¡Qué sacrilegio es ese! ¿Piña? Debería echarte de casa —dijo medio sonriendo.

—Odio la piña en la pizza.

Abrió la cerveza y se sentó en el sofá. Él se puso a su lado. Sintió que necesitaba ir despacio. Charlie le ofreció un pedazo y ella lo tomó. Masticaron en silencio, bebieron cerveza sin decir nada. Solo estando.

—¿Quién era el que te acompañaba esta mañana? Parecías tener mucha confianza. O sea… si quieres decírmelo.

—Es mi hermano Caleb. Resulta que es otra bala perdida para mi familia, claro, como yo.

—¿Y eso?

Empezó a contarle su historia. Charlie la escuchó, cada vez más relajado. Compartieron otra cerveza, y una tercera. Él sacó unas galletas. Se hicieron las dos de la madrugada. Solo estando. Ninguno parecía querer algo más. Ella miró la hora.

—Tengo que irme, mañana madrugamos.

—Puedes quedarte a dormir. Es tarde. Te ofrezco mi cama. Dormiré en el sofá.

—No, podemos compartirla, si no te importa. O sea…

—Sí, está bien. Te dejaré una camiseta si quieres.

—Gracias.

Cuando se cambiaron y asearon, él se recostó y ella se colocó a su lado. Se giraron para mirarse de frente.

—No tengo ni idea de si sé hacerlo, Charlie.

—¿El qué no sabes?

—Estar con alguien. Tener una relación normal. Si… si aún estás interesado.

Él sonrió de lado. —Puede que sí. Pero Ruby, es que tener una relación normal no es nada del otro mundo. Es estar tomándose una pizza y hablando de todo un poco. No es que haya que hacer malabares, si no es en la cama, claro. La verdad, no querría mucho más.

—Y aun así… me das miedo. Eres demasiado… perfecto.

Él soltó una risita. —Lo dudo mucho. No soy nada perfecto. Si te refieres a mi cuerpo, al final todo se cae.

Le tocó el momento a Ruby de reírse. —No. Solo siendo tú, eres lo que cualquiera podría soñar. Eres amable, empático, inteligente, buena persona y sí, estás como un tren.  ¿De verdad te gustaría tener algo conmigo?

—No sé el motivo real por el que no valoras lo maravillosa que eres, pero si me dejas, puedo demostrártelo cada día. Darte las razones por las que te mereces que bese el suelo por donde pisas.

Ella se echó a reír. —Eso es de novelas románticas.

—He leído unas cuantas y visto pelis en cuanto supe que iba a hacer este papel.

Dicho esto… de verdad. Casi muero cuando te he visto con tu hermano, pensando que tal vez te había perdido.

Y lo que… expresé… me desahogué. Yo… no quiero perderte, pero si te vas a Los Ángeles…

, yo no puedo. Ahora necesito estar con mi familia, Ruby.

—Y lo respeto. Tal vez pueda retrasar irme. Además, está lo del indeseable. Quiero acabar con ese tema.

—Sí —dijo él. Levantó la mano y acarició su rostro con ternura—. Entonces… ¿eso es un sí?

—Es un sí.

La abrazó y la puso contra su pecho. Ella se refugió en él y sin hacer nada más, se quedaron dormidos, bien pegados el uno con el otro.